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Publicado el 24 Julio, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ LA TV

Complicidades y mucho más

Los públicos establecen vasos comunicantes entre imágenes, sonidos, y vida cotidiana, lo cual puede situar la producción televisual en una situación movilizadora, menos vertical, en búsqueda de simetrías en las relaciones de diálogo para mover ideas en el escenario social
Complicidades y mucho más.

Un acierto notable es la transmisión de la serie documental La epopeya de Angola, por Multivisión, martes y jueves, 8:50 p.m. Los más jóvenes desconocen esa historia y la ejemplaridad de sus protagonistas. (Foto: tvcubana.icrt.cu).

Por SAHILY TABARES

Los medios de comunicación audiovisuales constituyen fenómenos culturales de trascendencia social. En la actualidad, la información y el entretenimiento son entregados a domicilio.

Durante el verano crece el desafío de complacer a los públicos ansiosos ante la pantalla televisual, con múltiples expectativas. De hecho, los cinco canales nacionales intentan enfrentar el complejo reto. En el empeño participan varios telecentros de manera activa, por lo general con propuestas creativas; se constata en el segmento que privilegia el Canal Educativo (lunes a viernes, de 5:00 a 6:30 p.m.).

El medio siglo de historia del documental latinoamericano poco se conoce. Poéticas, filosofías de científicos, artistas, experiencias enriquecedoras, acciones heroicas, en ocasiones quedan relegadas a los archivos o carecen de oportunos destaques, sobre todo en horarios estelares. Sin embargo, un acierto notable es la transmisión de la serie documental La epopeya de Angola (Multivisión, martes y jueves, 8:50 p.m.). Los más jóvenes desconocen esa historia y la ejemplaridad de sus protagonistas. Contar los relatos vividos propicia entender conflictos, angustias, hallazgos, en un mundo saturado de desigualdades, banalidad, homofobias.

Lo que ocurre, cómo ocurre, no depende únicamente de la narración visual, del género elegido para contar hechos en circunstancias dadas; nunca olvidemos: la cultura constituye un mecanismo de producción de textos que los destinatarios asumen, transforman, en dependencia de sus gustos, subjetividades e intereses.

Durante el período estival crece la complicidad con la TV. Por esto hay que pensar la ubicación de producciones nacionales en determinados horarios: ¿acaso es apropiada la transmisión del programa Una calle, mil caminos (Cubavisión), los sábados, a las dos de la tarde, un horario en los que los jóvenes suelen participar en otras actividades? Se pierde entonces la posibilidad de promover diálogos y reflexiones en cada emisión.

La sociedad cubana está inserta en un escenario en el que descuellan negocios de las industrias de la comunicación (informática, internet, videojuegos, redes sociales) y monopolios generadores de un pensamiento hegemónico.

Para contrarrestar dicho orden desbocado se precisa intencionalidad, el establecimiento de jerarquías artísticas, valores universales. Programas de notable valía apenas se promueven, entre ellos Un palco en la ópera (Canal Educativo, viernes, 9:00 p.m.), que conduce el profesor Manuel Vázquez Millares. Es legítimo ir formando el gusto por la buena música, transmitir un legado de valores y normas de conducta indispensables para toda la vida.

Las tecnologías construyen un nuevo sujeto digital, pues cambia la participación asumida como una práctica cultural en la apropiación y los usos de todo tipo de mercancías. La conjunción de pantallas, ordenadores, videojuegos, familiarizan a los públicos con disímiles modos digitales de acercarse al mundo, a lo cual se añade la conciencia de pertenecer a una región más amplia que al país propio.

Sobre todo durante el período vacacional, para “desconectar” del estrés cotidiano, pululan por diferentes vías el peor reality show, la impúdica invasión del espacio privado, la vulgarización. Otras veces, diálogos almibarados, violencias de todo tipo, adormecen el pensar. Se requiere actualizar la mirada acerca de la praxis del arte, estudiar los procesos culturales sin estancos ni olvidos. Los públicos establecen vasos comunicantes entre imágenes, sonidos, y vida cotidiana, lo cual puede situar la producción televisual en una situación movilizadora, menos verticales, en búsqueda de simetrías en las relaciones de diálogo para mover ideas en el escenario social.

Cada forma artística exige articular la savia de que dispone. Como precisa Flaubert: “Ninguna descripción aislada puede ser gratuita, todas sirven a mis personajes y tienen una influencia lejana o inmediata en la acción”. Esta es una clave para cautivar a espectadores de diferentes países, conectados, en pleno siglo XXI, con la ilusión de la pantalla.


Sahily Tabares

 
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