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Publicado el 28 Junio, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

Carteles en la memoria

La publicidad de estrenos cinematográficos produjo en Cuba valiosas obras, ahora expuestas
Cine, Cuba: carteles en la memoria.

Han conquistado las galerías, aunque se les extraña en otros espacios. (Foto: ADOLFO IZQUIERDO).

Por RAÚL MEDINA ORAMA

El samurái sostiene un cráneo, con adusta actitud shakesperiana –¡oh, ser o no ser!–; la katana en la cintura, pero empuñada con mano firme, anuncia que el dilema del nipón está relacionado con la violencia en Trono de sangre (1957), largometraje de Akira Kurosawa. A contrapelo, otra imagen produce desasosiego por la ausencia de personas: un pequeño triciclo abandonado en la oscuridad, con un rastro rojo bajo las ruedas. ¿Y si por el único haz de luz se asoma un espectro de esos que merodean en El resplandor (1980), de Stanley Kubrick? ¡Solavaya!

La fuerza expresiva lograda en los carteles de cine realizados en Cuba durante la segunda mitad del siglo XX, y también por algunos recientes, es reconocida por especialistas de museos y galerías de Italia, Francia, Estados Unidos, España, así como por coleccionistas privados. Entre ellos está el director norteamericano Francis Ford Coppola, quien además de su bizarro surtido de calcetines, guarda con celo una buena provisión de afiches promocionales producidos allende los mares. Por ellos sería capaz de rechazarle una oferta al mismísimo Vito Corleone.

Si estuviera en La Habana por estos días, el creador de la saga El Padrino acudiría goloso al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), como llegan a diario numerosas personas que quieren disfrutar de la exposición La memoria diseñada, abierta hasta mediados de agosto en el segundo piso del edificio de Arte Cubano. Allí se enmarcaron más de 240 carteles concebidos entre 1960 y 2017 por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). La muestra, curada por Sara Vega y Laura Arañó (con la colaboración de Daymar Valdés), está auspiciada por la Biblioteca Nacional José Martí, el Proyecto Cartel-On y la Cinemateca de Cuba, que celebra de esta manera su aniversario 58.

Cine, Cuba: carteles en la memoria.

Afiche promocional creado por Nelson Ponce. (Foto: nelsonponce.com).

Esa última entidad, vinculada al Icaic y dedicada al estudio y fomento de la cultura audiovisual, ha sido un actor relevante en esta historia gráfica, pues ha propiciado la exhibición de grandes obras universales que tuvieron aquí sus correspondientes carteles. El devenir de la cinematografía mundial hasta inicios de los años 2000, pudiera ser contado a través de tales afiches.

Ciertamente –y esto ha de ser dicho más, porque nada surge de la nada–, antes de fundarse la primera institución cultural de la Revolución del 59, ya varios diseñadores, entre los cuales destacó Eladio Rivadulla, elaboraban pasquines de películas. Sin embargo, las distribuidoras preferían dibujos de los actores estrellas, para promover los abundantes filmes mexicanos, argentinos y norteamericanos. Cuba era, según la representación dominante, la alegre tierra de la música y los cañaverales.

Eduardo Muñoz Bachs inauguró una nueva época con su cartel de Historias de la Revolución (Tomás Gutiérrez Alea, 1960). La estética del dibujante, pintor e ilustrador se convirtió en una de las más reconocidas por los cinéfilos, pero no fue la única que floreció. Como vemos en la actual exhibición del MNBA, durante los años 60 y 70 se experimentó un desarrollo inusitado que acercó al ámbito popular carteles con influencias del abstraccionismo, el expresionismo, el minimalismo y otras corrientes y estilos, al punto de que el escritor Alejo Carpentier calificara a ese cuerpo de creaciones como “una pinacoteca al alcance de todos”, la cual atrajo a artistas de renombre como René Portocarrero, Raúl Martínez y Servando Cabrera.

Parte del espacio expositivo de La memoria diseñada ha sido ocupado por otros creadores activos durante aquellos años: Antonio Fernández Reboiro, René Azcuy, Antonio Pérez, Alfredo G. Rostgaard, Rafael Morante, Julio Eloy Mesa, Pedro González Pulido… Todos idearon novedosas soluciones para sugerir, más que denotar, los sentidos ocultos de los filmes. Mediante la serigrafía, una técnica de impresión casi artesanal, con pocas tintas, colores planos y textos cortos conformaron metáforas visuales.

Durante la inauguración, el crítico Nelson Herrera Ysla elogió la muestra, según él una confirmación de “las virtudes de un arte, un oficio y una técnica que se han situado con toda la legitimidad en prestigiosos espacios museísticos del mundo”. Él espera ver, y pronto, los carteles cubanos de cine como parte de la colección permanente del MNBA, “para una mejor comprensión de nuestra cultura y la reivindicación definitiva de tal legado”.

Cine, Cuba: carteles en la memoria.

Este personaje es una presencia habitual entre los cartelistas cubanos de cine, entre ellos el maestro Muñoz Bachs. (Foto: Icaic)

Un acierto de las curadoras de La memoria… es no quedarse en la “arqueología” de glorias pasadas, sino ofrecer un mapa de esta expresión –aquejada de altibajos a partir de la crisis económica de los 90, cuando se redujeron las filmaciones de películas y las tiradas de sus carteles– hasta la actualidad.

En el umbral de los 2000 otras generaciones emergieron en el contexto del diseño gráfico. Algunos de sus integrantes muestran obras en el Museo Nacional de Bellas Artes, entre ellos Giselle Monzón, Raúl Valdés (RAUPA), Michele Miyares, Alejandro Rodríguez, Alberto Nodarse, Víctor Junco, Roberto Ramos y Claudio Sotolongo.

Para el notable ilustrador Nelson Ponce exponer en el MNBA es un gran honor: “Idear carteles de cine me apasiona, comencé a estudiar diseño influido por esas obras clásicas de la gráfica cubana, que cuestionaron la línea difusa entre esta profesión y el arte”, dijo a BOHEMIA. Sin embargo, él añora ver más afiches cinematográficos en las calles, porque “ahora mismo no pasa, es contradictorio, ha devenido objeto de culto, de galerías, y ha perdido su espacio natural”.

Quizás el reciente nombramiento de la colección de carteles de la Cinemateca como Patrimonio Cultural de la Nación, impulse la multiplicación entre nosotros de estas obras gráficas. Mientras, haríamos bien en regresar al museo para sumergirnos en la vastedad de estéticas que durante más de medio siglo han acompañado los estrenos audiovisuales, un matrimonio feliz en la memoria de los cinéfilos cubanos.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama