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Publicado el 21 Junio, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO: Una velada por ellas

El humorismo urdido por mujeres es una de las invitaciones del Centro Promotor del Humor en la actual temporada
TEATRO: Una velada por ellas

Alusiones simbólicas insinúan problemáticas de la realidad contemporánea. (Foto: ISMAEL ALMEIDA).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

La parodia, la sátira y hasta el más exquisito choteo criollo hallan acomodo por estos días en el café teatro del Centro Cultural Bertold Brecht con el espectáculo La cita, una suerte de “guachineo alhambresco e intertextual”, como anota en el programa de mano Martha Luisa Hernández Cadenas, en el cual la mujer se repiensa desde el humor desasida del chiste contingente, chato o epidérmico.

La propuesta hilvana situaciones de la actualidad antillana que, con perspicacia y sentido crítico, conecta a referencias nacidas del cine, la literatura, el propio teatro, la religiosidad, en una amalgama de alusiones culturales; de manera que esta cita, encuentro, convite para el jaleo hilarante –como quiera que se le llame– vendría a ser un rara avis en el ámbito del humor para teatro en la Isla, casi siempre proclive a lo circunstancial, lo efímero, los localismos por encima de la universalidad temática, conceptual.

Andrea Doimeadiós y Venecia Feria, las talentosas actrices que dan vida al texto escrito por la primera, alternaron monólogos y sketchs a partir de siete estructuras dramáticas congruentemente concebidas, y en las que el Premio Nacional de Humorismo Osvaldo Doimeadiós volvió a marcar impronta en la dirección escénica.

Este artista es una presencia ya advertida en proyectos para la televisión, espectáculos musicales y piezas teatrales, algunas de su autoría como el recordado Aquicualquier@, reconocido en 2007 con el Premio Villanueva de la crítica que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Ahora, en La cita, los derroteros fueron alentadores y muy difíciles a la vez. Doimeadiós tuvo el espinoso cometido -con todo lo que ello entraña- de llevar a las tablas una obra de su propia hija y, además, dirigirla desapegado de su rol de progenitor y más afincado en el de líder de la puesta en escena.

TEATRO: Una velada por ellas.

Una crítica a la banalidad de cierto cine hollywoodense y sus traducciones fallidas. (Foto: JORGE VILLA).

Nadie es principiante en esta propuesta; incluso, aunque por primera vez llegó a escena un texto creado por Andrea Doimeadiós, ella ya venía incursionando en las lides de la escritura desde hacía algunos años, y en honor a su estirpe bebió y asumió con acierto el acervo de su padre como actor dramático sagaz, excepcional humorista y pedagogo. Al propio tiempo, ambos mostraron trazas, matices, de su trabajo junto a Carlos Díaz Alfonso, el director de la compañía El Público, adonde pertenecen.

Venecia Feria es una actriz excepcional con demostradas condiciones interpretativas, una vis cómica a toda prueba y muchísimas horas de vuelo en el ámbito del humorismo antillano. Desde hace años integra el grupo Etcétera y ha sido varias veces laureada en los festivales nacionales del humor. Muchos recordarán 120 enterabay, aquel memorable monólogo que tanta risa suscitó y conquistara el laurel de actuación femenina en el Aquelarre de 2012.

Todos, en un aluvión integrador y sugestivo se adueñaron del escenario y conquistaron las carcajadas del público, quien en medio del solaz, movilizó fibras sensibles para discurrir sobre la realidad nacional a partir de múltiples puentes e interconexiones tanto locales como foráneos.

En escena las actrices se visten y desvisten, y en un santiamén pasan de una caracterización a otra con tal agilidad que quienes se descoyuntan a pura risotada, pierden el resuello antes de alcanzar el sucesivo instante jocoso.

Son evidentes en el diseño de vestuario y escenográfico las congruencias con la estética de espectacularidad que caracteriza la creación escénica del Premio Nacional de Teatro 2016, Carlos Díaz.

Las insinuaciones sexuales, con frecuencia manejadas en el humorismo cubano, aquí destilaron sensualidad femenina sin acudir a la simpleza, la ordinariez o las expresiones peyorativas. En cada instante el montaje se alzó a modo de tributo a la cultura y la sabiduría en tanto fuente de energía esencial para el ser humano.

TEATRO: Una velada por ellas

Mucho del estilo de la compañía El Público se vio en el montaje. (Foto: YURIS NÓRIDO).

En un inusitado desfile de Chanel por el Paseo del Prado transitan criaturas muy singulares: actrices ofuscadas por subsistir en el mundillo de las lentejuelas y las bambalinas; señoras de la aristocracia colonial ungidas en el doble ser y existir; una libertina misionera de la palabra del Señor; una actriz de parloteo atropellado y aplastada por su fealdad que aspira a un papel de reparto; una escena trivial en una desatinada película americana, nada más y nada menos que doblada con el acento de los españoles; el encuentro insólito entre dos mitos del arte universal (Frida Kahlo y Marilyn Monroe).

Personajes tan caricaturescos como simbólicos, referentes de épocas y latitudes, que incitan a pensar riendo en serio el pasado y el presente cubanos aparecen en escena con un alcance ecuménico y fuerza extraordinaria. El espectador avezado y avisado devela sugerencias intertextuales relacionadas con Cirilo Villaverde, Julián del Casal, José Antonio Saco, Félix Varela, Fernando Ortiz, Vicente Revuelta, Silvio Rodríguez.

La cita es un espectáculo en el que las asociaciones sorprenden justamente por la coherencia y expresividad con que fueron esbozadas. Ahí existe espacio para todo y todos; si usted rio último siempre va a desternillarse mejor, aunque por esas pequeñas cosillas de la vida no haya entendido el chiste a la primera.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez