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Publicado el 5 Septiembre, 2017 por Jose Dos Santos en Cultura
 
 

Reynier Mariño más allá del flamenco

Sensibilidad y voluntad se unieron en este artista de raíz profunda para hacer, de algo aparentemente ajeno, un sello propio, sin dejar lugar a dudas de que es cubano de corazón
Reynier Mariño más allá del flamenco.

Su grupo Fusión Flamenco.

Por JOSÉ DOS SANTOS L.

Fotos: Del autor y cortesía del entrevistado

A Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar les debe mucho Reynier Mariño Ramírez, de cuyo amor por Cuba y otras cualidades habla su obra dedicada al flamenco. Luego de años de vivir y trabajar con éxito en el extranjero, volvió a su barrio habanero de Santos Suárez, donde creció como hombre y como músico. Me atrajo el virtuosismo de su guitarra en la interpretación de ese género cuya sonoridad, su sabor y colores, hacen de él uno de los grandes.

Ahora supe por el propio Mariño que Paco de Lucía fue la inicial y decisiva influencia en el camino escogido y Sanlúcar le dio clases. Con ambos tuvo la dicha de trabajar en tiempos recientes durante su “etapa española”, por la cual, también, aprendió de otros gigantes como Tomatito y Gerardo Núñez. Ya en Cuba había sido alumno del maestro Leo Brouwer.

Reynier ha afirmado: “Soy un cubano flamenco”, aunque confiesa que desde pequeño a quienes oía era a Silvio y Pablo. En una entrevista dijo haber sido fanático también de Teresita Fernández, a la que considera la más grande cantautora infantil de todos los tiempos.

Los inicios

Cantar y tocar la guitarra fueron sus aspiraciones infantiles. Con los años, el instrumento de figura femenina y melodioso sonido ha sido el altar de sus ofrendas artísticas, a lo que ha sumado las dotes como compositor, profesor y líder de proyectos de variados formatos y vertientes.

Reynier Mariño más allá del flamenco.

Manuel y Edilma, sus padres, soporte más querido.

Del empeño familiar para que fuera deportista –practicó natación y judo– solo queda el recuerdo. Nació el 20 de septiembre de 1979. De aquellos primeros años ha mencionado cómo hizo una rudimentaria guitarra con un trozo de madera, dos clavos y una pita de pescar hasta que le compraron una de juguete a los siete años. Su primer instrumento de verdad se lo regaló el gran Ñico Rojas. Más tarde le llegó el piano por otra leyenda de la música cubana, Richard Egües. Ambos eran vecinos de su familia.

Su padre, Manuel, capitalino experto en planificación y estadística, y su madre, Edilma, cienfueguera hacendosa en costuras y otras artes manuales, fueron clave para el desarrollo de sus inclinaciones artísticas, que comenzaron a tomar forma desde las primeras clases en la Casa de Cultura de la Plaza Roja, del municipio de 10 de Octubre. Luego vendrían estudios en los conservatorios Manuel Saumell y Amadeo Roldán, y en el Centro de Superación Profesional Félix Varela. A estos se sumaron las enseñanzas de la maestra Leopoldina Núñez.

La familia, esa gran patria íntima que todos tenemos, también dio al arte una cantaora como Dianelys Mariño, tres años más joven que su hermano Reynier, y quien ya lleva 15 como una de las principales figuras del género en Canarias.

Y aunque el hermano comenzó por la guitarra clásica como todos los que en Cuba estudian música en centros educacionales, y hasta ganó en certámenes, una cinta de Paco de Lucía le marcó para siempre: Entre dos aguas, la mítica pieza que el de Algeciras llevó a su cima, condujo a Mariño al vasto océano del flamenco. Él ha dicho que “la guitarra flamenca la aprendí…, por sistema de acordes y números en vez de notas musicales… les he tenido que dar la razón a los gitanos porque ella se aprende en la calle, a la manera antigua y poco escolástica de ellos.  Si no es así, no suena flamenco”.

Graduado con título de oro en Cuba, había comenzado su carrera en 1995 junto al Ballet Nacional de Cuba, con el que recorrió diversos países, y luego con el Ballet Español de La Habana y la compañía de Lizst Alfonso, cuando empezaba, y a la cual –según afirma– “le debo tanto”. Ganó el Premio Nacional de Música de la Asociación Hermanos Saíz y fundó su agrupación en el año 2000… “proyecto que nació de la nada y sin muchas pretensiones”.

Ha hecho constar su orgullo de ser el único guitarrista, surgido después de 1980, que llenara durante un fin de semana la sala grande del Teatro Nacional de Cuba.

En extramuros

Con su inspirador, Paco de Lucía.

Experiencia similar tuvo al abarrotar el Teatro Guiniguada, en Las Palmas de Gran Canarias, donde residió durante una década desde 2006. De esa etapa guarda excelentes recuerdos de cómo la comunidad gitana le asumió como uno más –incluso tuvo un par de novias de esa minoría– y le ofrecía recitales en la playa de las canteras. En ese período estuvo en festivales y giras por otros países de Europa, Egipto, Túnez y Argelia.

De su decisión de residir en el extranjero dio razones en una entrevista. Como muchos artistas que han emigrado, emigran o simultanean residencia, buscó sortear limitaciones para desarrollar una carrera internacional relevante como “la falta de contactos en Internet, teléfono para llamar a cualquier parte del mundo en cualquier momento, rapidez en gestiones como las de comprar un pasaje en un instante y decir estaré en Holanda pasado mañana”.

De la tierra ibérica, en la que fue un “gitano cubano” reconocido como un igual en los tablaos, pasó a Montevideo, lugar donde le aprecian y hacen sentir como en casa. En ambos lugares dejó sembradas academias flamencas que llevan su nombre y mantienen vivas sus enseñanzas, las que ahora multiplica en su terruño natal a pesar de no disponer de mucho tiempo.

En 2010 Reynier recibió un premio por dirigir al mejor coro de niños con canciones de navidad, agrupación que creó como expresión de su vocación magisterial.

En otro momento, durante su residencia en otras tierras, afirmó: “Llevo años trabajando desde el mundo para Cuba, quisiera que fuese a la inversa” y parece que ese deseo se está cumpliendo ahora con creces. No pasa mucho tiempo sin aparecer en cartelera de primer nivel, anunciada por radio y/o televisión, lo que constituye solo una punta del iceberg de su actividad actual. Me confiesa que tiene un promedio de 10 a 11 conciertos semanales, que sumados a ensayos y compromisos como profesor, entre otras cosas, sorprende que haya tenido espacio en su agenda para BOHEMIA.

Reynier Mariño más allá del flamenco.

Con el cantaor flamenco Diego “El Cigala”.

Su carrera musical ha estado llena de desafíos, como el que se propuso en una ocasión hace pocos años, de preparar un concierto dedicado a Astor Piazzola, el creador del llamado Nuevo Tango, que muchos, incluso los jazzistas, aprecian de igual forma. Por entonces decía que le estaba costando muchísimo, pero –advertía un rasgo de su personalidad– “soy un luchador y lo lograré”.

Entonces expresaba un criterio vigente hoy: “Deseo hacer feliz a las personas y serlo yo a través de mi flamenco mezclado con son, rock, pop, punto cubano, jazz, melodías árabes, trova y música clásica”.

Lo actual

En busca de sus planes me habla de novedades como sus actuales colaboraciones con músicos de diversas orientaciones, entre ellos El Chacal y Waldo Mendoza, en línea con lo hecho antes con Omara Portuondo, Amaury Pérez, Adalberto Álvarez, Buena Fe, Buena Onda y Los Van Van. Con varios de ellos se ha presentado durante sus actuaciones en Cuba, en sus habituales visitas previas a su regreso definitivo.

Reynier Mariño más allá del flamenco.

Reynier Mariño.

Bayamo, Santiago de Cuba, Santa Clara, Cienfuegos y La Habana, por ejemplo, lo apreciaron hace un tiempo con invitados como Raúl Paz; Hansel Santos y Yohara Benito, de la Ópera de la Calle; Miguel Chávez, de la compañía Ecos; y Joe Ott Pons, un joven guitarrista clásico muy destacado. Con ese abanico artístico no caben dudas de que el propósito permanente de este creador, expandir el flamenco, marcha por buen camino.

Diáfano en sus empeños declara que “llegar a la audiencia no flamenca y encontrar a quienes les gusta mi forma de hacer ese género, es mi mayor éxito. Conozco guitarristas mejores que yo que no han logrado conectar con el público. La clave está en ser como eres y crear con libertad”.

Armoniza su intensa labor como invitado con sus propios proyectos, que toman forma desde conciertos a guitarra sola, a cuarteto, y otros formatos más amplios. Se siente cómodo con todos, y a todos entrega el máximo de su arte. Lo mismo interviene en conciertos de música clásica que de jazz con un trío conformado en su período canario.

Otro momento importante de su carrera fue el espectáculo Lorca en mí, presentado en gran parte del territorio español y otras naciones, incluida su Patria, pues como acotó en declaraciones “el público cubano es único, agradecido, culto, sincero, ese que espera que salgas del teatro para saludarte. Amo a Cuba y a mi pueblo por encima de todos los países del mundo”. Y cuando lo dice hay que pensar que ha trabajado en toda América, desde Canadá a Argentina, en Europa y África.

En una entrevista dijo que “en el camino aprendí a admirar más a la Revolución Cubana”. Y en otra afirmó: “Cuando yo estoy más de un año sin ir a Cuba me falta el aire. Cuba es el 50 por ciento de mis conversaciones, es mi vida; y su público, el más especial del planeta”.

Ese fervor por lo suyo le llevaba, durante sus sistemáticas visitas,  a promover iniciativas como la que tuvo lugar con el nombre de Flamenco en Verano, en la cual participó su hermana Dianelys, la compañía de danza española Alas, el trompetista Yasek Manzano, Raúl Torres y el trío Polaroid.

Con su grupo en el Jazz Café, de La Habana, en 2015.

Lorca en mí. La travesía de ida y vuelta, fue su primera gira nacional el pasado año, auspiciada por el Instituto Cubano de la Música (las anteriores las emprendió solo con el apoyo de autoridades locales de donde ha trabajado).

En esta etapa multiplicó enseñanzas apoyando la creación de centros en Camagüey y Ciego de Ávila, con nombre “Sangre gitana”. Mientras, se prepara para otros conciertos fuera de Cuba.

Hoy su labor discográfica está vinculada con Célula Music, y piensa ampliar lo logrado desde que saliera aquel fonograma de 2001, Alma gitana, con el cual mereció el Premio Nacional de Música de Concierto. Y que me hizo conocerle. Fue el primero grabado en Cuba dedicado al flamenco. A ese se sumaron otros sueños hechos sonidos como Oda a mi madre, Cuerdas poéticas, Celosías y Lorca en mí. Con estos, y los que vendrán, el mundo podrá conocer a ese músico de alma gitana pero gran corazón cubano conocido como Reynier Mariño.


Jose Dos Santos

 
Jose Dos Santos