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Publicado el 14 Marzo, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ LA TV

¿Gozo compartido?

En contraposición al pensamiento hegemónico, en nuestro país los programas institucionales de difusión masiva de la cultura privilegian proyectos para motivar la apreciación de códigos novedosos, el establecimiento de jerarquías artísticas y valores universales, y la participación en acciones protagonizadas por creadores consagrados y jóvenes
¿Gozo compartido?

La danza eterna, entre otros programas, ha sabido promover temas sobre arte y novedosas narrativas, aunque sin la promoción sistemática en el propio medio. (Foto: radiotaino.cu).

Por SAHILY TABARES        

Por doquier cámaras y micrófonos se multiplican a una velocidad impensada. Los medios de comunicación audiovisuales constituyen fenómenos culturales de trascendencia social. El entretenimiento y la información son entregados a domicilio.

En el panorama mediático lidera el poderío de grupos económicos privados que conquistan mercados, difunden mensajes de todo tipo por diversos canales, e instauran la globalización de los medios y su ideología. En ese ecosistema las tecnologías construyen un nuevo sujeto digital, en consecuencia cambia el consumo asumido como una práctica cultural en la apropiación y los usos de todo tipo de mercancías.

La sociedad cubana es consciente de este escenario en el que descuellan negocios de las industrias de la comunicación (informática, internet, videojuegos, redes sociales) y se fortalecen monopolios generadores de un pensamiento hegemónico.

En contraposición a dicho orden desbocado, en nuestro país los programas institucionales de difusión masiva de la cultura privilegian proyectos para motivar la apreciación de códigos novedosos, el establecimiento de jerarquías artísticas y valores universales, la participación en acciones protagonizadas por creadores consagrados y jóvenes.

No obstante, algunos espacios televisuales que promueven temas sobre arte y novedosas narrativas carecen de promoción sistemática en el propio medio, por ejemplo: La otra mirada (lunes, 10:05 p.m.), La danza eterna (miércoles, 9:05 p.m.), y el mismo día, Pantalla documental (10:05 p.m.).

Igual ocurre con América en la Casa (lunes, 8:30 p.m.), el único espacio dedicado a la emblemática Casa de las Américas, a las personalidades que enriquecen la historia de esa institución y al programa artístico cultural dedicado a difundir los valores patrimoniales y contemporáneos del Caribe y América Latina.

Un palco en la ópera (viernes, 9:20 p.m.) tampoco tiene la difusión merecida, aunque es uno de los escasos programas dedicados a figuras y puestas relevantes de esa manifestación en Cuba y el mundo.

El gusto estético debiera considerarse primordialmente como algo que depende de la facultad de captar los matices, las variaciones visuales y auditivas, de cualquier acto creativo u objeto sometido a escrutinio. De hecho, no se improvisa, requiere aprendizaje, lecturas, ver, compartir indagaciones.

En el siglo XXI la creación genera gramáticas, experimentaciones diversas; el sujeto crítico debe estar imbuido de saberes para desarrollar su perspectiva analítica con plena conciencia de sus intereses y necesidades, en tanto activo contribuyente a la interpretación de los mundos simbólicos. Contradicciones, dudas, interrogantes, son indispensables en el proceso de producción cognoscitiva que aporta a la formación cultural y al desarrollo de la sociabilidad.

Nuestra TV tiene que ganarse al escucha, estimular el gozo compartido. ¿Cómo incentivar desde la niñez el interés por la escritura y el reconocimiento de la memoria? ¿Se puede formar un sujeto independiente, instruido, si no lo acompañamos desde los medios de comunicación audiovisuales, el hogar, la escuela y la sociedad?

La conjunción de pantallas, ordenadores, video juegos, familiarizan a los públicos con disímiles modos digitales de acercarse al mundo, a lo cual se añade la conciencia de pertenecer a una región más amplia que al país propio.

Pululan por diferentes vías el peor reality show, la impúdica invasión del espacio privado, la vulgarización. Para contrarrestarlos se requiere actualizar la mirada acerca de la praxis del arte, estudiar los procesos culturales de manera holística, sin estancos ni olvidos. Los televidentes son más activos al momento de establecer los vasos comunicantes entre imagen, sonido y vida cotidiana, lo cual sitúa la producción televisual en una situación movilizadora, menos vertical, en búsqueda de simetrías en las relaciones de diálogo para mover ideas, pensamientos, en la escena social. De esto se trata.


Sahily Tabares

 
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