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Publicado el 4 Julio, 2018 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO

Como la vida misma

Singular estética y concepto exploran actores y actrices de emblemático colectivo cubano
Como la vida misma.

Fueron muy destacadas las interpretacionesde Elizabeta Domínguez y Haydeé Ramírez, en La teoría del todo.

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: Cortesía del grupo

La habanera compañía Hubert de Blanck convidó a activar todos los sentidos en un montaje – ¿o montajes?- que asume un nuevo concepto de entender la creación escénica. Se trata de Microteatro Habana, proyecto emprendido por los más jóvenes de este colectivo, liderado por Orietta Medina.

Como tendencia, microteatro es una propuesta que transforma el formato, la duración, las condiciones espaciales y, en general, el concepto de lo que estamos acostumbrados a advertir en una puesta tradicional. Está integrado por varias obras diferentes que ocurren simultáneamente, entre 10 y 15 minutos, en una sala de no más de 15 metros cuadrados de extensión, con apenas 15 espectadores. Tal proximidad con los actores y actrices genera cierto halo de complicidad, siempre diferente y singular.

Esta modalidad escénica surgió en 2009 en Madrid, cuando el director de teatro y televisión Miguel Alcantud (recordado por las series El internado y Águila roja), junto a su equipo, ideó darles vida a los cuartos de un prostíbulo abandonado. En cada uno, durante dos semanas, actuaron grupos distintos, centrados en un tema común: la prostitución. Las piezas se representaron tantas veces como el público lo demandó, incluso, algunas rebasaron la docena de repeticiones en un mismo día.

Como la vida misma.

Gabriela Álvarez y Alejandro González exhibieron organicidad y talento en And the Oscar should go to.

El experimento resultó muy atractivo para el público por la brevedad y concisión en el abordaje de ciertos tópicos, y rápidamente se expandió por España y alcanzó a varios países latinoamericanos, en los cuales toma el nombre de la ciudad que acoge la representación. De ahí el título de la propuesta Microteatro Habana.

De un modo sugerente y creativo, la nómina del Hubert de Blanck presentó, en espacios no convencionales de su sede, cuatro  piezas del barcelonés Marc Egea (1973), dramaturgo, guionista, músico y compositor, con un reconocido currículo como escritor de textos dramáticos breves.

Poco antes de comenzar las funciones, en el lobby del teatro los asistentes entran en situación con la descarga de un trovador, mientras degustan un refrigerio o bebida que pueden llevar consigo incluso ya iniciado el espectáculo. La teoría del todo, La última novela del inspector Torres, A fuego lento y And the Oscar should go to (El Oscar debió ser para) fueron las obras elegidas para la temporada.

Todas tienen como eje temático el chantaje, la trampa y la irracionalidad del desenlace. Siguen el rigor dramatúrgico de lo que pudiera ser una buena obra de “teatro largo” (por llamarlo de alguna forma): estructura dramática coherente, giros apropiados, diseño y construcción de los personajes, entre otros elementos.

Como la vida misma.

Sobresalieron también Juan Carlos García y Leonardo Ruíz, en La última novela del inspector Torres.

No obstante, lo más interesante es que logran conmover al espectador, quien por momentos se percibe en una atmosfera opresiva, divertidamente asfixiante o atrapado en un contexto y circunstancia que no le pertenecen, en una suerte de voyerismo comprometido con el conflicto que sacude a los personajes.

Cada representación, aun siendo del mismo texto, nunca es igual; el intérprete se reactualiza constantemente y explora reacciones otras en el público, sin desestimar la unidad del contenido.  La tendencia al minimalismo en los recursos escenográficos, y la iluminación, en apariencia, naturalista y sin estridencias, juegan un rol cardinal y se ponen en función de lo narrado para definir la esencia de cada situación.

Con esta propuesta la joven hornada del otrora Teatro Estudio abre una nueva brecha de exploraciones conceptuales y estéticas, desde la satisfacción de pertenecer a una de las más emblemáticas instituciones de la escena cubana. Ojalá que esta experiencia los inste a retomar el microteatro con un nuevo ciclo de obras.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez