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Publicado el 4 Julio, 2018 por Randy Cabrera-Díaz en Cultura
 
 

VERANO

Juego de alturas

El programa artístico de la agrupación de teatro callejero Gigantería Habanera resulta una excelente propuesta para estas vacaciones estivales
Juego de alturas.

Ante todo, disfrutan la interacción con los públicos. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por RANDY CABRERA-DÍAZ

Un juego, un medio de trabajo, una danza druida bárbaramente viril… No existe certeza de cuándo ni quién inventó los zancos, pero el hombre los utiliza hace siglos. Pieza para el baile, acto de circo… En Japón se usaban antaño para atravesar la nieve; en la antigua Namur belga, para combatir.

Pero en La Habana, que pronto cumplirá medio milenio, andar en zancos es un arte: vertical, colorido, equilibrista, apasionado. Un arte que tiene su mayor referente en una agrupación teatral nacida con este siglo, un Día de la Madre Tierra, el 22 de abril: Gigantería Habanera.

La compañía tuvo un surgimiento espontáneo, cuando varios artistas de diferentes manifestaciones se unieron para rescatar la tradición colonial de los pasacalles y al unísono desplegar actuaciones de teatro callejero. Así, hace 18 años en el Centro Histórico de la capital se ven hombres y mujeres intentando tocar el cielo.

Más que la altura, la aspiración real de estos virtuosos del equilibrio es interesar al público en el oficio al que se dedican, desde el peligro de la caída, cuatro días a la semana, cada mes; desde el tenue invierno habanero, hasta este sol tenso, vertical, que hiere los adoquines en verano.

Este julio Gigantería abandona sus recorridos habituales para irse, entre los días 6 y 8, a Bayamo, a la primera edición de la Fiesta del Aliñao, evento musical ideado por el cantautor Raúl Torres, quien reclamó la presencia del conjunto. También la agrupación estará presente en los carnavales de esa ciudad, durante los días finales del mes, cuando actuarán especialmente para los niños, y luego acompañarán comparsas y jolgorios.

A principios de agosto los habaneros disfrutarán de la mascarada, la danza, la música, pues los zanqueros tomarán otra vez las calles adoquinadas. Además, el 12 de ese mes se presentarán ante el público infantil, como parte de un programa de actividades promovido por Verdarte, otro proyecto asentado en la capital.

Tradición decimonónica

Juegos de altura.

Cuatro veces a la semana actúan en el centro histórico de la capital cubana. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Para los 14 miembros de Gigantería lo principal es el contacto con la gente. Desde esta perspectiva, la prioridad durante cada presentación es lograr la empatía con el transeúnte, hacerlo sentir parte del espectáculo. Así lo entiende Susana Gil, directora del conjunto, quien declaró en exclusiva a BOHEMIA: “El reconocimiento del público valida el teatro callejero, nos legitima como una expresión que, sobre todo, intenta acercarse a las personas”.

Sus presentaciones itinerantes conjugan rumbas y bailes con elementos propios del teatro y del circo (números de malabares, acrobacias) al tiempo que transitan por la ciudad apropiándose de los espacios, elementos arquitectónicos y lugares de interés (Casa del Perfume, Casa de las Especias…). De ese modo logran la fusión entre la coreografía y el paisaje citadino.

Junto a los habituales zanqueros, varios integrantes de la agrupación encarnan estatuas vivientes, otra forma de arte callejero que, desde el quietismo, ornamenta plazas y esquinas del Centro Histórico de la ciudad. Es, asimismo, otro ejemplo de las posibilidades interactivas de las puestas de la agrupación.

Sin duda, la tradición de las marchas pasacalles surgidas en el medioevo, y de fuerte arraigo en Cuba durante la época colonial, es el sello identitario de Gigantería. Ella rescata el uso festivo (también fue ritual) que le otorgó a esa práctica la comunidad afrocubana durante la colonia. Agrupadas en diferentes cabildos en la villa de San Cristóbal, esas sociedades formadas por esclavos horros salían en procesión el Día de Reyes, costumbre de la cual hay noticias desde mediados del siglo XIX, como consta en grabados antiguos del francés Frédéric Mialhe y en pinturas del español Víctor Patricio Landaluze.

El conjunto apuesta por mantener vivas las tradiciones culturales de La Habana, empeño apoyado por la Oficina del Historiador, entidad que ahora mismo ejecuta un variado y complejo plan de acciones en ocasión del aniversario 500 de esta urbe (cuyo centro histórico es Patrimonio de La Humanidad).

Juegos de altura.

En la sede de Gigantería Habanera, su directora, Susana Gil, refirió que ya proyectan acciones por el aniversario 500 de La Habana. (Foto: RCD).

Con motivo de la celebración, Gigantería prepara dos proyectos destinados a incluirse en las festividades de noviembre del año próximo. Ambas iniciativas abren una convocatoria para todos los artistas del país con interés en participar en una competición de hombres-estatuas, especie de “carrera quietista” por las calles de la ciudad antigua, donde lo fundamental será la creatividad de los disfraces, poses y personajes que se interpreten.

También se realizará La Tarasca, una procesión ritual cuyos antecedentes vienen de la colonia. Se trata de un mito: la representación gigantesca de un monstruo (usualmente la figura de una serpiente con una boca inmensa) que, en peregrinaje por la población, purgaba los males de la localidad y de los lugareños.

Al respecto, afirmó Gil: “A nuestro colectivo le interesa este tipo de actividades, pues ofrecen la oportunidad de tomar lo mitológico, lo histórico, y traerlo a nuestros días. Además, podemos salvar, enriquecer lo folclórico y presentarlo al público de hoy en un contexto diferente”.

Llega el verano, festivo, húmedamente soleado. La Habana, vieja villa de San Cristóbal, transpira bajo el sol vertical. Pero que el calor no te detenga, caminante, ve por las calles de piedra, y mira a lo alto en las esquinas, hacia los árboles: allí descansan a veces, bajo la sombra, hombres tan altos como las ramas. Te esperan para el juego.

Grabados y pinturas de mediados del siglo XIX, creados por Frédéric Mialhe y Víctor Patricio Landaluze, testimonian el uso de zancos durante el Día de Reyes.


Randy Cabrera-Díaz

 
Randy Cabrera-Díaz