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Publicado el 24 Junio, 2018 por Randy Cabrera-Díaz en Cultura
 
 

DANZA

Miguel Iglesias: obsesión por un bailarín perfecto

Una conversación con el Premio Nacional de Danza 2018 nos acerca a su concepto estético y a otras valoraciones sobre el arte dancístico
Miguel Iglesias: obsesión por un bailarín perfecto.

Treinta y cuatro años de experiencia lo convierten en uno de los grandes maestros de la danza en Cuba. (Foto: LEYVA BENÍTEZ) .

RANDY CABRERA-DÍAZ

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Todo nervio es este hombre, contaminado con el arte dancístico: lo muscular como materia y posibilidad combinatoria del cuerpo. Y aunque ahora no baila, cuando habla sus gestos todavía buscan algunas formas en el aire; poesía de brazos acompaña esa conversación que no cesa: lúcida, rápida, cubanísima. Teórico de lo ingrávido, de la naturaleza felina en lo humano; “danzadicto”, se justifica. Quien habla, en lo siguiente, es Miguel Iglesias…

El bailarín ideal

“Yo aspiro a tener en Danza Contemporánea de Cuba, la compañía que dirijo, un bailarín con el físico de Usain Bolt, la inteligencia de Albert Einstein y la voluntad de Fidel Castro, quien dijo una frase tan romántica como aquella: ‘Con 12 hombres ganamos la guerra’, y lo hizo; que tenga un sentimiento, una sensibilidad artística e interpretativa como la de Shakespeare. Pero es difícil encontrar todas estas virtudes en una sola persona. No existe en Cuba ni en ninguna otra parte del mundo el bailarín ideal desde mi perspectiva; éste deberá ser un intérprete capaz de convertir lo físico muscular en un acto poético, aunque de manera natural: un leopardo, cuando caza, no intenta ser elegante, simplemente lo es”.

Vivir la danza

“‘Siente, no actúes. Esto es una mentira, pero tienes que vivirla como si fuera una verdad’. Es una frase que me dijo Roberto Garriga, y no la olvido. Tuve la suerte de recibir una clase de actuación el mismo día de mi primera lección de danza. En mi formación tengo de Stanislavski y su técnica, el sentimiento de Brecht, el teatro experimental de Jerzy Grotowski. Mi método nace de la acumulación de expresiones, es una amalgama contaminada de elementos dispersos que conforman una visión propia [nos habla de la búsqueda constante del conocimiento universal, es decir, fáustica]. A mis bailarines les enseño a sentir más que interpretar, a vivir más que actuar”.

Una escuela cubana

Miguel Iglesias: obsesión por un bailarín perfecto.

Suite Yoruba, obra cumbre de Ramiro Guerra. (Foto: granma.cu).

“La técnica que enseñamos en las compañías y academias tiene elementos de la cubanía, de ese folclor que es saber de pueblo. Por ejemplo, las posiciones abiertas, pero hacia el centro del cuerpo, recuerdan las evoluciones del Íreme (diablito abakuá), el barroquismo en el movimiento de los brazos nos remite a los bailes bantúes… Así, la fusión de elementos clásicos, contemporáneos y folclóricos desdibuja las fronteras entre la danza moderna y los bailes autóctonos populares.

“Ramiro Guerra, fundador de lo que es hoy Danza Contemporánea, buscó un contenido nacional para sus obras, lo cual propició la evolución de un concepto artístico diferente, con otras influencias. Si en la técnica de la maestra norteamericana Martha Graham el centro del plexo solar (ahí se inicia la fuerza motora de los movimientos corporales) recae sobre el estómago, en Cuba lo encontramos en la pelvis, donde el cuerpo se dobla e imita la sinuosidad de los bailes de los orishas. En Suite Yoruba, obra de Ramiro, la técnica y el folclor estaban separados. Pero en trabajos posteriores, entre ellos Chacona, los movimientos de la cadera surgen como recurso fundamental de su planteamiento dancístico. El contenido de otras piezas suyas: Orfeo antillano, Medea y los negreros, son temas literarios de la cultura universal enriquecidos con el imaginario del Caribe.

“Cada director de Danza Contemporánea después de Ramiro imprimió a sus coreografías el sello personal. No obstante, la sistematización de lo que pudiera llamarse técnica cubana prevaleció. La maestra mexicana Elena Noriega ayudó a dosificar la enseñanza académica.

“Cuando llegué a esta compañía había tres profesores; uno de ellos, Eduardo Rivero, tenía una preparación eminentemente clásica, pero enseñaba ese elemento articular de la técnica cubana: la ondulación de la espina dorsal. También estaban Arnaldo Patterson, con profunda influencia yoruba, y Gerardo Lastra, quien utilizaba un método de estudio ortodoxo. Sin embargo, no creo que exista una fórmula única, si tenemos en cuenta que cada intérprete es un universo artístico individual, y solo en él se perciben los resultados, siempre diferentes, de cualquier educación.

“Aunque algunos todavía intentan unificar los disímiles procedimientos, yo no creo preciso buscar una síntesis. Lo único común para todos debe ser el bailarín, la expresión de su cuerpo. En él lo universal y lo autóctono se mezclan en una nomenclatura que produce el arte individual, que es, al fin, la representación espiritual de un territorio; una cosmovisión”.

Miguel Iglesias: obsesión por un bailarín perfecto.

Su concepción del arte como lenguaje universal, la pluralidad de influencias, se funden en una visión personalísima de la poética corporal. (Foto: Sitio web de DCC).

Diseños del cuerpo

“Todo está en la capacidad imaginativa: si el bailarín, en la caída luego del salto, imagina que aterriza en la densidad y amortiguación del aire contenido dentro de un globo, si siente su cuerpo apenas posarse sobre ese globo, no caerá al suelo de la misma manera; si al ondular un brazo siente lo acuoso de las formas de agua, esa densidad dinámica, el movimiento será poesía física. El espacio es una cama elástica: el cuerpo debe adoptar sus formas”.

Crear movimiento

“Isidro Rolando, Gerardo Lastra y yo fuimos los fundadores de la cátedra de danza en la Universidad de las Artes; Rosario Cárdenas también pertenece al equipo. Nuestra idea era determinar perfiles: el de profesor, el de coreógrafo, el de crítico… Sí, incluir también personas que escriban de la danza, pero desde la participación misma; debe experimentar el dolor físico del bailarín, la extenuación, para luego recrearla en palabras con la mayor fidelidad. Finalmente, no concretamos el proyecto, y una posible especialidad en creación coreográfica quedó solo en la idea.

“Quizá individualmente sí exista una escuela de coreógrafos cubanos; algo como la herencia de esos grandes maestros que ya mencioné y que se ha transmitido, como saber tribal. La calidad existe, y los elementos generales sobre la historia de la danza y la composición coreográfica están incluidos en el programa que imparte la academia, lo cual es un gran acierto, y eso se evidencia en las nuevas generaciones, aunque el talento individual determina la evolución”.

Miguel Iglesias: obsesión por un bailarín perfecto.

La apuesta de DCC es fusionar el folclor nacional con las diversas expresiones culturales del mundo. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Danza futura

“Jamás me he preguntado hacia dónde va este arte, pues estoy muy ocupado con el aquí y el ahora, lo inmediato. En el panorama internacional hay críticos que hablan de una ‘no danza’. Jérôme Bel, destacado coreógrafo francés, ha creado obras donde danzar es un elemento aleatorio, poco perceptible; mientras, da prioridad a un argumento puramente conceptual. Esto lo acerca a formas expresivas que exigen un público cada vez más especializado. Para mí se trata, sobre todo, de un acto mediante el cual se transmite conocimiento desde el cuerpo, su arte, hasta el espectador; el público debe nutrirse de todo ello. En nuestra compañía el interés principal no es buscar formas novedosas sin criterio; se trata, antes, de entender nuestro origen y desde ahí encontrar otros horizontes”.

La posibilidad infinita

“Como maestro, lo más satisfactorio es lograr en el alumno la experiencia límite: que en sus búsquedas supere las de quien le enseña. Cuando cesa el baile activo, el conocimiento, que es la acumulación de experiencia, se hace materia nutritiva, transmisible. Entonces el fin último, el de enseñar, se transforma en la consagración primera. Y la posibilidad infinita de la danza, del arte, resulta una repetida transustanciación en el otro”.


Randy Cabrera-Díaz

 
Randy Cabrera-Díaz