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Publicado el 15 Junio, 2017 por Aleida Cabrera en Cultura
 
 

Manuel Navarro Luna

¿Reposa la pluma inquieta?

Manuel Navarro Luna es, sin dudas, uno de los imprescindibles de la poesía cubana

Acerca de Manuel dijo Enrique José Varona, en 1927: “…a un poeta de verdad como usted, no le celebro los versos; los leo y los siento”.

Cuando Manuel Navarro Luna dejó de existir, se escuchaba su nombre una y otra vez, porque había consagrado la obra de sus últimos años a la Revolución. Fue uno de esos hombres de extracción humilde que desempeñó los más diversos oficios: barbero y como procurador público…, hasta que en 1915 se dio a conocer como poeta en revistas y otras publicaciones manzanilleras. Su obra fue creciendo en contenido por su activa participación social. Moral revolucionaria es un reflejo de ello. Siempre reflejó gran amor por su Patria y admiración hacia figuras destacadas en los procesos de transformación que se producían en el país. Una de sus principales guías fue José Martí.

Tras la muerte de su padre, Zacarías Navarro Pérez, capitán del ejército español, asesinado por apoyar la lucha independentista de Cuba, su madre, Doña Martina Luna lo llevó –junto a sus cuatro hermanos- para la ciudad de Manzanillo. Barrio de Oro fue el paraje donde se asentaron y donde encontró terreno fértil la imaginación de un niño que llegaría a ser una de las grandes figuras de la literatura cubana.

La belleza del entorno, junto a la heroicidad de su madre, templada, fuerte, ante la adversidad –tuvo que lavar, planchar y hasta coser para mantener a los pequeños- fueron forjando un carácter tierno y recio a la vez. De aquella mujer le llegaron las primeras letras y el arte de juntar palabras para decir lo que guardaba el corazón. Porque Doña Martina, maestra de sus hijos y demás niños de la comunidad, sacaba de las duras faenas que demandaban de ella mantener la casa, los momentos del milagro, de la luz, para enseñarlos. Surgió así la escuelita de Doña Martina, que el hijo entregó a la posteridad en las décimas de su elegía:En el barrio, la escuelita/era como una lección, /era como el corazón/de la heroica viejecita. Aquella luz infinita/que irradiaba su bondad, /¡con qué limpia claridad/iluminaba la escuela/donde enseñaba una abuela/una inefable verdad!

No asistió al bachillerato. La necesidad no le permitía ese “lujo”. Su tarea de cada semana era la de cargar los imponentes bultos de ropa que su mamá debía lavar y planchar. Luego volvía con las prendas de impecable limpieza, colocadas en tableros y ordenadas según los destinatarios. Su mejor escuela fue la penuria, que dejó plasmada de la siguiente manera: Hijo soy de una pobre planchadora/ que en un rincón de miserable estancia/ hubo de trabajar hora tras hora para poder alimentar mi infancia.

Hacia 1915 sus primeros versos aparecieron publicados en las páginas de las revistas provincianas: Penacho, Céfiro y Orto, por solo citar algunas. Ritmos Dolientes, que vio la luz en 1919 fue su primer libro de versos. Le siguieron Corazón Adentro, en 1920, y ocho años después aparecieron, Refugio y Surco. En este último había una serie de poemas inéditos que se habían recogido en Orto y varias revistas de La Habana.

El compromiso

Unido al Partido Comunista de Cuba desde 1930, Manuel Navarro Luna participó en actividades contra la dictadura machadista y el peligro nazi-fascista que amenazaba al mundo en aquellos tiempos. Formó parte del Comité de Auxilio del Pueblo Español en la segunda mitad de la década del treinta, y posteriormente trabajó, con una destacada labor, en la primera alcaldía comunista de Cuba encabezada por Paquito Rosales.

Durante el periodo en que gobernó Fulgencio Batista fue perseguido con saña de y se vio obligado a pasar a trabajar en la clandestinidad, sobre todo después del año 1956, cuando se recrudeció el crimen y la barbarie de la dictadura. Navarro Luna colaboró activamente con los grupos revolucionarios.

Facsimil de la publicación en la revista Bohemia

En él tuvo Cuba a un cronista de la época que le toco ser testigo del triunfo del Ejército Rebelde. Fue su pluma una de las principales armas para defender la causa del pueblo cubano. En esa época, su poema «Santiago de Cuba» le valió una persecución política que lo obligó a pasar a la clandestinidad. En 1959 hizo el poema A Camilo. Más tarde se incorporó a las Milicias Nacionales Revolucionarias. También escribió los trabajos titulados Desaparece barrio indigente… y Discriminación en Santa Clara publicados en Bohemia en el año 1961.

Participó en las acciones que condujeron a la victoria de Playa Girón y en la Limpia del Escambray, momentos que le inspiraron a escribir: “Cuba si, yanquis no” y “No a morir, sino a vivir”. También aportó sus trabajos a numerosas publicaciones nacionales como: Revista de Avance Letras, Social, Renacimiento, Unión, La Gaceta de Cuba, Verde Olivo, y Hoy. Muchos de sus textos aún prestigian las páginas de la revista BOHEMIA.

Con su salud tan quebrantada, que requería cuidados especiales, Navarro Luna mantenía su pluma activa y colaborando en distintas publicaciones. Lo hizo hasta el último aliento. El 15 de junio de 1966, próximo a cumplir los 72 años falleció. Se fue, físicamente, uno de los más fieles intelectuales cubanos; un poeta que, a pesar del tiempo, sigue ahí, junto a su pueblo, junto a los intelectuales de su tiempo y a los de etapas sucesivas.

Manuel Navarro Luna durante su existencia, se relacionó con personalidades nacionales y foráneas, con las que compartía su obra.

Foto:lajiribila

Ángel Augier, Mirta Aguirre, Blas Roca, Nicolás Guillén, M. Navarro Luna

Con Nicolás Guillén mantenía una gran amistad y expreso del bardo amigo: “ …es un poeta de cuya obra fluye la vida que se halló en los caminos de la Patria y que su poesía nos devuelve como la tibia leche de una ubre” .En la obra de Navarro Luna la Revolución fue un tema obligado, por su origen humilde, por lo que el poeta expreso:” “aunque los años pasen y amontonen los siglos, su voz resonará impetuosa. Marcará uno de los momentos más altos y más profundos de la lírica cubana”.

En 1928 Raúl Roa, lo sitúa “en el sitio que incuestionablemente le corresponde: en la cumbre.” Su libro Surco publicado en el año 1928 le mereció, a los veinticuatro años, el elogió de figuras tan brillantes como la de don Fernando Ortiz, quien señaló que “el poeta está en posesión de los motivos sustanciales, los recursos formales y los conceptos estéticos que marcan los derroteros del arte nuevo”, y Fernández Retamar, lo cataloga de “el ejemplo más patente de nuestro vanguardismo, con su pujanza y su ingenuidad”.

Foto:radio26

En la galeria de arte de Matanzas el 12 de febrero de 1964.

Sobre su libro Pulso y Onda de 1932, escritores de otros países expresaron: “en sus páginas se encuentra un bello movimiento y riqueza de expresión”, Henry Barbusse; en él Navarro Luna “afirma una vigorosa responsabilidad de hombre de su tiempo y se gana la simpatía de todos los intelectuales honestos de América”  ,expreso José Portogalo.

Rómulo Gallegos dijo del poeta: “Navarro Luna no es el ritmo lírico de una actitud sentimental a secas, ni el grito desbocado de honor que se refiere ante el drama sangrante de los demás, es sencillamente, el himno que se alza para denunciar la tragedia de las injusticias sociales en una belleza desesperada…”.

Otro destacado de las letras cubanas, Feliz Pita Rodríguez, declaró: “uno de los primeros entre los poetas de nuestra Revolución, en ver con entera claridad cuál había de ser el camino que se debía seguir, cuál era el único camino de la poesía que conducía sin rodeos hacia el futuro. Y por ese camino, que ahora es el nuestro, llegó hasta nosotros”.

José Forné Farrere público para la revista Verde Olivo:   ”con la muerte de Navarro Luna puede afirmarse que Cuba ha perdido uno de sus grandes corazones, una de sus más poderosas y fecundas inteligencias, una de sus más altas sensibilidades liricas…”

 

Su salud se había deteriorado significativamente por lo que empezó a requerir cuidados especiales; pero a pesar de ello, el poeta continuó ofreciendo charlas, conferencias, recitales y se mantuvo colaborando en distintas publicaciones cubanas hasta que se produjo su muerte, en la ciudad de La Habana.

El 15 de junio de 1966, próximo a cumplir los 72 años de edad. Perdió así físicamente el pueblo cubano a uno de sus más fieles poetas; pero el poeta sigue ahí junto a su pueblo.

Manuel Navarro Luna es, sin dudas,  uno de los imprescindibles de la poesía cubana.

(Fuentes: Ecured.cu,  crisol.cult.cu , bohemia.cu, colibridelmonte.blogspot.com,revista Verde Olivo)


Aleida Cabrera