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Publicado el 20 Julio, 2018 por Randy Cabrera-Díaz en Cultura
 
 

LITERATURA

Anverso y reverso

Lecturas de Verano salió una vez más al espacio público, aunque no con la misma relevancia de otras ediciones
Anverso y reverso.

A algunos jóvenes les gustó el recorrido virtual por la vida del Apóstol. Un uso más extendido de las nuevas tecnologías podría aumentar su interés por la literatura.

Por RANDY CABRERA-DÍAZ

Fotos: ALEJANDRO RODRÍGUEZ LEIVA/ ACN

El período vacacional habanero comenzó oficialmente en la calle 23, rambla cultural de la ciudad con las ya tradicionales Lecturas de Verano. En sus intersecciones, como la avenida G, se ubicaron ofertas gastronómicas, carpas de libros, actividades infantiles. El Parque del Quijote acogió exhibiciones y tertulias literarias.

Diversas editoriales ofrecieron obras de autores nacionales e internacionales, que se pusieron al alcance de los transeúntes cerca de las paradas de ómnibus y en esquinas. Espacio Tatuado fue una de las tertulias; en ella varios poetas contemporáneos leyeron sus versos para un grupo heterogéneo que luego se recreó con un momento musical.

Todo lo anterior es cierto, pero reducir lo ocurrido a lo aquí descrito sería faltar a una ética de lector que indica una molestia cercana al sentimiento de pérdida. En realidad, esa feria del pasado viernes 29 en La Habana, fue el cuerpo mal alimentado de un evento que antaño revolucionaba el ambiente capitalino.

Hubo libros, sí; y un recorrido virtual sobre la vida de José Martí. No obstante, faltó el interés de una concurrencia que pasaba por calles y parques, que observaba aquel montaje sin importarle, como si fuera algo sabido de memoria.

No es una falta imputable al público. Tampoco es asunto de limitarnos a señalar con el dedo el esfuerzo de las instituciones encargadas de organizar estas actividades culturales; sin embargo, de nuevo su empeño no cubrió las expectativas y propósitos.

Habría que analizar el mecanismo, hallar la pieza suelta, el fallo en el contacto entre las instituciones de la cultura y un público que cada vez busca más otras opciones de esparcimiento diferentes a las tradicionales. No tenerlo en cuenta provoca que no prosperen iniciativas como la referida. Por ejemplo, en la tertulia literaria la reacción de los presentes, de por sí escasos, no se podía apreciar muy cercana al disfrute.

Es antológico el debate sociocultural sobre el tema. La búsqueda de soluciones para un mayor acercamiento al público está sobre la mesa de cada organismo asociado a la promoción de la actividad cultural; pero ¿qué falla todavía? ¿Por qué en las carpas de libros solo dos o tres personas hojeaban los tomos que se presentaban?

Anverso y reverso.

Esta imagen refleja la escasa concurrencia de público en horas de la tarde.

Quien escribe este comentario estuvo dos horas sentado en el Parque del Quijote viendo pasar el tiempo y la gente. Algunas personas con las cuales conversé opinaron que nada atractivo encontraban en aquel lugar. Para sintetizarlo, diría que este inicio de las Lecturas de Verano en La Habana se sintió como cualquier otro, ya tantas veces repetido, con su misma estructura, con las fracturas de siempre.

Hubo música, sí; hubo venta de libros a precios módicos, entre ellos unos pocos clásicos. Pero la promoción in situ no existía, el programa cultural era débil y carecía de suficientes propuestas llamativas, sobre todo para los jóvenes.

Años atrás, yo esperaba un cuarto, media hora, para comprar una obra de publicación reciente (no un volumen repetido en las últimas cinco ediciones de la Feria Internacional del Libro). Luego, bajo un árbol –otros también lo hacían–, leía, disfrutaba el placer alcanzado mientras sonaba una canción de la trova. Algo así de simple, como la felicidad en el rostro de las figuras galantes en un cuadro de Fragonard.

Ojalá, en lo adelante, la programación de verano supere el inicio pálido y se refuerce en los espacios donde se ha quebrado.  Entonces el eslogan Lo lees, lo vives alcanzará a cubrir, en todo sentido, la validez de su enunciado.


Randy Cabrera-Díaz

 
Randy Cabrera-Díaz