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Publicado el 1 Septiembre, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

DISCOS

Fiesta en permanente evolución

Memoria y continuidad de Guillermo Rubalcaba, una figura inolvidable: uno de los mejores pianistas cubanos de todos los tiempos, nombre esencial en la supervivencia de la charanga tradicional, a la cual confirió sonoridad y estilo propios
Fiesta en permanente evolución.

Este fonograma perpetúa la valía de compositores e intérpretes de la sonoridad danzonera. (Foto: cubamusic.com).

Por SAHILY TABARES

La música es ilusión de intemporalidad, permanencia definitiva en la tradición, las almas, el gozo compartido. Guillermo Rubalcaba (1927- 2015), uno de los mejores pianistas cubanos de todos los tiempos, nombre esencial en la supervivencia de la charanga tradicional, a la cual confirió sonoridad y estilo propio, nos entregó el fonograma Danzones (Producciones Colibrí). Este es una joya exquisita, de elegancia, buen gusto, tenacidad, entre otras virtudes inherentes al artista, quien cultivó con esmero uno de los géneros nacidos en los años 70 del siglo XIX, y es raigal expresión de nuestra música popular, junto a la rumba y el son.

El DVD estuvo nominado a uno de los galardones en la reciente Feria Internacional Cubadisco. En lo que fue su último legado, Rubalcaba patentizó devoción y entrega al danzón, proclamado en 2013 como Patrimonio Cultural de la Nación.

De acuerdo con Alejo Carpentier, “a partir de 1910, puede decirse que todo elemento musical aprovechable pasa al danzón: boleros de moda, arias de ópera, ragtimes americanos, pregones callejeros y hasta melodías chinas”.

Oriundo de Pinar del Río, Guillermo González Camejo –conocido en el ámbito artístico como Guillermo Rubalcaba– escuchó música desde pequeño. El padre, Jacobo González Rubalcaba, tocaba trompeta y trombón, integraba la pléyade de valiosos músicos de esa región y fue el autor de El cadete constitucional, un danzón imperecedero.

Dicha atmósfera creativa, junto con el afán de superación, de otorgarle al género otro realce, más movimiento, nutrieron el desarrollo cultural de Guillermo y sus vínculos profesionales con figuras legendarias, entre ellas Enrique Jorrín, uno de los máximos exponentes del chachachá y, en consecuencia, nombre esencial en este álbum contentivo de 10 títulos y el bonus track Rompiendo la rutina, danzonete de Aniceto Díaz (1887-1964).

Buena compañía

En el fonograma Danzones se siente el espíritu de renovación de quien trajo antiguas páginas a la contemporaneidad; su necesidad comunicativa, magisterio y técnica musical nutren el magma de las esencias cultivadas por él. Para Rubalcaba era esencial llegar a la juventud, por ello realizó arreglos modernos, de manera que la charanga de sello inconfundible resplandeciera en el siglo XXI.

La impronta de un músico audaz, imaginativo, domina en este disco que perpetúa la valía de compositores e intérpretes de la sonoridad danzonera, al retomar obras clásicas: Virgen de Regla (1916), del contrabajista Pablo O’Farrill, y Masacre, de Silvio Contreras, cuyo texto rinde tributo a las víctimas de los atropellos realizados por la tiranía de Gerardo Machado durante la agonía del régimen en agosto de 1933.

Fiesta en permanente evolución.

El maestro Guillermo Rubalcaba forma parte de la historia de la música cubana. (Foto: cubasoyyo).

A Rubalcaba lo animó la revitalización de las orquestas de la década del 50; de tal empeño dan fe compositores que participan en este proyecto: Jorrín, autor de Silver Star, y el violinista Félix Reina, líder de la agrupación Estrellas Cubanas, con El niche. Ambas páginas danzoneras derivan hacia el chachachá.

De igual modo, a la estirpe de los grandes pertenece Orestes López, chelista, contrabajista, compositor, presente en el fonograma con tres piezas: Pueblo Nuevo, Centro de la Libertad de Güira de Melena y Cuando los años pasan, que recrea la canción As time goes by, del filme Casablanca. Ellas promueven una descarga sabrosa, incitadora al baile y a la escucha. En línea similar, La vie en rose, de Orlando Pérez, evoca la canción eternizada por la francesa Edith Piaf.

Motivos recurrentes en el DVD son las buenas compañías. Rubalcaba reunió a quienes son un as en el violín y probados en la estética danzonera: Wenceslao Rodríguez del Campo, Jorge Padilla Cortiñas e Ismael Arencibia Feria. Disfrutamos, asimismo, de Humberto Seijas en el contrabajo, Fidel Ortiz en las tumbadoras, Raúl Martínez en el güiro, Frank Droeshout en el segundo piano y Eduardo López, Boniatillo, en la paila.

Al interpretar El inquieto Joseíto, de su autoría, el maestro Rubalcaba da rienda suelta al estilo fresco, espontáneo, que lo caracterizó. Hace una demostración del modo cubano de improvisación, con énfasis en el sentido del tiempo y el silencio; son notables la coherencia que despliega en el rol de solista y la empatía mantenida con los miembros del colectivo.

No podía faltar su evocación a Rompiendo la rutina, primer danzonete compuesto por el matancero Aniceto Díaz, quien partiendo del danzón agregó un cantante y las innovaciones que incluyó el son en la música bailable de nuestro país; además, eliminó la figura rítmica del cinquillo procedente de la polirritmia africana.

Lamentamos que el diseño de cubierta no contiene una foto del maestro Guillermo Rubalcaba, de modo que los más jóvenes puedan identificarlo con sus contribuciones al patrimonio de la nación cubana. No olvidemos que cada elemento del disco constituye parte del todo de la obra artística, esta debe seducir por la imagen y el sonido, como producto cultural en concreción tangible del quehacer musical. Nunca perdamos de vista su incidencia en el mercado y que uno de los propósitos de la industria fonográfica nacional es convertirse en un rubro exportable al nivel del reconocimiento y la trascendencia internacional de los músicos cubanos.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares