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Publicado el 9 Agosto, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

LITERATURA

Domesticados por un libro

Permanencia de un texto imprescindible: el Principito, bestseller traducido a más de 250 idiomas y dialectos, y casi tan difundido como la Biblia y el Corán
Domesticados por un libro.

En Cuba ha tenido numerosas reediciones.

Texto y fotocopia: RAÚL MEDINA ORAMA

Acaso un rostro dibujado en la arena, un espejismo con cara de niño divisado en el horizonte del desierto. Eso fue El Principito antes de convertirse en un bestseller traducido a más de 250 idiomas y dialectos, casi tan difundido como la Biblia y el Corán.

Aunque de su autor, el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), prefiero Vuelo Nocturno, cuando sea necesario abrir un libro a mis hijos no dudaré al incluir entre los primeros la narración corta sobre el pequeño soberano de un asteroide.

Pienso lo anterior cuando escribo estas líneas, porque el rubicundo infante sobrevuela librerías y medios de comunicación de Cuba durante las semanas de agosto, gracias a El Libro del Mes, iniciativa de varias instituciones culturales (ICL y los ministerios de Cultura y Educación)  para promover la lectura.

Presentaciones, charlas y reimpresiones de los textos son algunas de las bocanadas de aire previstas para estimular la bibliofilia de los cubanos. Habría que añadir pronto, creo yo, la publicación de volúmenes inéditos y atractivos, novedades literarias, y no solo reeditar aquellos considerados como clásicos.

¿Qué tiene El Principito, a sus 75 años, para continuar como una presencia entrañable y recurrente en anaqueles, tatuajes de muchos admiradores y en los muros de Facebook? ¿Por qué sigue alimentando los argumentos de series de televisión, obras de teatro, óperas, ballets y largometrajes de ficción?

El texto fue publicado en  abril de 1943, en inglés y francés, por la editorial estadounidense Reynal & Hitchcock, mientras que la gala Éditions Gallimard no pudo difundirlo hasta 1946, tras la liberación del dominio nazi. La primera impresión cubana se concibió en 1968 y desde entonces ha sido republicado varias veces.

En el libro se narra la historia de un piloto accidentado en el Sahara, allí conoce a un jovenzuelo, quien le pide insistentemente que le dibuje un cordero. Es el insólito arranque de un relato sobre la travesía del infante por “el universo”, periplo en el cual descubre cómo ven la vida los adultos, y comprende el valor del amor y la amistad.

Una galería de personajes, encontrados por el Principito en su recorrido, refleja distintas actitudes humanas: el rey y su necesidad de poder; el borracho y su absurdo círculo vicioso -bebe para olvidar la vergüenza de beber-; el hombre de negocios y su estéril contabilidad; el farolero afanoso; el geógrafo erudito que, sin embargo, no conoce bien el suelo donde pisa; el vanidoso solitario…

Saint-Exupéry escribió su obra más famosa con estilo sencillo y directo, privilegiando el punto de vista de un niño. Sin embargo, está llena de sugerencias y parábolas que lo convierten en un texto para todos, sin cerco generacional. Las ilustraciones creadas por el propio aviador-narrador expanden el sentido de un libro capaz de comunicar de múltiples maneras.

¿Quién puede olvidar aquel aserto dicho por el zorro al protagonista? “No se ve bien si no es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, resuena como una de las frases célebres de la literatura.

Pero nunca lo supo Antoine de Saint-Exupéry. En 1944 fue derribado sobre el Mediterráneo, y así terminó la vida del humanista francés. Nosotros quedamos en compañía de El Principito, domesticados como el zorro de la historia.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama