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Publicado el 4 Octubre, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

El fiel pionero

Escritor cubano se acerca a la historia patria desde la vida de un hijo digno de la nación

El fiel pioneroROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Foto: trabajadores.cu

Descubrir en el corazón aquello que la vida reveló como certeza y, además, compartirlo con el prójimo es la virtud de los que se honran honrando; y precisamente desde la paráfrasis de la máxima martiana, Enio Leyva Fuentes, general de brigada de la reserva, reconoció cuánta riqueza historiográfica alberga El primer fidelista. René Rodríguez Cruz, el Flaco, del teniente coronel Oscar Ojeda Nerey y la Casa Editorial Verde Olivo.

Sin ambages y con la espontaneidad que caracterizara al protagonista de esta obra, el autor convida a un acercamiento emotivo, hondo, necesario, al ser humano sensible y llano que primero abrazó la ética de “vergüenza contra dinero” proclamada por el líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), Eduardo Chibás; y poco después, con larga luz de pensamiento cifró sus esperanzas redentoras en aquel joven abogado que sus denuedos y el tiempo convirtieron en símbolo de un país: Fidel Castro Ruz.

Licenciado en Ciencias Sociales, Ojeda Nerey cuenta en su currículo literario con los textos Artillero de cola (2001) y Maestro del aire (2010), ambos de corte biográfico como el volumen que nos ocupa, todos de extraordinario raudal testimonial y bibliográfico.

No obstante, el resultado de las indagaciones para este libro –que en el decurso fue apasionando cada vez más al investigador, según confesó en las notas A los lectores– solo constituye una aproximación inicial a posibles estudios ulteriores sobre la vida del revolucionario cardenense, temerario y entusiasta que sorteando riesgos de toda índole sufrió exilio, fue expedicionario del Granma, alternó diferentes acciones en la Sierra y el Llano, integró la columna No. 8 Ciro Redondo, al mando del Che en aquella aciaga, pero invicta y definitoria invasión de oriente a occidente.

Por la afición de Rodríguez Cruz a la fotografía, Fidel había concebido que fuera corresponsal de guerra y combatiente. Para tales fines, el sagaz joven matancero tenía una cámara de cine de 35 mm, con la cual hizo varias fotografías que documentan la estancia de los futuros expedicionarios en la tierra azteca. Pero, el valioso equipo fue ineludible empeñarlo para solventar menesteres relacionados con la causa revolucionaria.

En el sosiego de la lectura, mientras se advierte y devela la personalidad del Flaco, como afectuosamente lo apodaban sus compañeros, es posible cotejar pasajes gloriosos de nuestra historia que una vez aprehendidos han devenido claves determinantes para los éxitos futuros. Por ejemplo, la relación con México sostenida por varios próceres cubanos (José Martí, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras) a partir de similares propósitos y en distintos momentos de las gestas patrias. Igualmente, la obra establece nexos entre sucesos de la guerra de independencia en la etapa colonial y la lucha insurreccional en el período republicano.

Uno de ellos es la alusión a la frase de Carlos Manuel de Céspedes: “Doce hombres bastan para liberar a Cuba”, que el líder histórico de la Revolución Cubana alegó en el reencuentro de Cinco Palmas, el 19 de diciembre de 1956, para convencer de su irrenunciable fe en el triunfo.

Tras la campaña de Las Villas, el 1º de enero de 1959, y poco antes de partir a acometer la orden de Fidel de avanzar hacia occidente para lograr la rendición de otros enclaves de la fuerza enemiga, el Flaco, también Julio en la clandestinidad, fue ascendido por el Che de capitán a comandante, el más alto grado del Ejército Rebelde.

Al triunfo de la Revolución, René Rodríguez Cruz desempeñó múltiples responsabilidades en distintas instituciones del Estado y el Gobierno, entre las más sobresalientes se encuentran la Sección Fílmica del Departamento de Instrucción de las FAR, el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular y la presidencia del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.

Con apenas 59 de años, el 15 de octubre de 1990, la muerte lo sorprendió, todavía en plenitud de facultades intelectuales y físicas, e inmerso en tareas asignadas por la máxima dirección del país.

El volumen que Oscar Ojeda Nerey pone a disposición de los seguidores de la historiografía nacional, aporta argumentos contundentes para legitimar la tesis del general de ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los consejos de Estado y de Ministros: “René es el primer fidelista que existió en Cuba”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez