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Publicado el 19 Febrero, 2018 por Tania Chappi en Cultura
 
 

FERIA DEL LIBRO 2018

Un alto para reflexionar (+Fotos)

Luces, pero también sombras de un evento imprescindible
La Cabaña volvió a colmarse, síntoma indiscutible de la popularidad de la Feria.

La Cabaña volvió a colmarse, síntoma indiscutible de la popularidad de la Feria.

Por TANIA CHAPPI

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Ha concluido la etapa de La Habana de la mayor de las fiestas literarias cubanas. Continúa en las provincias, donde debiera repetirse situaciones felices y cerrar el paso a nociones y acciones desafortunadas.

Mirando hacia las jornadas recién finalizadas en la Fortaleza de la Cabaña y otra veintena de sedes habaneras, aplaudamos el haber dedicado el evento a Eusebio Leal, escoger como invitado de honor a China y firmar con ella convenios de colaboración en el ámbito editorial; asimismo, la masiva asistencia de público, las múltiples opciones literarias y artísticas, la celebración de encuentros de carácter teórico, como el de Historiadores, el de Ciencias Sociales, el Salón Profesional del Libro, el Coloquio Martiano, la Merienda de Locos…

¿Faltaron actividades en el Pabellón Infantil o no eran atractivas para ellos?

¿Faltaron actividades en el Pabellón Infantil o no eran atractivas para ellos?

También corresponde elogiar el creciente interés en ofrecer, y promover, libros digitales; el que algunas entidades –entre ellas SurEditores y el Centro Pablo de la Torriente– en sus salas de presentación hicieran confluir títulos y buena música o loables expresiones de la cultura comunitaria. Igualmente, una mejor delimitación que en ocasiones anteriores entre el área literaria y las recreativas y gastronómicas; el funcionamiento de diversas carpas y quioscos, los cuales permitieron adquirir de manera fluida los volúmenes de producción nacional; y la sustancial rebaja de precio a algunos textos cubanos.

Reconozcamos todo ello, y lo que otros medios de comunicación con espacio multiplicado por su salida diaria ya han destacado. Pero saquemos enseñanzas de circunstancias mucho menos atractivas: en el enclave principal, el objetivo y protagonista primigenio de la Feria ha ido cediendo terreno y ahora compiten con ella otras ofertas, a menudo más llamativas: juguetes, mochilas, artículos de escritorio.

Tales objetos se venden –con las consiguientes aglomeraciones y bullicio- cerca de salones habilitados para la presentación de las novedades y el encuentro con autores y editores. A la perturbadora algarabía esta vez aportaron decibeles equipos de música llevados por adolescentes.

Seguimos viendo lectores de disímiles edades, pero atrás han quedado aquellas largas colas y librerías abarrotadas para adquirir volúmenes editados en Cuba.

Seguimos viendo lectores de disímiles edades, pero atrás han quedado aquellas largas colas y librerías abarrotadas para adquirir volúmenes editados en Cuba.

En estos predios, el libro cubano –por lo general de impresión menos vistosa– se encuentra en desventaja frente a los foráneos. Con el agravante de que, como ha señalado otro comentarista, llama la atención el desequilibrio entre la narrativa y el ensayo, sobredimensionado este último, a contracorriente con las preferencias de los lectores.

El Pabellón Infantil cambió de locación en La Cabaña y, si bien fue más accesible para los pequeños y sus acompañantes de edad provecta, me pareció insuficiente en relación con las opciones tradicionales en él.

Menudearon los incumplimientos del programa. Además, la multiplicidad de instituciones diseminadas, sobre todo, por el Vedado, a veces con actividades en similar horario, es un arma de doble filo.

No se trata de llorar sobre la leche derramada, sino de evitar que vuelva a ocurrir, ahora mismo y en años venideros.


Tania Chappi

 
Tania Chappi