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Publicado el 1 Agosto, 2018 por Randy Cabrera-Díaz en Cultura
 
 

DANZA

Arquitecturas del cuerpo

El arte dancístico moderno otorga a los paisajes urbanos y patrimoniales una nueva dimensión simbólica y estética. En La Habana, el espacio público se reconfigura en escenario, al igual que en las civilizaciones antiguas
Arquitecturas del cuerpo.

Una técnica contemporánea: la bailarina ejecuta un salto simétrico. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Por RANDY CABRERA-DÍAZ

Un salto, un giro como de pájaro: una figura humana ondea, extiende las extremidades en alguna dirección que indica la infinitud del cielo; luego gira, golpea sobre el suelo, cae y levanta el polvo; su danza anda en círculos, en fuga recorre la cumbre alcanzada. De nube en nube se eleva un cuerpo, que no lo pueden apresar los ojos…

Oficio divino

La piedra, 10 000 años atrás, fue superficie donde el hombre primitivo dibujó la forma humana en movimiento, en las pinturas rupestres de la Gruta de Gabillou, en Francia. En la comarca egipcia Deir el-Medina –pueblo de los constructores de las pirámides– se encontró en una roca calcárea la silueta de una bailarina arqueada y desnuda: sueño erótico de un obrero, tal vez el mismo que tallaría luego en la cámara mortuoria del faraón Tutmosis I la imagen de este para la eternidad.

Arquitecturas del cuerpo.

Egipcios y griegos otorgaron al baile motivos religiosos. (Foto: muyhistoria.es).

Los antiguos egipcios bailaban ante sus templos. Al margen del río Nilo establecían contacto con lo sagrado en un trance de hipérboles imitativas de la fertilidad y la muerte. El rito concertaba las formas, las formas constituían el arte.

En Delfos, ciudad griega, doce mozas se unían a igual número de atenienses, y guiadas por música de flautas subían al monte Parnaso en bailes de ebriedad y desnudez para el culto de Dionisos, deidad del vino, protector de la urbe, santuario de la Pitonisa: mujer que mediante contorsiones alucinadas halaba las túnicas de los dioses en busca de respuestas para los hombres. Todavía hoy pueden verse mujeres bailar como las pitias.

Sacerdotes y sacerdotisas establecieron la conjunción de música, baile y magia en una dimensión ritual todavía perdurable. Las del presente son las mismas oscilaciones inductivas al trance del ejecutante: un acceso del individuo a un mundo de espíritus que transmite luego al espectador hipnotizado ante la ductilidad ondulatoria de los miembros. El bailarín se convierte en médium.

La danza del futuro es presente histórico

Arquitecturas del cuerpo.

La mitología clásica fue argumento en varias de las presentaciones ocurridas en la capital cubana el pasado abril. (Foto: RCD).

En la época clásica griega existieron más de 200 tipos de eventos dancísticos (populares, religiosos, deportivos, dramáticos) que tenían como escenarios los conjuntos arquitectónicos de las polis: el ágora, los templos, el teatro. Precisamente de aquella práctica deriva la visión moderna defendida por coreógrafos estadounidenses como Martha Graham e Isadora Duncan.

Igual que su compatriota, Graham comprendió en los rituales el origen, y la posibilidad de transformar la dancística contemporánea. Esta coreógrafa entendió la mecánica del cuerpo como ente primigenio, pero siempre en evolución a dinámicas continuas.

A inicios del siglo XX, las investigaciones aplicadas a la motilidad humana establecieron el material didáctico para los presupuestos modernos de las relaciones entre espacio, ejecutante y público. El coreógrafo y científico austriaco Rudolf Von Laban describió las líneas, patrones, formas geométricas y trayectorias espaciales durante el desplazamiento humano. Su estudio originó el concepto de la kinesfera, área tridimensional que ocupa el cuerpo y que está inserta en un ámbito más general, del cual depende y toma su forma (la de una calle, un edificio, una plaza).

Otras aportaciones fueron las de Merce Cunningham, aprendiz de Graham, quien recuperó el ballet clásico como medio de conocimiento corporal, y estableció así el diálogo definitivo con el paisaje, al aceptar todos los elementos del entorno, su caos y aleatoriedad. La multiplicidad espacial sustituyó a la caja escénica: la danza fue libre.

En este marco se inscriben las obras de la también estadounidense Trisha Brown, quien asume espacios no convencionales y específicamente urbanos. En su obra Walking on the Wall, bailarines con arneses sobrevuelan la fachada de un edificio; en Roof Piece cada ejecutante se ubica en el techo de una edificación, a la vista de compañeros que, en la armonía más perfecta entre la arquitectura y el cuerpo, deben continuar la coreografía transmitida desde la azotea precedente. Esta pieza conjuga lo que el ser humano construye y lo que es: la fusión de todo arte.

Arquitecturas del cuerpo.

Ménade ejecutando una danza báquica. (Foto: pinterest.es)

Isadora Duncan, antes de destruir su carrera por excesos pasionales y depresiones, esbozó su propio concepto. Sus ideas, entonces criticadas y omitidas, actualmente influyen en la estética de las muestras posmodernas. “La bailarina no pertenecerá a una nación, sino a toda la humanidad […] Danzará la vida cambiante de la naturaleza […] Ella bailará nuevamente el cuerpo emergiendo de los siglos de desmemoria de la civilización”.

En 2011, como parte de una serie de performances organizados en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), desde el punto más elevado del inmueble centenares de personas observaron el suelo, la arena blanca sobre él. Allí abajo, como un pincel recto, expandido en su punta, la bailarina belga Anne Teresa de Keersmaeker les dibujó con sus pies, danzando, una flor.

Arquitectura en movimiento

La capital de Cuba fue otra vez, el pasado abril, un teatro desplegado. La arquitectura de esta urbe dictó las secuencias de los bailarines participantes en la edición 23 del festival Habana Vieja: Ciudad en Movimiento. Sus lugares fueron, en la hiperrealidad, coreógrafos actuantes que proyectaron sus formas, y las recibieron con molde humano.

Este evento se realiza desde el año 1995, coordinado por la Compañía Danza Teatro Retazos, bajo la dirección de Isabel Bustos. El programa de la cita anual incluye conferencias y talleres, exposiciones de artistas de la plástica, así como muestras de video-danza que acompañan las presentaciones en parques y calles.

Porque el espacio es el secreto; en su contacto el artista absorbe la traslación. Así, las formas volubles del bailarín cubren, en ondas cerradas y dobleces, aquellos límites que la constitución humana no alcanza en sus dimensiones estáticas. Entonces toma los rasgos físicos del paisaje que le sirve de fondo. Desde ese punto, la narrativa del movimiento refleja los caracteres arquitectónicos circundantes. Dos manos elevadas, cerradas sobre la cabeza con la punta de los dedos, bien pueden ser el arco ojival de una iglesia habanera; y una cargada recrearía una columna jónica que sostuviera un friso de mártires.

Arquitecturas del cuerpo.

Martha Graham es considerada una renovadora de la danza moderna. (Foto: onlineon-ly.christies.com).

La arquitectura crea un sentido al llenar un espacio; el desplazamiento estético en ese entorno es un orna-to que ofrece una visión de éxtasis al transeúnte. El equilibrio, la amplitud de la base, las curvas y sinuosidades, las posturas rectas, son asociaciones entre la belleza de la anatomía humana en divina representación y la escenografía. La danza en lo urbano es una forma de habitar poéticamente.

Pero este acercamiento poético incluye al espectador, pues su aproximación directa al bailarín le posibilita apreciar el fluido de la fuerza cinética de la coreografía: percibe la ciudad, sus lugares, desde la composición mimética. Esta fusión entre las bellas artes y el público reafirma el valor del patrimonio artístico y cultural propio de La Habana, en tanto las personas aprenden a sentir más que a transitar por una plaza, una calle, o un monumento; los redescubre.

Proyectos de este tipo activan la participación social y potencian el acceso masivo a la cultura. El espacio público sirve, además, para la integración cívica, al tiempo que recupera su dimensión simbólica en la identidad compartida.

Danza en Paisajes Urbanos se inserta dentro de la red Ciudades que Danzan, proyecto de origen español cuyo objetivo es humanizar las ciudades, revalorizar su patrimonio arquitectónico y fomentar el intercambio artístico. Para lograrlo realizan 28 festivales en 40 ciudades del mundo. En Europa y Latinoamérica funcionan anualmente varios eventos de este tipo: Sobresaltos, en Panamá; Alegre Alegrete, en Río Grande do Sul, Brasil; y The Workshop, en Alemania…

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Edificios coloniales y fuentes compusieron el decorado de cada coreografía del festival Habana Vieja: Ciudad en Movimiento. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

No es casual entonces que La Habana de medio milenio, maravilla arquitectónica y patrimonial, cada año cuente con la presencia de bailarines con diferentes lenguas, costumbres y religiones, pero con un elemento común: el cuerpo en sus asociaciones infinitas –herramienta para el dibujo.

Piedra, piel; una túnica de tul lanzada, vuela, azul, hasta envolver una nube. Y luego baja. Mientras, otra mujer envuelta en esa misma madeja de tejido al suelo cae, casi en trance –como las pitias– con una piedra en la mano. A la sombra de un árbol la gente mira, interrogante, así como el hombre antiguo en la ciudad griega de Delfos. Pero esta es la calle Mercaderes –calurosa, colonial, extemporánea–, en La Habana tropical de 2018.

PASIÓN EN MOVIMIENTO

Buena parte de quienes hoy cultivan la llamada danza urbana o callejera (sin negar la asimilación de esta por instituciones con fines comerciales, e incluso por academias) no son profesionales y ni siquiera se han formado en escuelas de arte. Probablemente no conozcan estas palabras de la renovadora Martha Graham: “Siento que la esencia de la danza es la expresión del hombre: el paisaje de su alma. Espero que cada baile que haga revele algo de mí misma o algo maravilloso que un ser humano pueda llegar a ser”.

Sin embargo, al verlos bailar sentimos que cada uno expresa, de manera espontánea, sus sentimientos, su sentido de la vida. A lo largo de décadas esos danzantes han aportado elementos y técnicas que han contribuido a la cristalización de diversos estilos. De acuerdo con el sitio https://www.academiajazzdance.com/danzas-urbanas, entre ellos se encuentran los siguientes:

Breakdance: Asociado al Hip Hop, generalmente poco estructurado y sí con alta dosis de improvisación.

Locking: Se caracteriza por congelar movimientos rápidos, sosteniendo una posición específica, y luego continuar con la velocidad anterior.

Popping: Pertenece a los llamados Funk Styles, consiste en movimientos marcados, como los de un robot, los cuales se combinan con diversas posturas y efectos visuales.

El Krump o Krumping: Forma relativamente nueva de danza negra urbana. Es libre, con movimientos enérgicos y expresivos del torso y la cadera.

Dancehall: Tiene su origen en las danzas africanas y caribeñas. Es un baile muy sensual.

House Dance: Utiliza música House (surgió en los pasados años 80 y emplea instrumentos electrónicos). Se basa en la improvisación y complejos trabajos de pies, combinados con movimientos fluidos y rítmicos del torso.

Waacking: Es una derivación del estilo musical Funky. Se baila con amplios movimientos de brazos y manos, a gran velocidad, alrededor del cuerpo.

Vogueing: inspirado en el famoso video Vogue, de Madonna, se ejecuta con figuras de líneas y ángulos, principalmente con los brazos, imitando las poses de los modelos con una expresión facial de seriedad.


Randy Cabrera-Díaz

 
Randy Cabrera-Díaz