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Publicado el 29 Agosto, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Para dialogar y crecer

Obra de historiador y escritor cubano precisa más que una lectura apacible

Para dialogar y crecer .ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: CUBADEBATE

Cuba ¿fin de la historia?, de Ernesto Limia Díaz, es uno de esos libros que se leen de un tirón y casi en el umbral de las páginas finales son más las certezas probadas que las incertidumbres abrumadoras. En ello radica parte de la esencia de esta obra necesaria y cautivante, capaz de romper el molde anquilosado y parcial con que distintas generaciones han aprendido e intentado aprehender los sucesos históricos.

El autor, sin un mínimo de rodeos, logra seducir al más escaldado de los lectores, a partir de una síntesis apresurada –que no ligera– de algunos pasajes del devenir nacional, con sus penas y sus glorias; “porque la historia para él no es ejercicio académico, pasado muerto, pretexto para vacuas conmemoraciones, sino carne y sangre de un presente que estamos cada día construyendo”, ha escrito el poeta y ensayista Juan Nicolás Padrón en el texto La utilidad de la historia, que sirve de prólogo.

Jurista de profesión, Ernesto Limia Díaz (Bayamo, 1968) es especialista en análisis de la información, miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (Unhic) y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Cuenta con diplomados en Migraciones Internacionales y Economía. Desde hace algunos años, ejerce como articulista en publicaciones nacionales y ensayista sobre tópicos históricos y económicos en medios especializados.

Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural (Ediciones Boloña, 2012; Casa Editorial Verde Olivo, 2014) y Cuba Libre. La utopía secuestrada (Casa Editorial Verde Olivo, 2015) anteceden al volumen de cinco ensayos que nos ocupa, el cual en la brevedad de sus 104 páginas no desestima concreción y hondura en ideas que expresa con sencillez, riqueza y originalidad para contar, sin ser un cuento lo narrado.

Para dialogar y crecer .

Ernesto Limia Díaz insta en su obra a “poner la historia a dialogar con el presente, sin formalismos que tanto perjudican”.

Cultura y educación se vinculan en Cuba ¿fin de la historia?, en un enfoque integrador y humanista, como elementos definitorios en la gestación de los ideales independentistas de las cubanas y los cubanos desde los orígenes de la nación, y como arma imprescindible hoy para afrontar los desafíos de un escenario global, mediado y apremiado por el capitalismo neoliberal que pretende ser dueño de todo y de todos.

No es circunstancial que Limia Díaz dedique el capítulo inicial a la ingente labor pedagógica del presbítero Félix Varela; en tanto, de manera sagaz y sutil demuestra cuán desconocida es en la actualidad la obra y el legado de quien nos enseñó a pensar.

Como tampoco es casual que con precisión de orfebre encamine un análisis histórico despojado del aire triunfalista y, a veces, de difícil discernimiento con que se ha enseñado la historia, y desestime esa concepción de lugareño u “ombligo del mundo” que a destiempo todavía se advierte en la literatura dedicada a la temática.

Por el contrario, ofrece revelaciones sustentadas, enriquecidas, valoradas desde una interpretación de los acontecimientos de diferentes contextos geopolíticos y sobre ese criterio hilvana sucesos, fenómenos, expresiones culturales, artísticas, propias de nuestro entorno.

En los apartados finales se concede un espacio importante –sin restar concisión a los razonamientos– a los factores que propiciaron el descalabro del modelo socialista de Europa del Este; a la guerra simbólica, ideológica, mediática que, desde hace años, crece como pelota de nieve rodando pendiente abajo; incluso, a los mensajes velados y descubiertos del discurso fatuo y anodino de Barack Obama en La Habana, en marzo de 2016.

Cuba ¿fin de la historia? expone argumentos de una solidez demoledora, explicativos de la postura de un pueblo que se niega a regresar a ser esclavo, pero consciente de la complejidad de la batalla. “No basta escribir y publicar libros, hay que salir a dialogar con las ideas, repensar cada día cómo construir el consenso sobre la base de preservar la unidad nacional con la cultura como centro”, apunta el autor casi en las últimas líneas; en un acto de fe para crecer y conectar de dónde venimos y hacia dónde vamos, desde los sentimientos.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez