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Publicado el 12 Junio, 2018 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

MAYO TEATRAL 2018

Imágenes de una escena compartida

El arte de las tablas volvió a conquistar adeptos. Las sedes se llenaron casi en su mayoría, a pesar de las pertinaces lluvias en La Habana y en las otras provincias elegidas -Matanzas, Santa Clara y Cienfuegos-, hacia donde se extendió el evento
Imágenes de una escena compartida.

Caballas, del grupo Macubá, de Santiago de Cuba, dirigido por Fátima Patterson, Premio Nacional de Teatro. (Foto: vistarmagazine.com).

Por ROXANA RODRIGUEZ TAMAYO

La 10ª Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, organizada por la Casa de las Américas, convidó a un nuevo encuentro con lo más sobresaliente de la escena regional.

Aun con las sobriedades económicas que pesan sobre la mayor de las Antillas, el reciente proyecto curatorial, liderado por la teatróloga y pedagoga Vivian Martínez Tabares, no dejó de ser minucioso y de elevadísima calidad artística. Propuso una selección lucida y la más exigua de los últimos años. Las sedes se llenaron casi en su mayoría, a pesar de las pertinaces lluvias en La Habana y en las otras provincias elegidas (Matanzas, Santa Clara y Cienfuegos), hacia donde se extendió el evento.

Si bien en el capítulo precedente (2016) se distinguió el trabajo en equipos; la entrega del presente año versó sobre un tópico central: el vínculo indisoluble entre proceso y resultado, como razón y práctica para examinar, cuestionar y denunciar las realidades de nuestros países y su trascendencia universal. De manera que cada agrupación participante, a partir del desmontaje de sus respectivas obras, confrontó con sus homólogos los avatares de la transformación de la idea a suceso teatral.

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Hij@s de la Bernarda impresionó por el talento y la organicidad de sus intérpretes para integrar el teatro y la danza flamenca. (Foto: ABEL CARMENATE/Casa de las Américas)

Creadores y colectivos de Argentina-España, Chile, Bolivia, Martinica, México, Brasil y Puerto Rico, congeniaron con la nómina cubana, conformada por espectáculos diferentes en estética y conceptos, pero sin duda, muy notables.

Entre los proyectos del patio cabe mencionar Diez millones, escrita y dirigida por el Premio Nacional de Teatro Carlos Celdrán; Jacuzzi, de los holguineros de Trébol Teatro, bajo la batuta de Yunior García; Cuatro y Retablillo de Don Cristóbal y Señá Rosita, ambos montajes de Rubén Darío Salazar junto a Teatro de las Estaciones.

La riqueza y gracia del cubano tampoco faltó en este ejercicio de reconocimiento y reflexión que viene a ser el arte de las tablas, en obras como Caballas, de la Premio Nacional de Teatro Fátima Patterson, e inspirada en la poética del artista de la plástica Alberto Lescay; El banquete infinito, de Alberto Pedro Torriente, que refrendara el equipo de Raúl Martín, Teatro de La Luna; La cita, invitación escénica del Centro Promotor del Humor, con Osvaldo Doimeadiós en el rol de director.

Al margen de estas líneas quedó CCPC La República Light, de El Portazo, que de manera inexplicable y sin excusas, en su único espectáculo se arrogó el derecho de admisión solo a invitados, de forma que los acreditados al evento, incluida la prensa nacional, no alcanzaron a rebasar el umbral del Café Teatro Bertold Brecht.

De allende: aquí y ahora

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Esta fiesta de la escena latinoamericana y caribeña también convidó a releer a los clásicos, con los montajes de El Divino Narciso (México), de Sor Juana Inés de la Cruz. (Foto: ABEL CARMENATE/ Casa de las Américas).

A la escena boricua se tributó un homenaje, justo en momentos en los cuales la nación caribeña vive un difícil escenario social, político y económico no solo por su estatus de colonia estadounidense, sino por las adversidades que todavía desuelan a sus habitantes tras el azote del huracán María.

La Casa de las Américas confirió el premio El Gallo de La Habana a la maestra portorriqueña Rosa Luisa Márquez, del colectivo Tojunto, luego de las funciones de Las hij@s de la Bernarda, espectáculo sensorial que entrelazó el teatro, la danza flamenca y las artes visuales, e instó a decodificar y recontextualizar el original del granadino Federico García Lorca.

Como ella, otros teatristas retornaron a la Casa; tal es el caso del actor, dramaturgo y director escénico Hernán Gené, argentino-español que discurrió sobre la vida y la muerte en Mutis, relectura de los textos de William Shakespeare; y la actriz Tania Farias, líder del grupo brasileño Tribu de Actuadores Ói Nóis Aqui Traveiz, que presentó el performance ¿Dónde? Acción Nº 2, alegoría poética de creación colectiva que reflexionó sobre los desaparecidos del golpe cívico-militar de 1964 en Brasil, y el dolor generado por la dictadura.

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Los conflictos de la mujer y la violencia hogareña marcaron la esencia de Animales Domésticos, unipersonal protagonizado por Piti Campos. (Foto: CAMILO BANIEGAS/ Casa de las Américas).

Sobre parecida cuerda y profundas heridas indagaron los chilenos de Mateluna-Fundación Teatro a Mil, con la obra Mateluna, dirigida por el dramaturgo y director escénico Guillermo Calderón, quien asumió desde el arte la corrupción que subsiste en el poder judicial de su país.

Coherencia e intertextualidad se entretejieron en El Divino Narciso, de las mexicanas de Teatro de La Rendija, bajo la batuta de Raquel Araujo. Sin duda, un espectáculo sugestivo, hermoso y, sobre todo, pleno de juego visual y de significados, producido por las iridiscencias de inmensos espejos. La pieza interpela, requiere al espectador contemporáneo a partir de un texto escrito, en el siglo XVII, por Sor Juana Inés de la Cruz.

Lo autorreferencial devino concepto reiterado en diversos montajes, tanto nacionales como extranjeros. Igualmente, los conflictos de la mujer, sus preocupaciones, anhelos y la situación de vulnerabilidad ante la violencia, hallaron tribuna de confrontación en la mitad de las puestas. Así ocurrió en Animales domésticos, el unipersonal defendido por la boliviana Piti Campos, del espacio-proyecto LATEscena, coordinado y dirigido por Andrea Riera.

Paralelo a las funciones en plazas públicas y salas, Mayo Teatral dedicó un aparte a las exposiciones de artes visuales y documentales, a las presentaciones de libros y al más reciente número de la revista Conjunto. Desarrolló las acostumbradas sesiones teóricas con un programa de talleres, impartidos por destacados creadores foráneos.

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También llegó a La Habana Mutis (Argentina-España), basado en textos de William Shakespeare. (Foto: ABEL CARMENATE/ Casa de las Américas)

El ser latinoamericano y caribeño, sus apremios y esencias en medio de un contexto social y político adverso, se impusieron en los singulares estilos de asumir y entender el teatro desde el compromiso y la responsabilidad que implica hoy movilizar conciencias y visibilizar las problemáticas más acuciantes de la contemporaneidad. Mayo Teatral es y será la plataforma para tales propósitos; enhorabuena, hasta el próximo reencuentro en 2020.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez