3
Publicado el 8 Julio, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

CULTURA JAPONESA

Sonoridad y visualidad cautivantes

El Escuadrón Marítimo de Entrenamiento de Japón, este 7 de julio, a través de su conjunto de “Tambores Shouzuit” y de la “Banda de Música” dejó en La Habana en un concierto único, la estela de su arte que combinó lo tradicional con lo universal
Sonoridad y visualidad cautivantes.

Los potentes tambores sonaron, el 7 de julio de 2017, en La Habana, a cargo de 10 músicos integrantes del Escuadrón de Entrenamiento de las Fuerzas de Autodefensa del Estado de Japón.

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Fotos de YASSET LLERENA

La primera afirmación que una persona sostendrá al inquirírsele sobre su percepción de la música será: sonido. No obstante, esta innegable cualidad, es un tanto transformada si la música es apreciada “en vivo”. A lo sonoro se le añade lo visual, y algunas veces puede incluso superar el sentido auditivo al uno ser cautivado por el movimiento del intérprete.

El conjunto japonés de “Tambores Shouzuit” de la escuela del buque Kashima, de visita en La Habana, en una sincronización de relojería levantó hombros, codos, brazos y muñecas para llevar con su ejecución todos los truenos del cielo a una sala de conciertos. Más no fueron los únicos. La Banda de Música del Escuadrón de Entrenamiento, mediante un dinamismo inconcebible desde nuestro punto de vista occidental, se puso a bailar mientras tocaban ritmos latinos, lo cual no mermó su calidad interpretativa. La agrupación en su totalidad está compuesta por 30 miembros, 10 de los cuales son intérpretes de percusión;  del  tradicional Taiko.

Tambores japoneses

La percusión como manifestación artística de Japón es de larga data; del año 588. Con el correr del tiempo el Taiko se volvió indispensable en la Isla del Sol Naciente. Además de ser un espectáculo sonoro impresionante, que acelera el corazón, el deleite se transmite también a la vista pues cada uno de los músicos, de pie ante los enormes tambores, logran a través de un ejercicio sumamente fuerte, una cadena indescriptible de redobles. El folklore japonés nos remite a la diosa del Sol quien empezó a bailar sobre un barril de sake, colocado bocabajo. A partir de entonces, todo estaría relacionado. Y vaya que sí: en Japón, tal como lo experimenta esta reportera, una acción evoca y desencadena otra y otra, y otra…

En el Convento de San Francisco de Asís, este 7 de julio, de La Habana Vieja, o Antigua, las cubanas y los cubanos, y muchos turistas extranjeros, fuimos testigos de esa práctica secular ejecutada y “danzada” no por profesionales de la escena, sino por comunes ciudadanos, esta vez desde sus condiciones de marineros, lo cual no afectó en lo absoluto el lucimiento musical y danzario.

El uso del Taiko no se limita  al mundo de la música o al del entretenimiento. En el Japón feudal se utilizaba a menudo para motivar a las tropas, llamar a las órdenes o para entablar comunicaciones, además de establecer el ritmo de marcha. Sin embargo, en la capital de Cuba dio lugar, primero a la estupefacción y luego, al disfrute. Las piezas Yamabiko y Shoun llegaron como cataclismos y algunos hasta pensaron que, los terremotos tan comunes en el oriente del país se habían trasladado al litoral habanero. En un pestañeo de los ojos todo se aclaró: ¡Nada de pánico; es solo música! ¡Y qué sonido; ese que el primer hombre sobre la Tierra utilizó para alejar a las fieras o para atraer a la lluvia! ¡Y qué agitación corporal; el perpetuo y necesario movimiento para lograr las más insospechadas metas!

Sonoridad y visualidad cautivantes.

Hay estudios que aseguran que al 12 por ciento de la población total japonesa le agradan los ritmos latinoamericanos. La Banda de Música, de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón, lo corroboró.

Banda de música japonesa

La evidencia de que los prejuicios son muy dañinos, alerta. También deviene en confirmación. De no superarse esas aprensiones el ser humano puede dejar de disfrutar y de conocer a otros “semejantes” a partir de sus diferencias. Entonces, uno se siente feliz de tener amigos de cualquier confín del Planeta.

En un principio imaginamos marcialidad, y acordes ajenos. Pero el único concierto de la Banda Musical del escuadrón de Entrenamiento de Japón, de su Fuerza Marítima de Autodefensa, conducida bajo la batuta del Capitán Hashikawa Tetsuma, corrigió el error. La primera pieza interpretada fue la mundialmente famosa “Mambo Inn”. Tal vez muy pocos en el auditorio hayan recordado que esta obra la compuso el cubano Mario Bauzá (1911 – 1993), radicado en Nueva York. Y al margen de que fue popularizada por una banda estadounidense, lo cierto es que el ritmo es netamente cubano, latino.

A eso no pudieron sustraerse los músicos japoneses, tampoco lo quisieron, de manera que mientras tocaron, movieron piernas, brazos, torsos y hasta cabezas, con una cadencia imitativa de la nuestra. El mambo es un ritmo de raíces africanas, danzón para mayor precisión (aunque casi nadie lo perciba así, excepto los musicólogos y los enciclopedistas), y fue creado en 1938 por el músico cubano Orestes López. En esta pieza la trompeta juega un papel esencial. Este 7 de julio fue interpretada con mucha habilidad por el japonés, Tercer Oficial Teruhisa Hirayama.

Sonoridad y visualidad cautivantes.

La pieza musical Soy Piano nos remontó al rock que se hacía en Japón en 1980. La cantante Rie Kawamura combinó frases en español y japonés.

Luego vinieron “Bésame mucho”, y “Soy Piano”, esta última nos remontó al rock que se hacía en Japón en 1980. En La Habana la conocimos ahora por la cantante Rie Kawamura, también Tercer Oficial. Sin embargo, aun cuando tuvimos ese “oasis” melódico, en este encuentro primó la música latina, sobresaliendo el mambo con un popurrí de canciones, donde no podía faltar el insustituible ¡Qué rico mambo!, del compositor y pianista cubano, Dámaso Pérez Prado. Alegría, evoluciones corporales y rítmicas “contagiaron” a un auditorio asombrado.

El cierre estuvo muy bien pensado. Una “guantanamera, guajira guantanamera”, fue cantada en español como gesto de cortesía hacia el pueblo cubano, anfitrión de estos visitantes ya asiduos. Este concierto único lo demostró: la amistad también puede surgir a partir de una seducción peculiarísima. Una nacida de compartir los reflejos básicos de oír y ver, que al ser emplazados por la cultura hacen que la camaradería se instale en nosotros.

 

¿Cómo se hace un taiko?

Varias fuentes consultadas en Internet indican que los tambores taiko no son hechos con pedazos de madera pues se tallan del tronco macizo de un árbol centenario, concretamente de uno endémico de Japón de la especie Zelkova Serrata, también conocida como Zelkova japonesa. Los “cuerpos” de los grandes tambores pasan a un torno. Luego, los artesanos especializados, con al menos 10 años de experiencia, le dan el lijado final el cual tiene como principal objetivo destacar la bella veta de la madera. Después de esto es que se procede al pulido final. Una vez terminado este proceso, el tambor pasa a los talladores quienes se ocupan de labrar su interior con determinadas formas, cuya función es la de generar diferentes tipos de sonidos según el uso de cada uno. Está el Byou-uchi daiko, de parches clavados en el “cuerpo”. También tenemos al tambor Nagado-daiko, cuyo “cuerpo” abarrilado, o con forma de barril, puede medir de 40,64 cm por 50,8 cm, y los hay de hasta de 76,2 cm por 91,44 cm. Está asimismo el Odaiko de tres toneladas de peso, hecho de árboles en algunos casos milenarios. Se trata del tambor más grande de los taiko, algunos tienen tal dimensión que es imposible moverlos y por eso se les fija su “residencia” en un templo o santuario. Hay los que se tensan y se sujetan con un aro o cuerdas, llamados shime-daiko. Las preparaciones para el cuero y el proceso de estirarlo se consideran secreto de cada artesano. Los odaiko requieren la piel entera de un toro Holstein.

 

 

¿Cómo se toca el taiko?

Kata es el término usado para describir la postura y el movimiento asociado con la ejecución del taiko. Al tocarlo se debe mantener el cuerpo estable en el desempeño, lo cual se puede lograr con la siguiente postura de piernas: la rodilla izquierda doblada sobre los dedos del pie y manteniendo recta la pierna derecha. Es importante que las caderas se enfrenten al tambor mientras los hombros deben estar relajados. Algunos profesores y practicantes recalcan la importancia de la utilización integral del cuerpo humano durante la interpretación. Estos tambores japoneses se golpean con una baqueta llamada bachi.

 

 

“Salsa” a lo nipón

Hay estudios que aseguran que al 12 por ciento de la población total japonesa le agradan los ritmos latinoamericanos. El primer género musical de este tipo que llegó a la Isla nipona fue el tango en los años 20. Otro género que cautivó a Japón fue la rumba en 1935. Sin embargo, durante la Segunda Guerra mundial las sonoridades extranjeras fueron prohibidas. Esta medida fue quedando sin efecto, y ya para la etapa de recuperación económica, en los 50 del Siglo XX, la música latinoamericana cobra de nuevo auge. Hacia 1970 comienza a tener popularidad el género de la Salsa. La banda “Orquesta de la Luz”, fundada en 1990, ha sido su más alto exponente. Esta singular agrupación, que canta en español, ha dado conciertos en los Estados Unidos, América Latina y Europa. Fue nominada a los Grammy con su “Tropical Latin Album” y en 1993 las Naciones Unidas le otorgó la medalla de la Paz.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda