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Publicado el 11 Agosto, 2017 por Tania Chappi en Cultura
 
 

FOTOGRAFÍA

Tentador juego de luces y sombras

Detalles, planos generales, ángulos atrevidos, se dan la mano en una decena de piezas
Tentador juego de luces y sombras.

“No es posible ser fotógrafo sin apreciar la luz”, afirma quien de 2006 hasta la fecha ha participado en 30 exposiciones colectivas y presentando seis personales.

Por TANIA CHAPPI

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

En el salón Dodecaedro, de BOHEMIA, se inauguró recientemente la exposición Huellas del tiempo. Su autor, Yasset Llerena Alfonso, es un colega muy apreciado en la revista. Sin embargo, tuvo que realizar un largo periplo antes de sumarse a nuestra redacción.

“Tenía unos 16 años cuando, gracias a mi padre y a un amigo de la familia, por primera vez entré en un laboratorio fotográfico. Quedé prendado para siempre. Comencé a aprender de manera autodidacta. Al principio la fotografía se planteó para mí como la posibilidad de registrar acontecimientos sociales y familiares, pero fui descubriendo que era mucho más”.

Tras obtener el título de bachiller, estudió en la Escuela profesional de fotografía de La Habana. Luego, siguió aprendiendo, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, los secretos de apresar imágenes. “Los excelentes maestros que tuve allí me dieron las herramientas necesarias para abordar la fotografía con una mirada creativa, como arte. Y me enseñaron que ella sigue siendo una sola; la digital es solo la variante y evolución de la tradicional”.

Durante la década siguiente, Yasset Llerena pasó diversos cursos que ampliaron sus conocimientos sobre la práctica fotográfica y en general las artes visuales. Trabajó en un estudio en Guanabo, en la mencionada Escuela de fotografía y, como instructor, en el Palacio Central de Pioneros Ernesto Che Guevara. También ejerció la curaduría en una galería de arte; ello propició que incorporara a su obra nuevas expresiones y criterios; pudo “abordar de modo más artístico, profundo y conceptual la fotografía”.

Menudearon las exposiciones colectivas y personales. Pero faltaba un universo en el que siempre había querido incursionar. Y la oportunidad llegó en 2015, al matricular en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y convertirse en fotorreportero.

Tentador juego de luces y sombras.

Huellas del tiempo cautivó a todo el equipo de BOHEMIA.

-¿Cuáles son las características de un buen fotógrafo?

-En una fracción de segundo hay que pensar en elementos compositivos, diseño, expresión, exposición correcta. Estar entre la multitud, dentro de ese flujo cotidiano, y lograr imágenes que emocionen y conmocionen, requiere oficio. Decía el maestro Robert Kapa: “Si tus fotografías no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente, debes acercarte más”. La única manera de aproximarse al hecho –no solo físicamente, sino saber percibirlo y comunicarlo de manera eficiente, atractiva– es pasar inadvertido; o sea, no ser sorprendido al invadir el espacio de las personas.

“Por sobre todas las cosas debe dominar la materia esencial: la luz. Si el fotógrafo asume que ella le representa lo que el pincel para el pintor, puede lograrlo casi todo. Además, resulta imprescindible conocer los cánones de la fotografía clásica. Es notable la diferencia entre la obra de quienes la han realizado, o al menos estudiado –sus instantáneas suelen mostrar claroscuros, contraste, el color artísticamente tratado–, y aquellos que solo han aprendido la fotografía digital.

“Por suerte, tengo un modesto laboratorio para el revelado e impresión con métodos clásicos. Es engorroso conseguir los materiales; sin embargo, en el mundo hay una tendencia a retomar –sobre todo para la fotografía profesional– la producción y venta de materiales fotográficos tradicionales: película, papel y sustancias químicas”.

-¿Qué tipo de fotografía te gusta hacer?

-Me fascinan los rostros y la fotografía documental, la foto de calle como escena de escenas. Me agrada hacer trabajos de manera secuencial y titularlos. Por ejemplo, creé las series Esencias (muestra diferentes estados anímicos, en espacios íntimos, confidenciales) y Espacio interior (guarda una gran relación con la primera, aunque el escenario es más abierto).

-Hablemos sobre Huellas del tiempo.

-Forma parte de un proyecto expositivo concebido por la Sociedad Hijos de Lalín (un municipio de Galicia), a la cual pertenezco. Se trata de investigar y como resultado presentar cada año una o dos muestras fotográficas, hasta que La Habana arribe a su aniversario 500. El tema sería la presencia gallega en la ciudad, desde diferentes aristas: los oficios, la arquitectura, los comercios, las tradiciones; o sea, todo aquello que nos legara y todavía pervive.

“Lo presentado en BOHEMIA es parte de una muestra mayor, inaugurada en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Las imágenes son en blanco y negro, aunque tomadas digitalmente, bajo los preceptos de la fotografía clásica. El tema de Huellas del tiempo es el edificio, cómo se ha impuesto al paso del tiempo. La exposición permite ver desde planos generales hasta detalles; imágenes tomadas a plena luz del día, al amanecer y al atardecer, fotos nocturnas”.

Tentador juego de luces y sombras.

La impresión en blanco y negro contribuye a destacar, por encima de todo, el tema de la fotografía en cuestión.

-¿Por qué son en blanco y negro?

-Ochenta por ciento de mi producción es monocromática. No solo por la disponibilidad de materiales, sino porque traducir la luz espectral a tonos de grises es más complejo y a la vez más creativo; las tonalidades y el contraste funcionan como recursos expresivos y soporte del discurso. Es una manera muy sugerente de llevar al espectador hacia el asunto esencial de esas imágenes.

-¿Has sentido algún conflicto entre la fotografía de prensa y la artística?

-No. Ambas se complementan. El padre del fotoperiodismo, Henri Cartier-Bresson, aseveraba que pueden llevarse a la par. De acuerdo con mi propia experiencia, la fotografía periodística contribuye en gran medida a avezar el ojo, al enriquecimiento de esa vista peculiar que se precisa para registrar las imágenes en una fracción de segundo.

“A menudo una buena fotografía periodística se convierte en una obra artística. Por supuesto, el arte también aporta a la foto de prensa; entre otros elementos, la composición es esencial. Esas instantáneas deben contar las historias de manera clara y directa, pero a la vez tener una estética. Estoy seguro de que así lo seguiré aplicando. Y cuando ya no esté, las imágenes que he tomado quedarán y mostrarán lo que me ha impactado y tocado vivir”.


Tania Chappi

 
Tania Chappi