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Publicado el 20 Noviembre, 2017 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

¿Eslabones imprescindibles?

¿Eslabones imprescindibles?

Se precisa una mirada atenta a los programas reconocidos con el Premio Caracol de la Uneac, en ellos se distinguió la excelencia, la originalidad, el impacto en los públicos; uno de ellos es Rompiendo el silencio. (Foto: cubadebate.cu).

Por SAHILY TABARES

En la era tecnológica el consumo ha cambiado, cada vez más prevalecen los productos comunicativos digitalizados, en ellos convergen el texto, la imagen, el sonido, antes dispersos, estos hoy forman parte de estrategias de creatividad en la red, dan lugar a nuevas formas perceptivas e intermediales.

Desde nuestra TV pública, ¿cómo contribuir al conocimiento de auténticos procesos culturales que motiven la participación, el cultivo de la memoria histórica, los valores éticos, estéticos?

El perfeccionamiento del diseño de programación constituye un eslabón imprescindible para mantener el equilibrio de temas, formatos, estéticas, en la pantalla. Es indispensable transmitir por los canales nacionales programas premiados en el reciente Festival Nacional de Televisión, una buena parte de ellos procedentes de los telecentros de todo el país. Resulta grato escuchar a guionistas y directores, sus ideas, vivencias, anécdotas, puntos de vista, motivaciones; pero, sin duda, las obras constituyen testimonios elocuentes de las creatividades individual y colectiva, hay que verlas con detenimiento.

El trabajo articulado de los talentos propicia compartir lo valedero entre todos. Seguro interesará a la familia el programa Adolescencia: La espada de Damocles, reconocido, durante el mencionado Festival, en el apartado de serie documental, de la directora Waldina Almaguer (Tunas Visión), quien también obtuvo lauro en el de programas culturales, por La viga en el ojo.

En la categoría infantil el jurado reconoció el atractivo acercamiento a la actualidad pinera, mediante la visión de la niñez, presente en el espacio N3p, realizado por Francisco Leyva (Isla Visión); ¿por qué no amplificar la emisión al territorio nacional?

Son, apenas, algunos ejemplos, ilustrativos del talento de creadores empeñados en visibilizar honduras del alma, historias de densidad espiritual, consagraciones vertidas en sueños, realidades.

La crisis del mundo nos contamina a diario. Mediante los códigos de la educación y la cultura se pueden descifrar la expansión de las industrias del entretenimiento, los modos de enunciación, las nuevas formas de subjetividad instauradas en el ciberespacio, los videojuegos, las puestas electrónicas.

Difundir las producciones nacionales de calidad influye en el saber y la sensibilidad de los públicos interesados en la apropiación de significados, construcciones de identidades e imaginarios con dimensión humanista, enaltecedora.

De igual modo, se precisa una mirada atenta a los programas reconocidos con el Premio Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en ellos se distinguió la excelencia, la originalidad, el impacto en los públicos. Fueron galardonados, el guion de Lucía Chiong y Rolando Chiong en el serial Rompiendo el silencio, el espacio Cuando yo sea grande, dirigido por Iraida Malberti, y Caminos de la rumba, del realizador Ramón Chile, entre otros.

El flujo de programas exige ser pensado desde lenguajes que constituyan una práctica en la narrativa televisual. Todas las especialidades determinan en el conjunto de las presentaciones en pantalla. No lo olvidemos, cada texto audiovisual propone disímiles complejidades que requieren de acuciosos análisis.

Como parte de los nuevos modos de construcción y ejercicio ciudadano, el consumo televisivo forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, demanda reflexiones, formación integral que le dé fundamento histórico y cultural al conocimiento de las más avanzadas tecnologías.

La adquisición de hábitos culturales desde edades tempranas influye en el ver/descubrir lo valioso durante la vida, pues la información ya no transita en un solo sentido, la lógica que caracteriza la relación entre los medios y los espectadores es cada vez más circular, por esto se requiere el adiestramiento en la lectura de las historias televisuales.

Tampoco olvidemos que el consumo fragmentado de imágenes se extiende por la red, la niñez y los más jóvenes no demandan relatos extensos, sino partes o secciones que les motiven a enlazar elementos similares a gustos establecidos por los procesos de recepción.

Hay que estar alertas a las prácticas de producción simbólica y de sentido en el ámbito de lo visual. La difusión de nuestros valores artísticos contribuye a la articulación de relaciones dinámicas con el mundo y todo lo que significa, en él, ser humano.

Directivos, realizadores, públicos, redescubrirán esencias identitarias en programas que en comunidades y provincias enriquecieron las experiencias cotidianas. Compartir entre todos nos dignifica.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares