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Publicado el 2 Abril, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

Encuentros contemporáneos

Primera exposición conjunta de creadores de Cuba y Japón. Siete creadores de la Tierra del Sol Naciente y cuatro de la Isla fueron convocados al proyecto, patrocinado por la Fundación Japón, entidad que desde 1972 promueve intercambios con otras naciones
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Encuentros contemporáneos.

Varios estilos y recursos creativos se utilizaron en la exposición, entre ellos la fotografía, la instalación, el videoarte. (Foto: CLAUDIA RODRÍGUEZ).

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Entre estos dos archipiélagos hay lenguas distintas y miles de kilómetros. También edades diferentes, pues en uno se ha formado una cultura durante milenios, y otro acoge a su pueblo todavía joven. Sin embargo, ahora mismo ambas islas confluyen en un punto de La Habana: la muestra Going away closer (Yendo más cerca), abierta hasta finales de abril en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam (CAC).

Siete creadores de la Tierra del Sol Naciente y cuatro cubanos fueron convocados al proyecto, patrocinado por la Fundación Japón, entidad que desde 1972 promueve intercambios con otras naciones. Es una manera de celebrar el aniversario 120 de la primera migración de nipones a Cuba y los 35 años del CAC.

Según Dannys Montes de Oca, directora de la institución habanera, “aunque en las bienales hemos contado con la presencia de algún artista contemporáneo japonés, esta es la primera vez que el centro se prestigia con la visita de un grupo tan grande”.

Yumiko Okada, Hiroyuki Hattori, Abel González Fernández y Blanca Victoria López colaboraron en la guía de la investigación y la curaduría de un proceso creativo que se efectuó durante dos años, e incluyó la visita de los artistas de allá para aprehender e interpretar las comunidades cubanas.

Hattori explica que la palabra clave de la muestra es “distancia”, tratar de burlar la lejanía entre ambos pueblos expresada lo mismo desde el punto de vista geográfico, idiomático que en la manera de concebir el tiempo. Esto último se refiere a las diferencias de ritmos entre una sociedad hiperconectada y globalizada, y la nuestra, que recién aumenta y diversifica el acceso a Internet.

Para los curadores cubanos –cuenta Abel González– fue fundamental tratar de “insertarse de modo original y no mimético dentro de ese tópico propuesto por los especialistas nipones”. Él procura promover obras que evidencien “una tradición cosmopolita que existe en la cultura cubana, formada en el contacto con otras foráneas”.

Es muy positivo que el centro Lam haya acogido en sus salas a los jóvenes artistas cubanos que participaron en la muestra. Debiera permanecer esa puerta abierta para legitimar una zona del arte nacional que en ocasiones se mueve sumergido, poco visibilizado por algunas instituciones.

Allí vemos el ingenio tecnológico de Glenda León (Aire de Tokio, 2017); la preocupación de Reynier Leyva Novo por la tensión entre individuo y colectividad, y las narrativas históricas (Sin título, militares y civiles, 2018); los numerosos objetos resignificados por José Manuel Mesías, sus contradictorias analogías (serie Versos y teoremas); así como la obra fotográfica de Leandro Feal, su mirada ubicada en las antípodas de la imagen épica, mediante el paciente registro de individualidades y escenas al interior de Cuba (Ya la vida cambió, 2018).

Todo se halla en confrontación y diálogo con las creaciones de los asiáticos. Uno de ellos, Futoshi Miyagi, espera que los públicos de acá se sientan identificados con la historia que construyó en su obra. “Pudo ocurrir en cualquier parte del mundo”, afirma.

Él reproduce en un mismo espacio fragmentos de una narrativa con influencia del melodrama. Una composición romántica (2015), videoarte de dos canales que reproducen indistintamente sendas historias de un personaje de Okinawa y otro norteamericano. Es una ficción basada en las entrevistas que hiciera a personas reales, en la que se discursa sobre el amor y las microhistorias compartidas entre diversos lugares.

Se incluyeron en el proyecto otros artífices japoneses, identificados como la vanguardia del arte contemporáneo de aquel país, entre ellos Takahiro Iwasaki, Natsunosuke Mise, Tadasu Takamine, Yuko Mohri, Kazutomo Tashiro y Atsuko Mochida.

La especialista Blanca V. López considera muy importante “traer referentes a nuestro arte, y contextualizar dentro de una escena internacional obras alejadas de lo que muchas veces se cree característico del arte cubano”.

La joven hace votos para que se propicien más intercambios de este tipo, y destaca: “la muestra no solo nos enseña acerca de arte y patrones visuales, sino también –antropológicamente hablando– de cómo viven y trabajan los japoneses, cómo organizan sus instituciones, cómo viven sus artistas, de qué dependen”.

Con el proyecto viajarán a Tokio durante el próximo verano, y entonces será en la Tierra del Sol Naciente donde se iluminará una zona del arte cubano pujante y diferente, y entrará en confrontación con los públicos de aquella isla, para nosotros tan enigmática y seductora.

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Raul Medina Orama

 
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