0
Publicado el 5 Diciembre, 2017 por Prensa Latina en Cultura
 
 

La impronta de un herrero francés en Trinidad

escambray.cuPer

Por Mayra Pardillo Gómez*

Sancti Spíritus, Cuba (PL) A Trinidad de Cuba arribó un día un francés que sería recordado al paso del tiempo por obras tan emblemáticas como las campanas y una pérgola que aún perviven a pesar de los años transcurridos.

 Así, fueron fundidas hacia 1819 pesadas campanas en el taller ubicado en la calle Alameda No. 45 (actual 69), por José Isabel Giroud, maestro herrero y fundidor nacido en Ferney, Francia, el 30 de abril de 1781.

‘Ingenio de Buena Vista de Don. Justo Germán Cantero. Fundida en Trinidad en 1846 por José Giroud’, así reza, en bronce, la inscripción que aparece en una de las monumentales campanas pertenecientes a este importante ingenio azucarero.

Esta fábrica de azúcar se alzó en el fértil territorio conocido desde el siglo XIX como Valle de los Ingenios.

En la actualidad la campana recibe a turistas nacionales y extranjeros a la entrada de la antigua casa hacienda del ingenio Manaca Iznaga.

Otras obras de Giroud fueron la hermosa pérgola de hierro forjado situada en la Plaza Carrillo, actual Parque Céspedes, y los diversos e ingeniosos relojes de sol fundidos en bronce, uno de los cuales está resguardado en el Museo de Arquitectura.

Investigadores aseguran que el francés también impulsó un controvertido proyecto para abastecer a la ciudad de agua en la primera mitad del siglo XIX. Giroud falleció el 21 de junio de 1852 en Trinidad, centro sureña ciudad declarada en 1988 por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad, y fundada en 1514 como la tercera de las siete primeras villas asentadas en la Isla por los conquistadores españoles.

PLAZA CARRILLO Y LA PÉRGOLA

Pérgola de la Plaza de Carrillo. Foto: Mapio.net

La Plaza Carrillo surge a causa del proceso urbanizador acaecido en Trinidad a fines del siglo XVIII y primera mitad del XIX.

En sus inicios era zona de esparcimiento y recreación, hasta devenir como centro cívico y administrativo más importante de la ciudad.

El Hospital de Caridad y la Iglesia San Francisco de Paula le dieron en principio nombre a esta área, y luego se le conoció como Plaza de Recreo hasta que en l840 se le denomina Plaza Carrillo, en honor al Brigadier Don Pedro Carrillo de Albornoz.

Es una de las plazas más grandes del Centro Histórico, su forma describe un rectángulo, compartimentado en áreas de jardines que se complementan con una magnífica pérgola de hierro fundido que cubre gran parte de su eje central.

El contexto arquitectónico actual corresponde a las corrientes eclécticas de su época, representadas en edificios como el desaparecido Hotel Canadá.

De acuerdo con especialistas, la Plaza Carrillo es el único hito de trazado renacentista (en cuadrícula) que se aprecia en la trama urbana de Trinidad.

Han transcurrido muchos años y durante ellos el Parque Céspedes -denominado así a partir de 1906- ha tenido, sus cambios, sin que varíe la pérgola ubicada en su centro.

En su época fue lugar predilecto para reunirse, y los ramos de hipomea fueron calificados por el historiador trinitario Francisco Marín Villafuerte como ‘adorno preciado de la plaza’.

Desde cuando se publicó el libro Historia de Trinidad, Marín Villafuerte se quejaba de que no existía la ‘hipomea, ni las flores que conocimos en nuestra mocedad’. El parque de la pérgola, adornado con esos grandes y redondos faroles exhibe sin dudas un hermoso espectáculo frente al elegante hotel Iberostar.

En el 2005 el huracán Dennis asoló la ciudad de Trinidad y afectó incluso a esta pérgola, pero fue recuperada, y allí perdura como una de las obras de un francés que logró con ella embellecer el citado parque.

CONVENTO SAN FRANCISCO DE ASÍS

La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Utrera fue erigida en 1726 por un vecino de Santiago de Cuba, el capitán Jerónimo de Fuentes Terreros y Girón, quien descendía de inmigrantes jamaicanos.

Junto a su esposa construyeron la iglesia y pidieron autorización a la Corona para donarla a la orden de los franciscanos, que ya desde 1719 disponía de un hospicio.

Así lo plantea en La Trinidad: embrujo del nuevo mundo, el periodista y escritor Raúl García Álvarez.

En 1826 los franciscanos se retiran de la instalación y quedó entonces bajo el control de las autoridades españolas.

Con el triunfo revolucionario el convento pasó a manos del Estado cubano y hoy radica en ese lugar el Museo Nacional de Lucha contra Bandidos, sin dejar de recordar a Giroud, quien forjó las campanas de dicho convento en el siglo XIX.

* Corresponsal de Prensa Latina en Sancti Spíritus.


Prensa Latina

 
Prensa Latina