0
Publicado el 1 Diciembre, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

DISCOS

Al margen de la tabla salvadora

Reciente álbum de alineación rockera antillana compendia varios de sus temas antológicos

Al margen de la tabla salvadora.ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: Cortesía de EXTRAÑO CORAZÓN

Ha transcurrido un cuarto de siglo desde que la primera banda profesional de rock and roll en Cuba –de las reconocidas a nivel institucional– emprendiera un oficio sin retorno. Aunque salpicado con derivas circunstanciales, intermitentes, e incluso, con trazas de tornarse definitivas, ha calado sin remilgos ni destiempo en el imaginario de toda una generación en la Isla y devenido paradigma para las actuales hornadas de adeptos e instrumentistas del género.

De 1992 a hoy ha llovido mucho y, entre tanto, Extraño Corazón, la banda que lidera el cantante y guitarrista Javier Rodríguez, ha gozado de aguaceros creativos y escampadas de silencio que enhorabuena le han valido madurez para crecer artística y humanamente, y creerse muy en serio que en esta tierra caribeña, a pesar de los pesares, es posible rockanrolear –en el sentido más estricto y respetuoso de la expresión–, aunque con ello amenace un alud.

Justo en estos días en que los medios y las redes sociales difunden las composiciones de su más reciente producción discográfica, Confesiones de un náufrago, nuevos derroteros, más pulidos y enfocados orbitan alrededor de la alineación a la que Rodríguez, el director, presagió un posible itinerario final hace poco más de dos años.

Licenciado por el sello Bismusic, el álbum ahora puesto a disposición de los seguidores, evidencia que los “extraños corazones” se preocuparon –y ocuparon– por explorar y experimentar, sin desasirse de su estilo y estética, sobre matices sonoros otros, liados a un halo sinfónico con cierta tendencia hacia el rock progresivo.

Como sempiterno y nunca arrepentido náufrago, Javier Rodríguez demostró con este fonograma volver sobre sus pasos y refinar la marcha rodeado de viejos y nuevos amigos. Así selló una impronta de reencuentros y reafirmaciones, tanto desde el punto de vista orquestal y temático, como de los creadores que lo acompañaron en esta empresa.

Roberto Fajardo, Keko (vocalista y armónica), luego de un largo tiempo separado del grupo, regresó para reeditar la travesía, a imagen sin semejanzas de aquellos lejanos años 90 y discurrir en composiciones antológicas de la etapa fundacional entreveradas con algunas más recientes.

El muy joven Tiago Felipe Díaz, destacado guitarrista y líder de la alineación Stoner, se develó como productor activo y competente, y a la vez, consumó una añeja avidez del grupo, al concebir arreglos orquestales aderezados desde cadencias propias del rock progresivo, aun cuando la procedencia de este músico siempre ha estado enlazada a sonoridades más dadas al metal.

Al margen de la tabla salvadora.

Por ahora Extraño Corazón tiene una estrategia: “Dar un paso por vez”, declaró a esta reportera su líder; de manera que tras cada nueva meta alcanzada puedan definir cuándo será el mejor final.

En este punto cabe remarcar las interpretaciones de Luben García y Keko; el lucido y cuidado trabajo de cuerdas del propio Javier Rodríguez (guitarra acústica), Steinar Bernhard Seland (guitarra eléctrica), Greta García (chelo), Oven Brun (mandolina), Christopher Simpson (violín), Rufo de Armas y Adem Rodríguez, en los bajos; Tiago Felipe e Iván A. Leyva, en las guitarras acústicas y eléctricas.

Representativo, sugerente y alusivo a la auténtica esencia del disco fue el diseño de cubierta concebido por Leonel Elías Perna, a partir de una obra de la artista visual Jacqueline Brito Jorge, un óleo sobre lienzo y cerámica de la serie Navegar, de 2015, que expresa también ese ir y venir, con pausas y andares para el crecimiento que han singularizado las etapas del grupo.

Al parecer, Javier Rodríguez y su séquito se han propuesto traer de vuelta aquellos memorables años juveniles de muchos, cuando el futuro era una utopía y el presente, una amalgama de lecturas, música, sueños, amor. Sean bienvenidas estas confesiones –casi a ultranza una declaración de principios– de un género que persiste y subsiste en este archipiélago y a modo de tabla salvadora ya cuenta su historia.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez