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Publicado el 23 Septiembre, 2017 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

El rostro negro de lo cubano

Inédita exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes Sin máscaras, arte afrocubano contemporáneo, en la que el crítico e investigador Orlando Hernández explora las múltiples huellas del África negra o subsahariana en las artes visuales de la Isla, con las nociones de memoria e identidad como guías de la curaduría
El rostro negro de lo cubano.

Numerosas personas han disfrutado, entre otras estéticas, la de Belkis Ayón y sus grandes grabados hechos mediante la técnica de la colagrafía.

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Fotos: YASSET LLERENA

Allí está, y aquí. Por doquier, todo mezclado. Somos consecuencia de una hibridación cultural, social, religiosa y étnica cuyos afluentes principales llegaron –aventureros unos, secuestrados los otros– de España y África.

Aunque lo cubano tiene un horcón de ébano fortísimo y la Revolución triunfante en 1959 se propuso y refrendó eliminar las discriminaciones, en la cuestión racial los esfuerzos de instituciones oficiales y el reconocimiento constitucional de derechos no han sido suficientes para barrer los siglos de opresión y menosprecio a los venidos del continente africano y sus descendientes, cuyas consecuencias no desaparecieron sino se solaparon e hicieron sutiles. Hoy, en la centuria XXI, cuando la Isla cambia formas de relación económica entre sus habitantes, se han acrecentado algunas expresiones discriminatorias.

El contexto añade un valor de pertinencia mayor a la gran exposición abierta hasta el dos de octubre en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Más de un centenar de obras de la autoría de 40 artistas –inscritos en varias generaciones y poéticas– reunió el crítico e investigador Orlando Hernández para exhibirlas en Sin máscaras, arte afrocubano contemporáneo. En ella explora las múltiples huellas del África negra o subsahariana en las artes visuales de la Isla, con las nociones de memoria e identidad como guías de la curaduría.

Las creaciones pertenecen a la colección iniciada en 2007 por el sudafricano, radicado en Londres, Chris von Christierson y su familia, promotores de la Watch Hill Foundation. Antes de llegar a La Habana se vieron dos versiones reducidas de la muestra en Johannesburgo (2010) y Vancouver (2014).

El rostro negro de lo cubano.

Von Christierson (izquierda) y Orlando Hernández armaron una colección para el conocimiento y el disfrute público. Al fondo, fragmento de una pintura de José Bedia.

Según Orlando Hernández, quien asesoró al coleccionista para que adquiriera 450 obras, dicha recopilación no tiene como objetivo la contemplación privada, sino fomentar el conocimiento y el disfrute públicos a través de exhibiciones, debates y publicaciones, haciendo énfasis en lugares multirraciales y multiculturales. Esta vez el profesor Robert Farris Thompson, de la Universidad de Yale, lideró en la Isla un ciclo de conferencias y conversatorios relacionados con el arte y los contenidos vinculados con la muestra.

“No es un tema muy visible en los últimos tiempos. Antes hubo períodos en que se tocó mucho, sobre todo en el siglo XIX y las décadas del 30 y el 40 del XX, aunque con una visión a veces idílica y romántica”, declaró el curador Hernández en exclusiva para BOHEMIA.

Un punto importante fueron los años 90, cuando se comenzaron a enfocar temas como el racismo, los estereotipos, sobre todo a partir de la exposición Queloides I (1997), que reunió a René Peña, Alexis Esquivel y Juan Roberto Diago, ahora también congregados en Sin máscaras

Christierson y Hernández recopilaron obras de inicios de los 60 del siglo pasado, entre ellas las de Wifredo Lam (1902-1982), creador pionero al mezclar lo afrocaribeño con estilos europeos.

Al respecto, continuó el especialista: “Con esos referentes, durante años seleccionamos piezas que problematizaran sobre la cuestión afrocubana, reflejaran asuntos familiares, de memoria, o representaran las religiones del palo monte, ifá, la santería o regla de osha, el espiritismo y la sociedad secreta abakuá. Debido a nuestra petición, algunos artistas que habían abandonado el tema lo retomaron. En otros, no se había notado que poseían un trabajo relacionado con lo afrocubano, a veces de manera irónica o humorística, como Reynerio Tamayo. Ha sido una labor de recuperación de obras, algunas perdidas dentro del arte cubano”.

El rostro negro de lo cubano.

Escultura Remember (Recuerda), del grupo creativo The Merger.

El resultado de la pesquisa viene siendo una representación amplia que incluye casi todas las técnicas de las artes visuales –según la tradición occidental moderna–, entre ellas la pintura de caballete y la matérica, la fotografía, el grabado, el audiovisual, la escultura, el dibujo, la instalación, la talla en madera y el trabajo con textiles.

No se incluyeron objetos ni vestuarios rituales, tampoco la danza y la música, de indiscutible relevancia en la cultura afrocubana. Los organizadores decidieron no trasladar al espacio de la galería estas expresiones para no correr el riesgo de despojarlas de su esencia, convertir en un espectáculo exótico lo que sin dudas es un acto trascendental en la vida de sus practicantes.

Para Jorge Fernández, director del MNBA, esta colección “no se enriquece solo desde el acontecimiento artístico, sino mediante la etnografía, la antropología y otras disciplinas de las Ciencias Sociales que hoy nos pueden ayudar a entender el arte como un suceso en perenne expansión”.

La muestra, desplegada en todas las salas transitorias del Edificio de Arte Cubano, incluye documentales de los realizadores Gloria Rolando y Eric Corvalán, así como instantáneas del valioso ensayo fotográfico ideado por Roberto Salas con imágenes capturadas en el pueblo habanero de Regla en septiembre de 1961, durante el cabildo realizado en homenaje a la deidad Yemayá.

Entre otros, integran Sin máscaras… obras de Ruperto Jay Matamoros, Gilberto de la Nuez, Julián González, Eduardo Roca (Choco), Bernardo Sarría, Santiago Rodríguez Olazábal, Ricardo Rodríguez Brey, Moisés Finalé, Marta María Pérez, Rubén Rodríguez, María M. Campos-Pons, Juan Carlos Alom, Manuel Arenas, Lázaro Saavedra, Elio Rodríguez, Andrés Montalván, Carlos Garaicoa, Oswaldo Castillo, Pedro Álvarez, Armando Mariño, Ibrahím Miranda, Rolando Vázquez, Alberto Casado, Alexandre Arrechea, Douglas Pérez, Frank Martínez, José A. Vincench, Yoan Capote y el grupo creativo The Merger, formado por Mario M. González, Niels Moleiro y Alain Pino.

Manuel Mendive es de los artistas más consistentes al tratar durante toda su carrera la herencia africana.

Como en toda exhibición con pretensión antológica –pues traza un mapa sobre la producción de más de medio siglo–, son heterogéneas las estéticas y calidades de lo expuesto. El espectador, frente a alguna obra, puede cuestionarse por qué se incluyó si parece tan alejada de la propuesta curatorial.

No obstante, Sin máscaras… es muy recomendable pues ilumina una zona del arte que permitirá reconocernos y reflexionar sobre ese otro rostro de lo cubano que se ha visto preterido, con sus conflictos y herencias.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama