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Publicado el 28 Mayo, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

FESTIVAL ARTES DE CUBA

La cultura nos une, ayuda a la paz

Las galas transmitidas en Cuba por el canal Multivisión permiten al pueblo cubano disfrutar de los espectáculos que acogen escenarios del Centro Kennedy, donde los 400 artistas cubanos demuestran talento y magisterio
La cultura nos une, ayuda a la paz.

Omara Portuondo, una leyenda de la música cubana, actuó en la gala inaugural del Festival. (Foto: radiorebelde.cu).

Por SAHILY TABARES

Fotos: PRENSA LATINA

Fuertes raigambres enriquecidas por generaciones y aprendizajes nutren las ideas, el pensamiento, la imaginación, el quehacer creativo de notables figuras durante sus actuaciones en la importante sede de Estados Unidos, del 8 de mayo al 3 de junio.

Las galas transmitidas en Cuba por el canal Multivisión permiten al pueblo cubano disfrutar de los espectáculos que acogen escenarios del Centro Kennedy, donde los 400 artistas cubanos demuestran talento y magisterio en el Festival Artes de Cuba: From the Island to the World (Desde la Isla para el Mundo).

Según ha manifestado en Washington, Deborah Rutter, presidenta de la institución, esta cita constituye un evento sin precedentes y llevó años de preparación.

En su opinión: “Como centro cultural nacional, tenemos la responsabilidad de reflejar la diversidad artística de nuestro país y también de traer el mundo aquí”. Además, destacó “la labor de Alicia Adams y Gilda Almeida, vicepresidenta y directiva de Programación Internacional del Centro Kennedy, respectivamente, quienes con sus visiones, determinación y persistencia, han hecho posible la celebración del Festival”.

Presencias raigales

La cultura nos une, ayuda a la paz.

El concertista Alí Arango recreó obras del maestro Leo Brouwer.

Resulta inspirador el acercamiento entre nuestros pueblos mediante la diversidad cultural y la calidad de los creadores, quienes impresionan por su sensibilidad y la sólida formación recibida en el sistema de enseñanza artística creado por la Revolución Cubana a partir de 1959. Los públicos estadounidenses agradecen el intercambio con ejecutantes de música, danza, artes visuales, cine, diseño, modas; entre ambos se favorece el diálogo en un clima de paz y entendimiento.

Omara Portuondo, la novia del feeling y diva de Buena Vista Social Club, con su particular interpretación de Veinte años, entre otros temas, los consagrados y jóvenes que la acompañan, revelan la riqueza del patrimonio sonoro, rítmico, visual, de nuestro país, visibilizaron la conciencia de que somos un mosaico de identidades étnicas, regionales, sociales, diversas entre sí, pero fuertemente enlazadas por tradiciones y una experiencia histórica comunes.

En el Centro Kennedy se manifiesta que en Cuba los programas institucionales de la cultura privilegian proyectos para motivar la apreciación de códigos novedosos, el establecimiento de jerarquías artísticas y valores universales.

Rodeados de atmósferas minimalistas, han crecido en cada escenario las individualidades y los colectivos, apasionados defensores de las esencias raigales, para seguir perfeccionando repertorios y audacias creativas.

Así lo evidenciaron Ethiel Faílde y su orquesta danzonera Miguel Faílde, en el teatro Eisenhower, donde brilló ese género (reconocido como Patrimonio inmaterial de la nación cubana) por la excelencia de sus intérpretes, el carácter comunicativo de las improvisaciones y el sentimiento de comunidad que se establece entre los músicos, en especial, entre los integrantes de la sección rítmica.

En diferentes momentos de las galas transmitidas por TV, lideró la impronta de mundos conceptuales, teóricos, aportados por la disciplina formativa, el bagaje de la academia y la información sistemática.

La valía del mano a mano entre los virtuosos pianistas Aldo López-Gavilán y Jorge Luis Pacheco ratificó que en el jazz no existen las fronteras entre la música culta y la popular. Demostraron ser verdaderos concertistas, dominan una técnica de alto nivel desde la perspectiva moderna con aportes.

La cultura nos une, ayuda a la paz.

Dos virtuosos en escena: Aldo López-Gavilán y Jorge Luis Pacheco.

Sin duda, “la cultura artística se mueve en el tiempo por ciclos en espiral ascendente”. Esta máxima del maestro Leo Brouwer -compositor indispensable en las piezas ejecutadas por el guitarrista Alí Arango-, fue patentizada por la Sinfónica de la Universidad de las Artes adscrita al Lyceum Mozartiano de La Habana, el saxofonista Yosvany Terry y su sexteto Afrocubano y la cantante Aymée Nuviola. Son conscientes los creadores e intérpretes cubanos que el gusto estético no se improvisa, requiere aprendizaje, descubrimientos, estudios.

El bloqueo impuesto por los gobiernos estadounidenses durante casi seis décadas ha impedido que fluyan de manera sistemática vínculos indispensables de cercanía y compenetración entre los pueblos de Cuba y los Estados Unidos. Sin embargo, los activan esas vías generosas, cálidas, de larga permanencia, que son la cultura y los nuevos sentidos que se le da al arte, en tanto es considerado como espacio de reflexión, entrenamiento, búsqueda de identidades y análisis de problemas; los cuales al ser cotidianos, frecuentes, median y determinan la proyección del mundo que configuramos a diario.

Ciertamente, muchos de los artistas de la delegación ya habían actuado en el Kennedy, entre ellos Omara Portuondo y el Ballet Nacional de Cuba, pero en esta oportunidad asistió la más amplia delegación que se haya presentado en los Estados Unidos y lideró una especie de descubrimiento para comprender la dimensión de nuestros baluartes y las acciones provechosas para mostrarlos al mundo.

La cultura nos une, ayuda a la paz.

Ethiel y su orquesta Miguel Faílde mostraron la riqueza del danzón cubano.

No es un secreto que las relaciones dialógicas afirman los circuitos de legitimación y las convenciones contextuales establecidas. Con nuestros valores artísticos hemos estimulado la inteligencia y la capacidad de observación de los públicos estadounidenses. Somos un ajiaco en permanente ebullición, tengamos presente la verdadera dimensión de ascender hacia el pensamiento abstracto desde las vivencias concretas. Deviene una acción impostergable y se construye en la práctica cotidiana.

El propósito inclusivo de la delegación demuestra que debemos buscar diversidad para lograr unidad. Sin distancias ni olvidos “hablan” las obras de los maestros Manuel Mendive y Roberto Fabelo, de la familia López Nussa y Los Van Van, filmes clásicos del cine cubano y otras manifestaciones. En esencia, una rica muestra de lo autóctono que se reconoce en nuestra patria y allende los mares.

 

La cultura nos une, ayuda a la paz.

Lo culto y lo popular fueron recreados por la Sinfónica de la Universidad de las Artes, adscrita al Lyceum Mozartiano de La Habana.

En la gala inaugural del Festival, el embajador de Cuba en Washington, José Ramón Cabañas, expresó: “La cultura ha sido una especie de puente de compromiso entre Cuba y Estados Unidos. Es nuestra esperanza que eso siga siendo así. Nacida de una mezcla de culturas, la nacionalidad cubana es ecléctica. Si bien es cierto que los nacidos en el país caribeño tienen un talento casi natural para las artes, debe reconocerse que durante los últimos 60 años el Estado ha invertido decisivamente en desarrollar esa capacidad.

“Los cubanos creemos que la cultura es el idioma común en el ser interior de cada pueblo, pero también es un lenguaje universal que debe unirnos y ayudar a la paz”.

 


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares