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Publicado el 9 Junio, 2017 por Liset García Rodríguez en Cultura
 
 

Tiempo de recordar

La novela que Hugo Chinea acaba de entregar a los lectores cubanos recorre un tiempo de la historia nacional poco abordado y que sin embargo merece más de una mirada

Por LISET GARCÍA

Hugo Chinea, acompañado por la jefa de redacción de la Capitán San Luis, a su izquierda, el diseñador Jorge Martell, y a su derecha, el ensayista Luis Toledo Sande, agradeció la oportunidad que le dio la editorial de ver su primera novela.

Hugo Chinea, acompañado por la jefa de redacción de la Capitán San Luis, a su izquierda, el diseñador Jorge Martell, y a su derecha, el ensayista Luis Toledo Sande, agradeció la oportunidad que le dio la editorial de ver su primera novela.

A disposición de los lectores –ojalá fueran muchos–, está Las trampas del tiempo, novela del narrador y periodista Hugo Chinea*, publicada por la Editorial Capitán San Luis. Presentada este jueves en la Sala Caracol de la UNEAC por el propio autor, y por el ensayista Luis Toledo Sande, este texto se suma a otros que con igual temática había escrito antes: Escambray’60 en 1969, y Contrabandidos en 1972, ambos de cuentos.

En esta, su primera novela, Hugo Chinea no esconde que tuvo entre sus objetivos ahondar en una epopeya poco conocida, pese a que un sinnúmero de sus protagonistas todavía pueden contar más de un testimonio acerca de lo que fue el bandidismo, contra el cual se enfrentaron milicianos, campesinos y sencillos pobladores de las serranías cubanas, para impedir el objetivo impuesto por el imperio del norte de destruir la Revolución.

Precisamente, en una búsqueda acuciosa de esas vivencias, el autor logró ensartar imágenes y tejer una historia partiendo de que él mismo fue protagonista de las batallas por desarticular las bandas contrarrevolucionarias que tantas vidas arrancó a principios de la década del 60.

Esas huellas que aún perduran allí, aparecen mezcladas con precisión casi fílmica en los ambientes, los personajes y en la sucesión de acontecimientos, que bien tomó el escritor de su mano para entregarlos en una obra que merece leerse como la buena novela que es.

Las trampas del tiempo será seguramente otro hito en la manera de narrar sucesos de la lucha contra bandidos, que en muchos sitios del país dejó marcas imborrables, extraordinarias, inolvidables, y sin embargo, quién sabe por qué se ha hablado y escrito muy poco de ellas.

En sus palabras de presentación, Toledo Sande aseguró que Chinea utilizó y disfrutó los recursos de la ficción narrativa, para trazar personajes que son seres humanos complejos. De ahí que vidas y hechos transcurren en situaciones propias de la guerra.

Tan real aparece esa guerra que podrá servir no solo para recordarla, sino para revivirla, un propósito que si los lectores cumplen, Hugo Chinea se daría por satisfecho.

El diseño y, en especial, la portada de la novela, merecen párrafo aparte. Jorge Martell, un maestro en ese difícil empeño artístico, logra atrapar la mirada de quienes fueron su obsesión mientras leía la novela y juntaba las piezas para acompañarla. El resultado es bien sugerente y funciona como él quería que fuera: “La cara de un libro es lo primero que el lector ve; por ella decide o no comprarlo y leerlo”. Con esta Martell llama e invita.

Sin dudas, como reza en la contraportada del libro “para no olvidar aquellos terribles años habrá que leer Las trampas del tiempo”.

*Doctor honoris causa de la Universidad Simón Bolívar de Colombia en 1985. Parte de su obra ha sido publicada en antologías cubanas y de otros países.

Ver también: De trampas tiempos y conductas


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez