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Publicado el 19 Febrero, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

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Los hilos de la madeja

No se pide a la telenovela, ni al arte, la dimensión de un tratado sociológico, sino poner en escena acciones, mediante una trama estructurada de manera coherente, lo cual demanda habilidad y saberes al tejer los hilos de una madeja intrincada en la construcción de lo “real”
Los hilos de la madeja.

Foto: radiociudadhabana.icrt.cu

Por SAHILY TABARES

El poder comunicativo de la telenovela, y sus relaciones (antropológica, cultural, estética, ética) con la vida cotidiana de las personas, es un fenómeno multidimensional. Quizá porque ella establece una conexión desde los sentimientos y revela conflictos en los que lidera, en primera instancia, una matriz de amor-pasión, secundada por el odio, la intriga, los secretos, la justicia, el engaño, las actitudes personales establecidas en repertorios populares, cultos y masivos.

No escapó a dichos preceptos la puesta cubana En tiempos de amar (Cubavisión, lunes, miércoles y viernes, 9:00 p.m.), con guion de Eurídice Charadán, Serguei Svoboda, José Víctor Herrera, Alberto Luberta Martínez, y dirección de Ernesto Fiallo.

Según suele ocurrir en la telenovela, los obstáculos sirvieron para sublimar la fuerza del empeño, la sinceridad, las cualidades morales de cada personaje-tipo; en esta ocasión se hizo énfasis en la familia como estructura necesaria para la formación y socialización de los individuos. Y salió ileso un paradigma ético que el género legitima: los buenos casi siempre triunfan y los malos son sancionados.

No obstante, esa perspectiva provocó una apertura exagerada de acciones subordinadas –mal llamadas subtramas–, que no siempre se cerraron de manera orgánica, propositiva. Además, afectó el desarrollo coherente de la trama central, de ahí la espera larguísima para que se despertara Manolito (Carlos Solar), la presa codiciada. De ningún modo se pide a la telenovela, ni al arte, la dimensión de un tratado sociológico, sino poner en escena acciones, mediante una trama estructurada de manera coherente, lo cual demanda habilidad y saberes al tejer los hilos de una madeja intrincada en la construcción de lo “real”.

Las puestas televisuales no dependen solo de la escritura del guion, sino de la sintaxis; o sea, cómo todos los componentes del relato se vinculan e interconectan. La forma del contenido determina el sentido de lo que se quiere decir y su manera de expresarse. La ficción revela valores, por ello en el discurso axiológico lideran los aspectos persuasivo e interpretativo de las acciones y los comportamientos de los personajes.

La presentación de En tiempos… produce cierto extrañamiento, pues sugiere una metáfora, la cual, más que un recurso retórico, es la transposición del significado de la familia a imágenes ilustrativas de ese núcleo formativo en nuestra sociedad. En gran medida, la propuesta exhorta al reconocimiento y a la identificación de situaciones cotidianas en un relato sobre épicas de vida.

Tampoco olvidemos que la fuerza de un diálogo reside en la entonación, el trabajo actoral y el contexto, no únicamente en las palabras empleadas. Por momentos, faltaron en la protagonista, Laura (Maikel Amelia Reyes), y en la antagonista, Elena (Yía Camaño), la demarcación sutil de cada intención, el abatimiento de la tristeza, el desdén del rencor. Muchas veces una mirada que petrifica e insulta supera el lenguaje verbal. Sacar a la luz las complejidades humanas, filosóficas, requiere trabajar de manera minuciosa cada detalle del hacer y el hacer construidos desde el histrionismo.

De igual modo, en ocasiones, la ubicación de la música de Raúl Paz, lejos de multiplicar el significado de la escena –como corresponde–, la enturbió por encima de los diálogos. Es necesario que la música viva dentro de la historia, apele al alma, a los sentimientos, constituya otro recurso que utiliza el melodrama y hereda la telenovela para poner en relativa crisis la verdadera moral de los personajes: a la vez que exagera situaciones, aumenta el juego de las expectativas.

En la actualidad, los audiovisuales latinoamericanos son concebidos a medio camino entre la serie convencional y una nueva forma de asumir la telenovela, lo cual establece un tránsito con sus derroteros propios. Tampoco hay que renunciar a la casualidad recurrente en situaciones melodramáticas –de lo contrario Laura y Manolito no se hubieran reencontrado–; asimismo, las narrativas actuales demandan otras dinámicas, la inclusión de géneros dramáticos, que En tiempos de amar se utilizaron discretamente, entre ellos, la eficaz tragedia.

De acuerdo con la investigadora Nora Mazzioti, “la telenovela debe atravesar instancias claves para ser consagrada y reconocida”. Seguir nutriendo las esencias del género propiciará, además de entretener, la elaboración de un espacio de disfrute y reflexión para compartir junto a la familia, o en solitario, ¿por qué no?


Sahily Tabares

 
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