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Publicado el 9 Junio, 2017 por Luis Toledo Sande en Cultura
 
 

COLOQUIO INTERNACIONAL

Sobre José Martí y el Caribe

Componente básico en el latinoamericanismo del héroe

Texto y foto: LUIS TOLEDO SANDE

Armando Hart Dávalos, director de la Oficina del Programa Martiano presidió la apertura del coloquio. Lo flanquean Paul Estrade y Ana Sánchez Collazo, directora del CEM. Bojórquez Urzaiz pronuncia su conferencia.

Armando Hart Dávalos, director de la Oficina del Programa Martiano presidió la apertura del coloquio. Lo flanquean Paul Estrade y Ana Sánchez Collazo, directora del CEM. Bojórquez Urzaiz pronuncia su conferencia.

El concepto nuestra América alcanzó en el pensamiento de José Martí una importancia y un abarcamiento de primer orden, y en esa medida merece y ha recibido atención sostenida. Pero acaso no siempre se aprecie plenamente la significación, como núcleo germinador, que en dicho concepto les corresponde a las Antillas.

Esa zona de nuestra América devendría punto de partida en el entendimiento y la amplitud de lo que, sin limitarse a las que Martí llamó “las islas dolorosas del mar”, se ha denominado el Caribe y se extiende incluso a territorios continentales. Es un topónimo que necesitó reivindicación contra los prejuicios con que el colonialismo europeo atribuyó a estos pueblos lindezas como el canibalismo y otras expresiones de lo salvaje.

A favorecer un mayor conocimiento sobre la relación entre la generalidad de nuestra América y las particularidades caribeñas dedicó el Centro de Estudios Martianos (CEM), este año, el coloquio internacional que desde hace lustros organiza para rendir homenaje al héroe en torno a cada conmemoración de su muerte en combate. El foro, titulado José Martí y el Caribe, sesionó en la propia institución del 17 al 19 de mayo.

En la conferencia inaugural, el profesor mexicano Carlos Bojórquez Urzaiz abordó un tramo de los inicios de lo más ostensiblemente caribeño en la trayectoria de Martí fuera de Cuba: su periplo por Yucatán en 1877. En la de clausura, el francés Paul Estrade volvió enriquecedoramente sobre los nexos entre el puertorriqueño Ramón Emeterio Betances y Martí.

La relación de Martí con otras tierras de la región –Guatemala, República Dominicana, Costa Rica, Jamaica–, o con el dominicano Máximo Gómez, el haitiano Anténor Firmin y el mexicano Salvador Díaz Mirón; así como la presencia del área en distintas zonas de su obra, dieron tema a varios paneles. En ellos intervinieron estudiosos de distintas partes de Cuba y de otros países. La riqueza de asuntos y la diversidad y significación de los estudiosos participantes haría muy difícil espigar nombres significativos sin incurrir en omisiones deplorables. Por fortuna es de esperar que se publiquen las memorias del encuentro.

Se sucedieron asimismo homenajes a estudiosos de Martí: a Juan Marinello, a propósito de los 40 años de su muerte, y Salvador Arias, con motivo de su reciente deceso. A presentar varias publicaciones se reservó también espacio: entre ellas el libro José Martí: los fundamentos de la democracia en América Latina, de Estrade, a cargo de Roberto Fernández Retamar.

Si bien el ensanchamiento nominal y cognoscitivo aportado por la expresión el Caribe es coherente con la visión de Martí sobre las Antillas y en general sobre nuestra América, aquellas mantuvieron una resonancia significativa en su pensamiento, en particular las de habla española. Ello se debió no solo a su tamaño –que proporcionalmente avalan su relevancia–, sino, sobre todo, al hecho de que dos de ellas, Cuba y Puerto Rico, todavía entonces colonias, eran centrales en su proyecto revolucionario. De alguna manera también pensaba en República Dominicana, por la fragilidad de su independencia.

Tal ubicación de las Antillas en su pensamiento respondía a las pretensiones que los Estados Unidos albergaban con respecto a ellas. Sabía, y lo ratificó en la víspera de su caída en combate, que era necesario lograr la independencia de las Antillas para que la emergente potencia imperialista no se apoderase de ellas y cayera con esa fuerza más sobre nuestra América toda, como un paso hacia el logro de la hegemonía mundial.

La historia le dio en su tiempo la razón al revolucionario fundador, y se la sigue dando hoy. Sobran razones para continuar estudiando su pensamiento en general, y en particular con respecto al Caribe.


Luis Toledo Sande

 
Luis Toledo Sande