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Publicado el 15 Mayo, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

TELEVISIÓN

¿Pacto con la danza?

Reflexiones sobre el programa Bailando en Cuba 2. Jóvenes entre 15 y 30 años lideraron en el espacio producido por RTV Comercial, con guion de Lil Romero y dirección de Manuel Ortega, secundados por un amplio equipo creativo
¿Pacto con la danza?

Daniela Rojas y Gleyner Jesús Delgado, la pareja ganadora.

Por SAHILY TABARES

Fotos: MARTHA VECINO

Desde la remota Antigüedad hasta la era tecnológica, las imágenes constituyen incentivos poderosos que permiten a los humanos ampliar sus conocimientos sobre el universo circundante. Ellos captan el significado de lo visto, mediante las capacidades interpretativa y emocional. La acción danzaria –arte del movimiento ejercido por el cuerpo y los objetos circundantes– conforma un sistema de elementos plásticos, espaciales, dramatúrgicos, que demanda reacciones emotivas dada la dinámica proyección de esa manifestación artística.

Así lo demostró Bailando en Cuba 2 (Cubavisión, domingo, 8:30 p.m.), en el habanero teatro Astral, devenido escenario televisivo, donde compitieron 16 parejas, tras una rigurosa selección entre 50 aspirantes. Jóvenes entre 15 y 30 años lideraron en el espacio producido por RTV Comercial, con guion de Lil Romero y dirección de Manuel Ortega, secundados por un amplio equipo creativo. Lamentablemente, los créditos fueron poco legibles, debido a la tendencia recurrente en la TV de diseñar letras pequeñas con un escaso contraste en el fondo visual.

El nuestro es un pueblo bailador, esta condición arraigada en generaciones contribuyó al seguimiento del programa por simpatizantes de quienes llegaron entusiasmados desde varias provincias. Además, en diferentes épocas las experiencias profesionales en danza contemporánea, ballet y folclor, han legado un acervo estético que establece interrelaciones de especialidades en compañías, escuelas y grupos profesionales. Asimismo, se ha logrado una dialéctica de retroalimentación técnica y artística, teniendo en cuenta el desarrollo de la amplia gama de expresiones a todo lo largo de nuestro archipiélago.

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Los acreedores del premio de la popularidad.

De todo ello son conscientes quienes estimularon retomar el proyecto cultural de Bailando… En la segunda temporada se privilegió la diversidad coreográfica; de alguna manera junto a los bailarines también compitieron creadores de esta especialidad, pues de unos y otros dependió la espectacularidad de las puestas televisuales.

Razones y esencias

No es lo mismo ser bailarín que bailador popular, por ello una práctica del programa fue ampliar el universo cognoscitivo de profesionales y aficionados, con elementos novedosos, fundamentaciones teóricas, metodologías, variantes creativas de diferentes estilos. Decisión meritoria, pues poco se visibilizan en la TV conceptos sobre lo cubano en ejecuciones danzarias. Y el Ballet de la Televisión merece una mayor presencia en las emisiones habituales, sus integrantes dominan técnicas de movimientos de la cadera, los brazos, las manos, todo el barroquismo gestual que nos caracteriza.

¿Por qué las audiencias debieron esperar a la segunda temporada de Bailando… para disfrutar de este tipo de espectáculos si otrora han enriquecido el discurso televisual? ¿Han faltado ideas, proyectos novedosos o el impulso necesario –más que tecnología– para acometerlos?

En esta oportunidad, la propia cantera de los bailadores propició a los coreógrafos el despliegue de saberes que cada intérprete interiorizó en consonancia con su formación y cultura. Al parecer, durante las 13 jornadas de competencia prevaleció la identificación de las parejas en beneficio del trabajo conjunto.

Lo demostraron con talento y versatilidad los ganadores: Daniela Rojas O’Farril y Gleyner Jesús Delgado Nápoles (pareja 9), ambos estudian folclor en la Universidad de las Artes. Como premio han sido invitados a participar en la coreografía Carmina Burana, que estrenará Crea Dance Foundation de Barcelona, en septiembre próximo.

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Maidelys Martínez y Eduard Zaldívar, también finalistas.

Por su parte, las parejas de Zaida Ayrresiel Medina-Jorge Luis Calvaire Cuba (la número 13, premio de la popularidad) y Maidelys J. Martínez Romero-Eduard Zaldívar Valdés (la 15) llegaron a la recta final. Como estímulo, ambas actuarán en el Festival Salsa Casino Mayan Congress, en Cancún, México.

Múltiples razones y esencias identitarias influyeron en el proceso creativo del espacio dirigido intencionalmente a cautivar el interés de las mayorías, con ritmos y sonoridades de la buena música cubana. Este propósito debe seguir revelándose de manera sistemática en la programación, con un sentido orientador.

Las clases magistrales de figuras relevantes del Conjunto Folklórico Nacional y del Ballet Nacional de Cuba, entre otras personalidades e instituciones, contribuyeron al conocimiento de nuevos códigos y lenguajes danzarios. Quizá esa relación entre bailarines y maestros debió aprovecharse mucho más, no solo en el aspecto emotivo, sino como posibilidad para entender, descubrir, aprehender escrituras del cuerpo, cruces teatrales y la transgresión de fronteras creativas.

Desarrollar una estrategia de aproximaciones sucesivas a la visión ecuménica, híbrida, múltiple, de los fenómenos culturales seguramente influirá en el desarrollo de los bailarines premiados y de quienes demostraron condiciones para seguir en el camino elegido siempre que mantengan el espíritu de superación.

Por otro lado, el afán de abarcar una amplia proyección sociocultural –loable, sin duda– lesionó el ritmo en algunos programas y secciones. En estos faltó la focalización, entendida como la modalidad de regulación narrativa que orienta el modo de contar el relato.

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Camila Arteche, Carlos Solar y Marlon Pijuán, conductores.

Grandilocuentes fueron en ciertos momentos las referencias a la participación del pueblo de Cuba en el programa; la generalización resultó poco verosímil, más convincentes fueron los mensajes emitidos por las redes sociales.

La conducción de Camila Arteche, Carlos Solar y Marlon Pijuán propició el juego con las expectativas de los públicos y, salvo determinados excesos –proyectar no exige gritar–, contribuyeron al disfrute de las competencias y los dictámenes del jurado integrado por Santiago Alfonso, Lizt Alfonso, Susana Pous y Lourdes Ulacia.

Legados perdurables        

La sección teórico-práctica de Roclan, director de la compañía Revolution, mostró la vigencia de grupos portadores de tradiciones en Guantánamo, Santiago de Cuba, Camagüey, Villa Clara y la Isla de la Juventud. Un acierto notable constituyó colocar en el medio televisual la creatividad, el esmero y la pasión de quienes defienden nuestra memoria cultural, las raíces y el modo como las transmiten a las generaciones. Sin duda, el programa constituye un punto de partida para seguir indagando en la vida de bailarines destacados de los siglos XX y XXI.

¿Son desconocidas estas raigambres por las mayorías? ¿Por qué reportajes y documentales realizados en los telecentros no amplifican esta riqueza ancestral?

Como han reconocido investigadores y expertos de varias disciplinas, hay que continuar redescubriendo el barroquismo gestual del cuerpo que Lam recreó en su pintura, la espiritualidad expresada por Nicolás Guillén en su poesía, y la valía de Carpentier en narrativas e investigaciones sobre la música; ese legado nutre la técnica y la creación danzarias.

¿Pacto con la danza?

Roclan y su compañía Revolution realzaron el espectáculo televisual.

Quienes dominan saberes de todas las disciplinas de esa manifestación pudieran expresarse con mayor libertad, riqueza, variedad.

No por azar el programa alentó el acercamiento a la moda, al diseño de vestuario, a las obras de renombrados cultores de las artes visuales, como Manuel Mendive y René Portocarrero.

Estimular nuevas formas de decir con un sentido abarcador de la cubanidad estuvo entre los preceptos de emisiones dedicadas a la música infantil, el son, la rumba y el sucu-sucu. En varias ocasiones se privilegió la obra de compositores que rompieron con los moldes melódicos, armónicos y textuales de sus respectivas épocas.

El desarrollo de la sociedad, las herramientas tecnológicas, propician la apertura de canales y códigos, en un sistema de reglas que permiten a los públicos la decodificación de los mensajes. El mayor porcentaje de nuestras sensaciones lo recibimos por medio de la vista y del oído, ver, escuchar, interpretar los valores culturales es un requisito indispensable para establecer la comunicación.

Y los realizadores de Bailando… son conscientes de que la cultura, en tanto sistema de valores y productos materiales, se crea, utiliza, modifica y conserva, mediante las más variadas formas de la comunicación.

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Lizt Alfonso, Susana Pous, Lourdes Ulacia y Santiago Alfonso integraron el jurado de Bailando en Cuba 2.

Sin embargo, no siempre las puestas privilegiaron que la tendencia en TV debe ser a un primer plano de evidencia y no a un plano general de sugerencia estética. Por supuesto, de ningún modo esto significa que se rechace la belleza formal de las imágenes, pero nunca puede sacrificarse la evidencia por la belleza. Nunca debe olvidarse que la obra artística no es una suma de indicios, sino un sistema, una estructura, los públicos deben apreciarla en su conjunto y en sus particularidades.

El pacto con la danza propuesto por la TV cubana es oportuno. Potenciar la dimensión cultural del entretenimiento mediante la información y el pensamiento estético sin duda construye un puente de comunicación sólido, al servicio de las mayorías, de la cultura patria y del proyecto social que defendemos.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares