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Publicado el 23 Agosto, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

MÚSICA

Este no es otro disco de jazz

Propuesta vanguardista, alimentada por la tradición. Viene de un joven que piensa que los sonidos se pueden mirar, porque “llegan tan adentro en el sentimiento humano, que uno puede ver escuchando”
Este no es otro disco de jazz.

De la mano de su padre, el artista visual Alberto Lezcay, conoció el jazz y apreció la pintura, influencias constantes en su obra.

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Fotos: Cortesía del artista

Das play a la música y lo que sucede es una explosión de matices, ritmos, silencios. ¿Colores? Cuando una vez le pregunté si se podían mirar los sonidos no dudó en responder afirmativamente: “Llegan tan adentro en el sentimiento humano, que uno puede ver escuchando”. Esta idea ha sido constante durante la carrera de Alberto Lezcay, compositor e instrumentista.

Hijo del notable pintor y escultor homónimo, santiaguero como él, recién presentó Escape (2018), su primer fonograma oficial junto a su agrupación Formas. El álbum está en el mercado cubano con la bendición de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem), la Fundación Caguayo y Zona Jazz.

Es difícil dar una nota diferente en el amplio panorama de este estilo en Cuba, pero Lezcay lo consigue con una propuesta en la cual articula naturalmente el folclor afrocubano con la música electrónica y la tradicional. Sus espectáculos son notorios también por imbricar la imagen y el sonido mediante diseños de iluminación sincronizados con la música y videos.

NuJazz le dicen a la franja de sonoridades que desde finales de la década de los años 90 amalgaman elementos jazzísticos con otras vertientes, como el funk, soul, música electrónica, o la libre improvisación. Este creador se siente cómodo con tal etiqueta, aunque insiste en destacar la raigambre afro de su obra.

Este no es otro disco de jazz.

A la trompeta añadió los teclados y el vocoder (sintetizador de voz), muy usado en la música electrónica y contemporánea.

Ciertamente, sus habilidades fueron alimentadas durante el recorrido por todo el sistema de la enseñanza artística nacional –en la especialidad de trompeta-, mas, su inspiración es de naturaleza ancestral, puede rastrearse en su propia familia y el entorno de Santiago de Cuba, ciudad muy famosa por la trova tradicional y la conga, que asimismo ha dado notables jazzistas.

Invasión, primer track del CD, es un punto de arranque poderoso y una declaración de intenciones: tambores, cornetines y teclados crean una atmósfera densa y enérgica, que reverencia la fraternal competencia entre barrios en los carnavales santiagueros.   

En el disco hay otros homenajes personalísimos: Mariposita de primavera, a Miguel Matamoros y la trova tradicional; Infant eyes, al norteamericano Wayne Shorter; y Vuelo de Lam, al pintor cubano Wifredo Lam, epítome isleño de la transculturación. Controversia, notable también por su mano a mano de metales, y Voces tristes incluyen la letra poderosa del buen Hip Hop.

Los invitados del CD son de lujo: César López en el saxo, Miguel Núñez al piano, la cantante Zule Guerra interpretando Madre, remanso a mitad del agitado recorrido sonoro. Además, Ángel Toirac (órgano); César Echevarría, El lento (tres); Rafael Bou, El individuo (rapero); Irán Farías, El menor (percusión afrocubana); José Ernesto Hermida (bajo) y Esteban Puebla (guitarra eléctrica y productor musical).

Con su ópera prima, Alberto Lescay deja testimonio de ser un compositor de intereses ilimitados. En algún que otro tema devuelve a los amantes del jazz las ganas de bailar, en todos nos recuerda que ese género en Cuba siempre ha sido espacio para la experimentación, una fuerza tremenda entre los sonidos del mundo.

Ver más en: https://www.youtube.com/watch?v=nbbZyBKq424


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama