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Publicado el 24 Agosto, 2017 por Aleida Cabrera en Cultura
 
 

Benny Moré transpiraba cubanía

Su amplio registro para la interpretación, y su capacidad innata para la composición musical lo han colocado en la cúspide de la cultura cubana

Quien se ganó con su talento y extraordinarias dotes artísticas el apelativo de El Bárbaro del Ritmo, Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, el Benny, nació el 24 de agosto de 1919 en el barrio Pueblo Nuevo del poblado de Santa Isabel de las Lajas, en  Cienfuegos. Era descendiente de un rey congo, Ta Ramón Gundo Moré, primer monarca que tuvo el Casino de los Congos la cofradía fundada en el siglo XIX por un grupo de negros libertos, traídos del África Central y Occidental.

Allí el niño recibió una influencia determinante para su futura carrera como músico, con ellos  aprendió no solo  a tocar el insundi, los tambores de yuka, los de Makuta y Bembé, invocadores de deidades (Orishas), con los cuales cantaba y bailaba a la perfección, sino también a interpretar el son, la guaracha y la rumba.

Transcurrió su infancia y adolescencia sin oportunidad de estudio o de empleo fijo. La gran estrechez económica familiar no le representó un obstáculo a la madre  para que sus hijos aprendieran las primeras letras. Bartolomé fue matriculado en la Escuela de Instrucción Pública José de la Luz y Caballero, donde siempre se destacó por su disciplina y aplicación.

Desde los siete años se distinguió en las matemáticas y la lectura, y su letra fue una de las mejores de su clase. El nacimiento de otros hermanos menores lo obligó a  dejar la escuela al finalizar el cuarto grado, para ponerse a trabajar en el campo. Sin embargo no abandonó su afición por el canto y su amor por el repentismo. La voz potente y aguda del mulatito delgado, inquieto y vivaracho, era conocida a todo lo largo y ancho del humilde barrio de La Guinea.

A medida que fue creciendo, los primeros compañeros artísticos que tuvo le permitieron tocar el tres y la guitarra. Junto a ellos participó en serenatas, enamoró mujeres y se aficionó a los tragos de ron y aguardiente de caña. Sin abandonar su labor como carretillero en el Central Vertientes, integró el Conjunto Avance, y más tarde, organizó un trío con Cheo Casanova.

Bartolomé decidió emigrar hacia La Habana a mediados de 1936. Se vió obligado a vender frutos y hierbas medicinales por los portales del Mercado Único de La Habana para sustentarse. Luego de permanecer alrededor de seis meses en la capital retornó a Santa Isabel de las Lajas. Una vez más agobiado por las injusticias de un medio adverso y ante un horizonte incierto, el joven decidió probar de nuevpo su suerte en La Habana, y demostrar sus dotes artísticas.

Con casi veinte años de edad, se despidió de su madre y viajó escondido, indistintamente, en un tren y en un camión, a la Ciudad de La Habana. Antes de llegar a la capital se bajó en el pueblo de Catalina de Güines, y, sin conocerlo, se presentó al popular cocinero El Congo, creador de unas famosas butifarras e inspirador del conocido son Échale salsita, de Ignacio Piñeiro. El Congo, al verlo tan joven, flaco y hambriento, le dio de comer y le ofreció algún dinero para que pudiera seguir hasta La Habana.

Quiso probar fortuna en la bulliciosa ciudad. Desde entonces se le vió por el célebre barrio de Belén, con una guitarra comprada en una casa de empeños, deambulando por cafés, bares, hoteles, restaurantes, y hasta prostíbulos. Actuó para los turistas, en los muelles de La Habana Vieja. En esa época, en la emisora CMQ comenzó a radiarse la Corte Suprema del Arte, y decidió presentarse en aquel programa, pero “le tocaron la campana”. No se derrumbó, volvió y en esta segunda ocasión ganó el primer premio.

Después de su debut en la Emisora Mil Diez, en la que actuó con el septeto Cauto, las cosas mejoraron para él. Poseedor de una voz fresca, de hermoso timbre, sensual y evocadora, de campesino negro, seguía cantando con toda la fuerza interior que le reclamaban los ritmos cubanos. Para suerte de él y de la música nacional, un integrante del famoso Trío Matamoros, lo escuchó cantar en el bar del restaurante El Templete, de la Avenida del Puerto, y quedó muy impresionado por la voz y afinación del muchacho.

La entrada de Bartolomé al conjunto de Miguel Matamoros se puede considerar su verdadero debut como cantante profesional, pues con dicha agrupación tuvo por primera vez un trabajo estable como músico y realizó sus primeras grabaciones en discos de 78 revoluciones por minuto. Cuando escuchó por primera vez su voz grabada le causó a una rara impresión. Cuentan que se paseaba por todo el estudio de grabaciones con las manos sobre la cabeza, llorando y riendo como un niño. A partir de ese momento, la carrera como cantante se puede catalogar de vertiginosa. No solo tuvo un trabajo duradero, sino también realizó en ese mismo año 1945 su primer viaje a México, país en el que se consagraría como cantor popular.

En la capital mexicana se presentó con el Conjunto Matamoros en salones de baile, cabarets, teatros, y en varios programas de la radio emisora XEW, la renombrada “Catedral de la Radio de México”. Actuó además en los centros nocturnos Montparnasse y Río Rosa, allí fue su consagración como artista.

Al retornar a La Habana, decidió probar fortuna él solo en México. Al comunicarle su decisión a Miguel Matamoros, este  le respondió: «Está muy bien, pero tienes que cambiarte el nombre de Bartolo, que es muy feo. Con él no vas a ir a ninguna parte. Tiene usted razón le contestó Bartolo, desde hoy me llamaré Benny, sí, Benny Moré».

La entrada de Benny Moré en 1948 como primer cantante de la orquesta de Dámaso Pérez Prado, con la que grabó más de 60 discos entre ellos: Bonito y Sabroso, Mucho corazón, Pachito e´che, Ensalada de mambo, etcétera, resultó de suma importancia para su carrera.Una de las primeras presentaciones que efectuó en vivo con la famosa orquesta del Rey del mambo fue en 1949, en el espacioso Teatro Blanquita de Ciudad de México. Ya por esa época la voz de Benny era conocida en Panamá, Colombia, Brasil, Puerto Rico, Haití, Venezuela, y por supuesto Cuba.

La nostalgia por su familia, amigos,y el deseo de obtener laureles en su Isla, donde no se consideraba lo suficientemente reconocido, le hicieron regresar a su Lajas querida a finales del año 50. El sonero mayor se encontraba definitivamente en Cuba, había dejado atrás comodidades, satisfacciones materiales y espirituales, amigos y hasta los amores que no suelen faltarle a los famosos.

Actuó en Santiago de Cuba, en los programas “De fiesta con Bacardí“, que salía al aire por la Cadena oriental de radio con la orquesta de Mariano Mercerón, y los cantantes Fernando Álvarez y Pacho Alonso, en sus inicios como vocalistas, le hicieron el coro. Aquellas actuaciones le proporcionaron su primer triunfo en su patria y de ahí en adelante fue ascendiendo los peldaños de la fama. Como era artista exclusivo de la RCA Víctor, esta firma reclamó su presencia en La Habana para hacer distintas grabaciones, pero aún sin radicarse en la capital.

En 1952 Benny Moré regresó a La Habana, reclamado por el dueño de la Emisora radial RHC Cadena Azul. La urgente solicitud sería para popularizar el Ritmo batanga, ya que “solo el Benny podía con su hondo sentido musical asimilar y ensayar el nuevo ritmo“, creado por el pianista, arreglista y director de orquesta cubano Bebo Valdés. El ritmo batanga, no tuvo el éxito que se esperaba.

Fué contratado por la popular emisora Radio Progreso, y se hace acompañar por la orquesta de Ernesto Duarte. En estas transmisiones diarias en vivo y con público, era donde se podía palpar la genuina relación del artista con su pueblo. Aunque la asociación Benny–Duarte dio resultados positivos, pronto se vio afectada  hasta llegar a la ruptura. Se ha comentado que el motivo fundamental fueron prejuicios raciales por parte de Duarte.

En algún momento Benny se percató de que la orquesta estaba integrada solo por blancos, y que él no era avisado para la televisión, teatros, bailes y fiestas particulares, se dio cuenta de que no lo llevaban por ser negro. Entonces se quejó a la RCA Victor, cuya gerencia le dio toda la razón, mantuvo su parte en el contrato y reconoció que, entre los dos, la figura real que “vendía” era la de él. A partir de ese instante se fortaleció de nuevo su viejo anhelo de cantar con una orquesta propia que respondiera a sus intereses artísticos y  económicos.

Benny con su banda gigante.

Con su fama y el prestigio de su nombre, no le fue difícil agrupar en  1953, a algunos de los mejores instrumentistas del país, con el fin de formar su primera Banda Gigante. Por la excelente calidad de los músicos y los arreglos, desde el inicio el sonido de la orquesta fue impresionante y, como se decía entre músicos, “a lo macho”.

El esperado debut se produce el 3 de agosto de 1953, en el programa Cascabeles Candado, de la antigua CMQ Radio. La orquesta era de las calificadas como Jazz Band, pero interpretaba música cubana. Con ella cantaba sus boleros, guarachas, sones montunos, en su estilo único que lo sitúa en la cima de la popularidad.

Entre los años 1956 y 1957, realizó un periplo musical por varios países de América ,aclarando: “… yo voy, pero va mi orquesta…” y presionaba siempre para que “su tribu” lo acompañara.Fué adorado por su nobleza, simpatía, sencillez y desinterés. Alternó esta gira de varios meses con actuaciones en Cuba y presentaciones de radio, televisión, cabaret, bailes populares, etc.

Viajó a los Estados Unidos en 1957 y 1958 para presentarse en Los Ángeles y Nueva York. En Hollywood amenizó la ceremonia de entrega de los Premios Oscar. Ya por esos años, constituyó su segunda orquesta.

La salud del Bárbaro del Ritmo, como desde hacía tiempo era popularmente conocido en los medios artísticos y por el pueblo, se deterioró entre 1958 y 1962. Su médico y amigo, el doctor Luis Ruiz Fernández, le diagnosticó cirrosis hepática. El enfermo se cuidó de su dolencia y dejó de ingerir bebidas alcohólicas, pero no hizo el imprescindible reposo, sino todo lo contrario, incrementó su actividad musical. Era constante su presencia en bailes, cabarets, radio y televisión, y a pesar de su fortaleza física, cada día se quebrantaba más su organismo.

Aunque extenuado, no descansaba. T tenía tantos compromisos con su pueblo, que por esos años cobró fuerza el mito de su informalidad. Pero quienes lo conocieron bien, sabían que esas ausencias a las  presentaciones no fue lo más representativo de su fecunda vida artística. Muestra de ello es que estuvo ofreciendo lo mejor de su arte a la tierra que lo vio nacer, hasta los últimos días de su agitada existencia.

Su última actuación fue en el pueblo de Palmira,  el día 16 de febrero de 1963. Solo le quedaban pocas semanas de vida, aunque su espíritu batallador lo mantenía en pie. El médico decidió ingresarlo en el Hospital de Emergencias, donde se le administró plasmas, pero  cae en estado de coma. No se recuperó. Estuvo sin conocimiento hasta el martes 19 a las 9.15 en que murió a la temprana edad de cuarenta y tres años.

Sus restos fueron sepultados en su pueblo natal, Santa Isabel de las Lajas. Bartolomé Maximiliano Moré, el Benny, no fue un hombre perfecto, como ninguno lo es; fue bohemio, sincero, mujeriego, machista, sensual, tierno, violento, derrochador, pero sobre todo, un cubano auténtico.

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Aleida Cabrera

 
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