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Publicado el 18 Febrero, 2018 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Sobre el juego de gente menuda (+ Fotos)

La literatura infantil y juvenil: presencias y lagunas al calor de la fiesta literaria
El verbo leer no admite ser expresado en imperativo porque asumir la lectura como práctica habitual no es un estado, es una postura ante la vida. (Foto 1: LEYVA BENÍTEZ)

El verbo leer no admite ser expresado en imperativo porque asumir la lectura como práctica habitual no es un estado, es una postura ante la vida. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

Cada año, tras el capítulo habanero de la Feria del Libro, esta reportera suele regodearse en sus nuevas adquisiciones infantiles, casi siempre bienvenidas en el hogar; y a la vez, se lamenta por aquellas que la economía doméstica, la falta de tiempo o de una oportuna orientación, no le permitieron alcanzar.

La mayoría de las veces los adultos compramos los libros que creemos mejor o más adecuados para los pequeños de casa, en un acto compulsivo mediado por la experiencia de cada cual y donde, sin medias tintas, prevalecen criterios, ideas y creencias sobre el universo de la niñez, la adolescencia, y lo supuestamente correcto en las lecturas de las primeras etapas de la vida.

Ellos, los más jóvenes, apenas poseen autonomía para decidir y elegir lo que les interesa en verdad; antes ya otros vetaron esa oportunidad y dispusieron la mesa: autores, ilustradores, editores, libreros, mediadores (padres, maestros, bibliotecarios). Esta relación indirecta entre obra y lectores potenciales a menudo genera vacíos temáticos o un tratamiento descontextualizado o anticuado de los asuntos, desacorde con el escenario contemporáneo y la cotidiana presencia tecnológica.

Cuando se redactaban estas líneas, el hijo mayor de quien escribe –de solo 10 años– alternaba sus lecturas de cabecera con una vieja edición de Pippa Mediaslargas, de Astrid Lindgren, que tras solapada insistencia se le logró poner ante los ojos; y una desventurada saga de historias de terror conocida como Leyendas y Creepypastas, obtenidas de móvil a móvil mediante Zapya.

Niños leen/ (Foto: YASET LLERENA)

(Foto: YASET LLERENA)

Sobre el clásico literario de la sueca apenas profirió luego de la persistencia materna: “Me encantaría vivir la vida de esa niña, solo que con madre y padre”. Pero de la siniestra serie, brotaron criterios reflexivos, críticos y comparativos, bastante cercanos a los de un lector avezado. Sin duda, con frecuencia fallamos en el rol de mediadores, al postergar lo esencial y desconocer que los tiempos han cambiado y con ello, los lenguajes, las estéticas para abordar ciertos temas por difíciles y controversiales que parezcan.

La violencia en su sentido amplio, el racismo, el machismo, la sexualidad, e incluso, el gore (estética diferente para tratar el horror y el misterio) son todavía tópicos polémicos de la literatura infantil, aunque a veces, han llegado a ser canonizados. Desde un abordaje sagaz y desprejuiciado, también se contribuiría acertadamente a fomentar un pensamiento fustigador y juicioso de la realidad que rodea a niñas y niños. En tanto se divierten, consiguen estimular su imaginación y creatividad, enriquecen la expresión oral y escrita, y logran un mejor desarrollo intelectual.

El catálogo de este sello editorial propone atractivas novedades para la infancia y la juventud. (Foto: Cortesía del ICL)

El catálogo de este sello editorial propone atractivas novedades para la infancia y la juventud. (Fotos: Cortesía del ICL)

Hoy día, en el ámbito editorial y literario cubanos se cuestiona la conveniencia de señalar en los libros el rango de edades para las cuales se crea y escribe, pauta practicada a escala global, cuya finalidad es estratificar los diferentes segmentos etarios y orientar a los posibles mediadores.

Esta tendencia, que se advierte de forma explícita o de modo sugerido mediante colores, por lo general en editoriales extranjeras, resulta poco viable si se ignora el contexto social y el nivel cultural de cada individuo, lo cual limita las posibilidades de apreciar la buena literatura, esa capaz de cautivar sensibilidades en cualquier instante de la vida de un ser humano.

Aun cuando algunas instituciones culturales y editoriales en el país realizan estudios de consumo en materia literaria, la inexistencia de una estrategia que instruya a los mediadores malogra la intención de promover hábitos de lectura adecuados. Se precisan padres, libreros (y no gestores de ventas), maestros y bibliotecarios lectores que estén interesados, avisados, instruidos y provistos de libros para recomendar e incitar a leer.

En torno a estos temas se debatió hace algunas semanas en el 12º encuentro teórico Una merienda de Locos. Niños, Autores y Libros, que organiza la Editorial Gente Nueva en el marco de la Feria Internacional del Libro, en La Habana. Allí, además, se discrepó de la supuesta indiferencia a la literatura por parte de los más bisoños, afirmación que pone en aprietos estilos de pensamiento, conceptos y preferencias de varias generaciones, crecidas al abrigo y de la mano del libro impreso.

Para alimentar el espíritu

En estos días de Feria y jaleo cultural, la Editorial Gente Nueva presenta una selección que intenta satisfacer exigencias y gustos de todo tipo. Camino a las sedes provinciales, las novedades apuntan en conjunto mayoritario a la literatura juvenil, aunque la dedicada a la niñez también tiene un espacio entre las múltiples propuestas que integran el catálogo literario.

De la orquesta, escrito por Rolando López del Amo; El erizo del bombín, de Valerio; y El bebé más lindo del mundo, concebido por Niurki Pérez García; entre otros títulos, serán banquetes tentadores para que la niñez descubra un mundo de fantasías diverso y genuino. Tampoco faltan en este convite La niña y el elefante, de Frei Betto, y La bella durmiente en Central Park, de Gretel Jiménez Singer, ambos ganadores del Premio del Lector 2016.

Para la adolescencia y juventud, en el género de ciencia ficción, reaparece Los mundos que amo, de Daína Chaviano. Igualmente, los que aprecian la literatura de suspenso tendrán puerto y navíos seguros con Dos historias siniestras, un clásico de Robert Louis Stevenson; y Asesinato en la playita de 16/ Concierto en Luna Mayor, relatos de Esther Suárez Durán.

Quienes siguen las letras de los contemporáneos pueden completar sus listas de predilectos con Reto prehistórico y Lluvia en la ciudad. El mercenario y el desierto, de Yoss; Entre clones… anda el juego, de Erick Flores Taylor y Jesús B. Minsal Díaz, y El año del tigre, de Yonnier Torres Rodríguez, selección con la que el sello editorial para gente menuda convida.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez