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Publicado el 25 Mayo, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

¿Me gusta o no?

¿Me gusta o no?

Rolando Pérez Betancourt, presentador del programa La séptima puerta -Cubavisión, viernes, 10:30 p.m.-, programa que sigue desfavorecido en el diseño de programación. (Foto: uneac.org.cu).

Por SAHILY TABARES

Por doquier las pantallas se multiplican  de manera vertiginosa y el ritmo acelerado de las ciencias impone una rápida obsolescencia de saberes diversos que motivan múltiples interrogantes.

Los públicos –más perceptores que receptores–, no se mantienen solos ni aislados, existe una mediación compleja de instancias comunicativas y proposiciones que les propone diferentes formas de apasionarse, pues en la esencia de todo acto narrativo ocurre una transformación de sentido ante otras realidades y variados modos de contar.

Cultura y entretenimiento no tienen que ser un par antagónico en la televisión. Prepondera, en ocasiones, un reclamo de valores per se, como la belleza o sus dimensiones actuales: lindo, bonito, atractivo, sin estimar que cada puesta es un grupo de valores en sí misma, por tanto, requiere una evaluación del producto-mensaje televisual en su conjunto.

Reducir la complacencia al despeje de la interrogante: ¿me gusta o no?, impide ver, descubrir, temáticas, asuntos, tendencias estéticas, innovaciones formales y disímiles narrativas transgresoras, pues lo relacionado con la noción realidad social tiene más de un sentido.

De acuerdo con la profesora y artista mexicana doctora Katya Mondoki: “son formas de comunicación estética los gustos, los artefactos, los rituales, los sonidos y las palabras cuyo fin es producir sentido y significación desde la sensibilidad de los sujetos involucrados”.

Si el diseño de programación no siempre facilita que las mayorías vean, comprendan, disfruten, determinados espacios, se pierde la posibilidad de cautivar a públicos diversos.

Una de las emisiones poco favorecidas es Signos (Canal Educativo 2, Lunes, 4:45 p.m.). Obras y artistas de las artes visuales, cultores de diferentes estilos, escuelas, tendencias, lideran en los escasos 15 minutos de una propuesta que merece la atención sistemática de profesionales y aficionados.

El propio desarrollo de la sociedad y la complejidad de las tecnologías propician formas diversas de comunicación, en particular las referidas a códigos y canales. Sin duda, hay que multiplicar espacios y posibilidades de lecturas.

Otro programa del mismo canal, Hábitat, (Viernes, 4:30 p.m.) propone un acercamiento sin precedentes a los comportamientos, modos de vida, y la protección de la flora y la fauna de áreas protegidas del país. No obstante, tampoco es visibilizado en un horario de alta audiencia, ni se retransmite.

Por otro lado, si logró buscarse un “acomodo” para que La película del sábado (Cubavisión, 9:30 p.m.) pueda sintonizarse más temprano, ¿por qué La séptima puerta (viernes, 10:30 p.m.) sigue desfavorecida en el diseño de programación. En este espacio, el crítico Rolando Pérez Betancourt, guionista y conductor, analiza filmes que mueven a la reflexión, explica el concepto de la puesta y su jerarquía de valores.

De mano en mano circulan películas, series, programas extranjeros, que responden a las lógicas mercantiles del consumo, la banalidad y el entretenimiento fatuo.

En el escenario mediático coinciden nuevos sistemas de transmisión de contenidos audiovisuales, se complementan redes digitales, telefonía, Internet, dispositivos inalámbricos, y lo cual conlleva a transformaciones en los sistemas de producción, distribución y recepción, hay que estar alertas a la omnipresencia de las pantallas, a lo que muestran y como lo muestran.

También la ocupación del tiempo frente a estos artefactos tiene consecuencias en la percepción del entorno, pues se generan experimentaciones diversas y cada persona debe desarrollar su perspectiva analítica con plena conciencia de sus necesidades e intereses en tanto activo contribuyente a la interpretación de los mundos simbólicos.

La TV cubana debe lograr un balance general que considere los horarios y los géneros de espacios preferidos por la mayoría, junto a los concebidos para públicos más específicos. En su conjunto, la programación tiene que dialogar sistemáticamente con un sentido cultural, no lo olvidemos: los gustos se pueden transformar desde la TV que se hace día a día.


Sahily Tabares

 
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