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Publicado el 14 Noviembre, 2017 por Luis Toledo Sande en Cultura
 
 

Habaneras con música, texto y alma

Melodías que no merecen olvido brillaron en el Primer Encuentro Internacional Conocer la habanera, en el que músicos cubanos y catalanes dieron luz al género
Habaneras con música, texto y alma.

El maestro Cecilio Tieles a dúo con la vibrante Indira Ferrer-Morató, serán recordados por los asistentes a esta fiesta de las habaneras en La Habana. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Por LUIS TOLEDO SANDE

Se ha celebrado el Primer Encuentro Internacional Conocer la habanera, y es previsible que en la memoria de quienes lo disfrutaron —para lo que se prestó de principio a fin— quede especialmente grabado el concierto final, que tuvo lugar el domingo 12 de noviembre. Cabría considerar injusta la selección, dada la calidad de las citas anteriores, que se desarrollaron desde el 6 hasta el 11. En ellas actuaron, además de los protagonistas del mencionado concierto, otros artistas y conferenciantes que acudieron para ello a La Habana no solo de la propia Cuba, sino también desde Cataluña, como el cantante y pianista Xavier Pardina, el músico y compositor Antoni Mas —presidente de honor de la Fundación Ernest Morató, consagrada a la habanera— y el trío Habana Vieja: sí, con ese nombre, y todos catalanes.

De Cuba lo hicieron algunas de sus más reconocidas agrupaciones corales, el cuarteto Veus d´Ultramar (Voces de Ultramar) y, con acompañamientos asimismo brillantes, solistas como Emilia Morales, quien ratificó su altura, su modo profesional de hacer, que imanta al público, y Bárbara Llanes, que una vez más puso a vibrar el aire con la que hoy por hoy es, a juicio de no pocos conocedores, la más portentosa voz lírica del país.

Tan rotunda es la intérprete que puede permitirse parecer que no la preocupan las exigencias del movimiento escénico, algo en lo que no creerá quien haya disfrutado su desempeño como actriz y danzante en Canción para estar contigo, obra compuesta y protagonizada por ella y que, aunque dirigida en especial al público de menor edad, hechiza sin límites etarios. Cuando de cantar se trata —alguien en el público recordó a propósito de ese punto a Edith Piaf— todo lo pone su voz, porque todo lo puede.

La imposibilidad de pretender —sin omisiones injustas— una relación pormenorizada de cantantes, músicos y repertorios con títulos y autores, autoriza a pensar que por la relevancia de la muestra mencionada o aludida la totalidad de participantes se sentirá bien representada en ella. Ya desde el inicio se apuntó el efecto causado por el concierto de clausura, a cargo del pianista cubano Cecilio Tieles, quien acompañó —no se añade aquí “por todo lo alto” no solo para eludir el lugar común, sino porque es una realidad conocida tratándose de ese maestro— a una española, catalana que en su figura, en su proyección y en su plática revela también sus orígenes, o preorígenes, que están en la india: Indira Ferrer-Morató, autora también de los textos de algunas de las canciones que interpreta, y amante de Cuba, de su música, de su cultura.

Tieles, apoyado por Xiomara Suárez, su compañera, y que con ella se ha restablecido en el país tras una larga y fértil alternancia laboral entre este y Cataluña —donde creó la Asociación Cultural Catalana-Iberoamericana—, fue uno de los gestores principales del Encuentro. La convocatoria la acogieron en La Habana inicialmente el Museo Nacional de la Música y el Instituto Cubano de la Música, a los que se sumaron la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y la Oficina del Historiador de La Habana.

El programa artístico y el teórico transitaron por distintas sedes: la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, el Gabinete Musical Esteban Salas y el Colegio Universitario de San Jerónimo de La Habana —adscritos estos dos últimos a la Oficina del Historiador de la Ciudad—, el piano bar de 31 y 2 (en El Vedado), la Embajada de España, el Museo de la Revolución y la Sala de Conciertos Ignacio Cervantes, donde se disfrutó el concierto de clausura.

Nada menos que dieciocho habaneras de autores cubanos y catalanes interpretadas sin receso se apoderaron del salón a base de la maestría de la cantante y del pianista. Ella mostró su gracia en el movimiento escénico y una autenticidad interpretativa que le viene de su don para ahondar en lo que interpreta y llegar a sus esencias sentimentales y de identidad. Con una dicción que permite seguirla frase a frase, su voz resulta más que suficiente en sí misma, y se apoya en la expresividad de quien parece fabricar a base de espíritu, intuición  y sabiduría la caja de resonancia que no le viene del cuerpo, más apreciable por la suavidad y el encantamiento indios que por su tamaño.

Cuando parecía que aquellas dieciocho habaneras podían extenuarla, brilló en ascenso hasta el final del programa, tras el cual voz y piano se soltaron aún más para regalarle al público un maravilloso bis doble: la que acaso sea —dijo Tieles— “la más universal y célebre” de las habaneras, el aria compuesta en ese género por Georges Bizet para su ópera Carmen, y, escogida ostensiblemente por la intérprete, La bayamesa de Sindo Garay. Con esta —lo vio el articulista— arrancó lágrimas de emoción en el público.

El Encuentro dio continuidad a empeños anteriores dirigidos a mantener viva la habanera, género cuyo nombre parece difuminarse a veces, u olvidarse, pero cuya realidad perdura por sí y por su presencia en otras expresiones musicales, hasta de modo insospechado. El mismo Tieles y otros participantes reconocieron, con gusto apreciable, lo que al afán por dar a conocer bien la habanera vienen aportando de años atrás personas como José Ramón Artigas, presente en varias de las citas.

Muchas virtudes es justo reconocer a un Encuentro que, al proclamarse Primero, expresa voluntad de ser seguido por nuevas convocatorias, y merece serlo dado el plausible afán de lograr mayor reconocimiento para un género oído, respetado y disfrutado en distintas partes del mundo y que adondequiera que va lleva el pulso de cubanía que late en él. Por si fuera poco lo ya dicho, citas como la saludada contribuyen a cultivar el respeto que merece no solo habanera, sino en general la buena cancionística, con la que tan en deuda se está en un entorno sonoro a menudo contaminado por las más rampantes inclinaciones, o concesiones, al mal gusto. Futuras convocatorias para conocer la habanera han de tener mucho más apoyo aún que la reciente.

 


Luis Toledo Sande

 
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