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Publicado el 31 Octubre, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

PENSAMIENTO

Incentivar la crítica y el debate

De una plataforma martiana se nutre Apuntes en torno a la guerra cultural, del intelectual Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura
Incentivar la crítica y el debate.

Junto al ministro de Cultura (al centro), presentaron el volumen su prologuista, Ernesto Limia, y David Deutschmann, director de Ocean Sur.

Por SAHILY TABARES  

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Oportuno e imprescindible, este volumen requiere un estudio sistemático; recorre de manera acuciosa temáticas sobre la defensa del legado intelectual, de nuestra identidad, del capital ideológico que sustenta los cambios en un mundo neoliberal, la resistencia de las vanguardias política y artística, las conquistas de la Revolución Cubana.

Presentado por su prologuista, Ernesto Limia Díaz, en la habanera Casa del Alba Cultural, el volumen de 307 páginas, que publica Ocean Sur una editorial latinoamericana, reúne presentaciones de libros, artículos, conferencias, realizados por Abel Prieto, quien analiza desde diferentes ángulos la guerra cultural y simbólica, la cual en Cuba se remonta a los inicios de su génesis como nación, y hoy tiene alcance global.

Al hacer uso de la palabra, el titular de la cultura cubana dijo: “Cuando se lee el libro de un tirón nos damos cuenta de obsesiones que nos acompañan toda la vida”.

Hizo referencia a escritos inspirados en Roberto Fernández Retamar, Enrique Núñez Rodríguez, Cintio Vitier, Alejandro Castro Espín y Miguel Barnet. Algunas de estas personalidades estaban presentes en el encuentro, al que acudieron también Graziella Pogolotti y Fernando González, uno de nuestros Cinco Héroes.

La memoria imprescindible

El diseño de cubierta, de Gillén García Ureta, realza el valor simbólico del libro.

De la voz del escritor fluyen vivencias, ideas, pensamientos, juicios interpretativos, que él privilegia en el libro dedicado a Fidel y Raúl, símbolos de lucha, resistencia, emancipación.

La tenaz contemporaneidad de Martí –según descubre–, sus instintos anticolonialistas, antimperialistas, de raíz latinoamericana, emergen del conjunto ensayístico en el que el autor reconoce huellas, revelaciones, vínculos culturales entre acontecimientos y procesos ocurridos a lo largo de 30 años.

De forma coloquial, certera, trata el papel social del artista y del arte en la Revolución, los aportes de la cultura al ser humanista que reclama el socialismo.

En el artículo La cigarra y la hormiga: un remake al final del milenio, advierte: “El dogmático ignorante no se disfraza con la bandera yanqui, como el obtuso y frívolo ‘colonizado’, y habla en nombre del ‘pueblo trabajador’, pero corre el riesgo de ser ‘anexado’ culturalmente por el Imperio, y de reunirse con apátridas, marginales y yancófilos en el círculo del Infierno que Dante imaginó para los anexionistas. Y es que el ‘problema ideológico’ más grave que se nos presenta con relación a la cultura es –precisamente– la falta de cultura”.

No escapa a su mirada sagaz que una obra no es comprensible sino en contexto. A propósito de una edición de La Gaceta, de la Uneac, dedicada a los años 60, aprecia, entre otros contenidos, el ensayo El largo año del 68, de Fernando Martínez Heredia. “Explica de un modo muy brillante y con un gran poder de síntesis, el marco internacional y nacional de los años 60, el marco sin el cual no pueden explicarse los choques, bandazos, contradicciones, avances y retrocesos de la década. En ese contexto, bajo amenazas, acoso, presiones y ataques, en las peores condiciones imaginables, es que hay que analizar todos esos procesos. Claro, para que la gente analice las cosas así, dialécticamente, como dirían los clásicos, escuchando a personas como Fernando y Graziella, argumentos como los de Fernando y Graziella, hace falta debatir más. Esto es algo en lo que ellos dos han insistido mucho para mirar el pasado y para mirar el presente y el futuro. Los 60 son, sin ninguna duda, una inspiración para el debate que necesitamos”.

Batallas por delante

Incentivar la crítica y el debate.

Abel Prieto dedica en el volumen un elogio al doctor Roberto Fernández Retamar.

La expresividad, el sentido de las palabras, la sintaxis del texto en su conjunto, propician diálogos con lectores de diferentes generaciones. En el artículo Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y la crisis cultural global, Abel señala: “Es evidente que el mundo virtual de las TIC refleja los principales problemas y contradicciones del mundo real del presente: la concentración de poder en manos de transnacionales; la desigualdad creciente, abismal, entre pobres y ricos, entre el Norte y el Sur; la privatización del conocimiento y la cultura; la injerencia, la violación de la soberanía de las naciones y de la privacidad más elemental de los individuos; la reducción del ciudadano al estatus de consumidor potencial y el manejo inescrupuloso de sus inclinaciones más íntimas para crearle falsas necesidades”.

Destaca el ensayista “la idea de Fidel de que una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas […] las transformaciones económicas y sociales tienen que ir acompañadas de otras transformaciones educativas y culturales, como se expresó muy tempranamente, desde el propio año 1959, cuando se crearon el Icaic, la Casa de las Américas y la Imprenta Nacional”.

Sin dudas, enfrentamos disímiles batallas, muchas hay por delante. Motivó el capítulo Cultura, educación y humanismo: una visión desde Cuba, una charla ofrecida por el ministro en la Capilla del Hombre, en Quito, Ecuador, en noviembre de 2012. Ahí reconoce: “Hoy, sobre cualquier niño o adolescente, cae una lluvia incesante de mensajes […] cuya influencia es superior a la que ejercen maestros y escuelas. Por encima de su identidad como ser humano, se coloca su identidad como consumidor, como portador de esas señales distinguidas que son las marcas o como habitante de ese universo mágico que ofrece la publicidad. El omnipresente mensaje publicitario trabaja con una fuerza avasalladora sobre los valores de esos niños, adolescentes y jóvenes. Les crea falsas necesidades y siembra en ellos paradigmas y modelos de vida asociados al consumismo como forma suprema de realización”.

Incentivar la crítica y el debate.

La doctora Graziella Pogolotti es una referencia imprescindible en Apuntes en torno a la guerra cultural.

También considera: “Otra lección que se aprende tempranamente en nuestros días, tiene que ver con el culto a la tecnología, promovido por la publicidad abrumadora sobre equipos cada vez más sofisticados, que ofrecen opciones prácticamente ilimitadas de comunicación, juegos, entretenimiento, información. Unos pocos podrán comprar esos equipos y desecharlos, y comprar otros y otros; la mayoría, por supuesto, únicamente soñará con tenerlos alguna vez. Pero todos, afortunados y pobres, serán blanco por igual de un persistente mensaje asociado a la exaltación de los avances tecnológicos por sí mismos, a la tecnología por la tecnología, ajena a todo cimiento ético”.

Este volumen es imprescindible para profundizar en la memoria histórica, los conflictos sociales, culturales, políticos, y el arte del siglo XXI. Incentivar la crítica cultural, el debate responsable, constituye una de las tantas premisas de Apuntes…; es preciso atenderla de inmediato para enfrentar la trivialidad impuesta por la pseudocultura de los grupos hegemónicos.

Como precisa Abel: “Esta guerra de símbolos, esta guerra cultural, de valores e ideas, tenemos que ganarla dentro del individuo, en su tejido espiritual, moral, en su intelecto, en su comprensión cabal de quién es, dónde habita y qué aspira para su país y para la humanidad”. (ACN).


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares