0
Publicado el 28 Diciembre, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO

El Harry que no conocíamos

A sala llena se mantiene la propuesta escénica de uno de los colectivos más destacados del país
El Harry que no conocíamos.

Lúcidas y orgánicas son las actuaciones en este montaje de El Público cuyo propósito es contar el aquí y el ahora en una crónica que insta a repensarnos.

ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: ISMAEL ALMEIDA

Cuando en la edición 15 del Festival de Teatro de La Habana (2015) la compañía Teatro El Público, que lidera Carlos Díaz, presentó Harry Potter, se acabó la magia, en calidad de working progress, el camino hacia el éxito de hoy ya estaba zanjado, aunque todavía no se advirtiera en su totalidad la estética que singulariza a Díaz.

El personaje fetiche de la británica Joanne K. Rowling –tantas veces aludido en distintas fuentes tras las ediciones literarias primigenias a finales de los años 90– ahora, y aquí, comenzó un derrotero otro, en apariencia localista y, por esencia, descarnadamente universal, de la mano de Agnieska Hernández en la dramaturgia, quien concibió la partitura dramática a partir del esbozo autorreferencial de los actores y las actrices.

Toda una alegoría teatral es este Harry Potter, tan cubano e irreverente –sin duda la antítesis del héroe literario y cinematográfico–, quien también subsiste a los vaivenes de un colegio, no al estilo del Hogwarts de Magia y Hechicería, de Rowling, sino otro que precisa diferentes sortilegios más aterrizados y menos nigrománticos. Este Harry, relloyo e insolente, desafía las reglas, se explaya y se mofa del mal gusto, del kitsch, de la “feancia” que le rodea, nos rodea. Entonces, ¿para qué una varita?, he ahí la traza de una juventud que se resiente, se increpa a sí misma y al tiempo que le tocó; y aun así asume una postura optimista, liberadora.

Sugerente, imaginativo y funcional es el resultado del trabajo concebido por Celia Ledón.

Una ojeada impenitente y aguda al ser cubano y sus contingencias de las últimas décadas proponen el “gemelo” antillano del original y sus coetáneos; una mirada desde un choteo conceptual, lúdico y, sobre todo, muy criollo que dibuja y desdibuja el presente y el futuro de una generación apremiada por el cometido de cargar el peso de su Isla.

El montaje sirvió de ejercicio académico de graduación en la Escuela Nacional de Teatro a la nómina que acompaña a Carlos Díaz, una tendencia, desde hace algunos años, del también pedagogo; y deviene salutación necesaria por el primer cuarto de siglo de la agrupación fundada en 1992.

Microhistorias entrelazadas unas con otras instan a repensar la historia reciente de este archipiélago, transido por las carencias materiales y las estrecheces mentales, existenciales. Del modo más penetrante y sagaz Harry Potter, se acabó la magia refrenda y defiende sin ambages las preocupaciones y las aspiraciones de un grupo de jóvenes, inquietudes y anhelos que repercuten sobre sus ascendientes, la sociedad misma, y trascienden al ser humano.

Quien atiende desde la platea se siente emplazado, cuestionado por las mismas –o casi las mismas– circunstancias que los personajes. En la catarsis, disiente o concuerda, pero no logra permanecer impávido ante el revuelo escénico, provocador.

Carlos Díaz ha sabido perfilar con creces a esta promoción de noveles artistas, capaces de enriquecer sus cualidades actorales a través de un pulido entrenamiento vocal, físico, interpretativo, que redunda en la organicidad de sus actuaciones y en el pretendido diálogo con el público contemporáneo.

No es secreto que el Premio Nacional de Teatro y Maestro de Juventudes por la AHS, siempre insiste en rodearse de un equipo de creadores ingeniosos y tan audaces como él mismo. Cabe destacar en este rubro, el sugerente, imaginativo y funcional diseño de vestuario concebido por Celia Ledón, tan coherente con la estética de El Público como con el concepto general de la pieza.

El Harry que no conocíamos.

El diseño de vestuario guarda estrecha relación con la estética que legitima a Carlos Díaz.

Asimismo, la música original de David Guerra y la escenografía sustentada en la creación plástica de Pablo Rosendo, uno de los artistas de las más recientes hornadas de la Facultad de Artes Visuales, del ISA, conforman un conjunto de sutiles y evidentes detalles armónicos entre sí y que respaldan las más de 70 funciones a teatro lleno, al menos hasta el momento de redactar estas líneas.

Las expresiones verbales propias del argot popular, mediadas por ese halo entre la metáfora y el doble sentido; la gestualidad sensual y por momentos erótica, próxima a lo cotidiano, pero sin desasirse ni desestimar el juego teatral distintivo de la agrupación, las constantes sugerencias simbólicas a fenómenos y acontecimientos comunes a muchos, le otorgan a este Harry Potter caribeño un tono hilarante, controversial, polémico, y son una invitación a examinarnos, con lupa y sin aspavientos, en el entramado diverso y genuino que somos.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez