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Publicado el 23 Julio, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

Miradas en la primera cita

La Bienal de Lyon desembarca en La Habana, con bidones desbordados, faroles torcidos, escaleras truncadas y una carretera que nadie recorrerá, entre otras obras que integran el proyecto Rendez-vous
Miradas en la primera cita.

Novedosas maneras de concebir el arte, entre ellas las creaciones de Igor Keltchewsky.

RAÚL MEDINA ORAMA

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Sobre la devastación volvió a crecer la hierba. Hay huellas humanas por todos lados, pero ninguna persona a la vista. El paisaje es una explosión de color, y en el desborde cromático los matices son insólitos. El auto de los años 50 semeja una píldora rosada, de azul celeste la piedra en las columnas y arcadas, el cielo parece el de otro planeta. También hay bidones desbordados, faroles torcidos, escaleras truncadas y una carretera que nadie recorrerá. Así imagina la eternidad Igor Keltchewsky, alias Abraham Murder.

El artista multidisciplinar trajo a La Habana sus singulares obras, junto a las de otros nueve jóvenes residentes en Francia, quienes integran la comitiva enviada por la Bienal de Lyon para dialogar con los creadores y públicos cubanos. Llegaron gracias al proyecto Rendez-vous, muestra itinerante y plataforma para difundir a noveles artífices por el mundo, creada en 2002 mediante la alianza entre el mencionado evento e instituciones de la ciudad gala: la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes, el Instituto de Arte Contemporáneo de Villeurbanne/Rhône-Alpes y el Museo de Arte Contemporáneo.

En La Habana Vieja exhiben pinturas al óleo, impresiones digitales, pequeñas esculturas, instalaciones de madera, videoinstalaciones y un juego de computación. La exposición, abierta en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) Wifredo Lam, no tiene un eje conductor en cuanto a temas, pero se aprecian segmentos de lo que puede ser el arte emergente francés, y fueron incluidos los cubanos Jenny Feal, Susana Pilar, el dúo creativo Celia-Yunior y Duniesky Martín, quien participó en la pasada Bienal de Lyon.

Martín presentó allá, y ahora en el CAC, su videoinstalación Legado (2018), perteneciente a la serie Registros colectivos, concebida a partir de una investigación sobre el cine de Hollywood. En cuatro pantallas reproduce los argumentos de una docena de películas –Pecado original, La ciudad perdida, El Padrino, X Men: primera clase…- con escenas inspiradas en la historia de Cuba, mientras se escucha música local de los años 40 y 50 del siglo XX.

“Tienen la peculiaridad de no filmarse aquí, si no en Puerto Rico, República Dominicana, México, España, y tratan de recrear una similitud escenográfica. En mi obra el espectador ve todas las historias mezcladas, no puede diferenciarlas, al mismo tiempo oye una banda sonora que habla de las tradiciones populares de la nación”, explica a BOHEMIA.

Así pretende subvertir “el estereotipo falso de Hollywood sobre Cuba. Es un vínculo de afinidades y contrariedades, un mismo paisaje visto desde dos contextos opuestos, diferentes”. La pieza discursa sobre el poder de los grandes medios para asentar valores en la memoria de los pueblos, sobre todo en una época en la cual se piensan y reproducen ideologías mediante el audiovisual.

Miradas en la primera cita.

Laure Mary-Couégnias se inspira en los pintores franceses de principio del siglo.

Las nuevas tecnologías ofrecen un camino para acercarse al hecho artístico, e Igor Keltchewsky lo recorre de múltiples maneras. Además de la pintura Immobile, devant l’eternité (2018, impresión digital sobre papel), descrita al inicio de esta reseña, él protagonizó un performance durante la inauguración, al aparecer ante los espectadores bajo la máscara de su alter ego, el cantante Abraham Murder. Ese personaje protagoniza el videojuego Panorama, en el cual uno puede compartir la odisea del músico para grabar una melodía que soñó.

Si completas varias acciones obtienes una puntuación y el acceso a una web que te premia con la descarga de la canción. Según Keltchewsky, “es una metáfora sobre las buenas ideas que no puedes concretar, la lucha del artista por expresarlas y lograr su permanencia”.

Éléonore Pano-Zavaroni también estimula la participación de los públicos. Ideó una pieza conformada por centenares de misivas que esparció en el piso del Lam. Para ella esos documentos son una ventana abierta a otra dimensión.

“Es muy importante involucrar a muchas personas en mi trabajo, así lo cuidarán como yo. Las cartas contienen mensajes escritos por colaboradores en diversas partes del mundo, y los cubanos que las lean pueden añadir sus más intensas emociones. Luego recogeré todo y lo publicaré en un libro”.

En la institución habanera hay igualmente creaciones de Anne le Troter, Laure Mary-Couégnias, Nathalie Muchamad, Marion Robin, Ludvig Sahakyan, Thomas Teurlai, Victor Yudaev, Amélie Giacomini y Laura Sellies.

La curadora de Rendez-vous y del Museo de Arte Contemporáneo de Lyon, Isabelle Bertolotti, explica a esta revista que el proyecto ha viajado por ciudades como Singapur, Shanghái, Beijing. “Siempre tratamos de escoger países de difícil acceso para los artistas que trabajan en Francia…”.

Durante su acercamiento a la escena artística criolla apreció que los cubanos “son muy creativos y profesionales, a pesar de las difíciles condiciones para conseguir materiales”.

Hasta mediados de agosto usted puede ser testigo del diálogo entre creadores noveles de ambos lados del Atlántico. Rendez-vous significa cita, y ojalá este sea el primero de muchos encuentros con el arte emergente galo.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama