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Publicado el 21 Agosto, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

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Historias incómodas

La puesta británica Doctora Foster (Multivisión, de lunes a viernes, 3:00 p.m.) presentó -en dos temporadas, de cinco capítulos cada una- especificidades y formas de legitimación de las agresiones que parten de considerar a las féminas como seres inferiores y propiedad de los hombres, a quienes deben respeto
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Historias incómodas.

En Chicago PD, de manera paulatina, las tramas se tornan fatales y truculentas, sostenidas apenas por tonos humorísticos o melodramáticos. (Foto: calle13.es).

Por SAHILY TABARES

No hay nada más codiciado que el secreto de los demás. En ocasiones, en él se agazapa la violencia, esta lacera el ser, destruye la vida de los humanos y las familias.

Durante el verano, en la programación televisiva se incluyeron filmes, telenovelas, series, en los que lidera el dominio patriarcal; este se asienta y reproduce en una cultura del terror revelada como “violencia contra la mujer por razones de género”, la cual se explícita en las relaciones de pareja y trasciende a las sociedades en los contextos socioeconómico, cultural, político.

La puesta británica Doctora Foster (Multivisión, de lunes a viernes, 3:00 p.m.) presentó -en dos temporadas, de cinco capítulos cada una- especificidades y formas de legitimación de las agresiones que parten de considerar a las féminas como seres inferiores y propiedad de los hombres, a quienes deben respeto; tal realidad fue visibilizada en los discursos dramatúrgico y filosófico, y en la concepción del resto de los recursos expresivos vistos en pantalla.

El equipo de realización alertó sobre el valor connotativo de las acciones del agresor manifestadas en violencia física, sexual, psicológica.

Dichos presupuestos se expresaron durante la presentación de la serie en objetos (espejuelos, ropas íntimas, pañuelos) colocados en una corriente de agua, que devinieron códigos de producción simbólica sobre la pérdida, el abandono.

La ficción motivó a reflexionar sobre las relaciones de la pareja y con los hijos, los procesos de comunicación, las operaciones del intercambio social, las matrices de identidad y los conflictos articulados por la cultura.

Un aspecto esencial del relato es la necesidad de que refiera una historia, la cual, necesariamente, debe desarrollarse en el curso del tiempo, y progresar hacia su fin; de igual modo, los acontecimientos se encadenan de acuerdo a una secuencia lógica que implica el transcurrir temporal, los personajes, de manera directa o indirecta, son enfrentados a diferentes disyuntivas.

No lo olvidemos, coexisten junto a las formas canónicas televisivas otros formatos que mezclan maneras de contar clásicas e innovadoras: distracción-utilidad, ficción-realidad, subjetividad-objetividad. Todos operan en nuestras percepciones, hay que comprender el argumento, los conflictos de los personajes, las atmósferas de las escenas, pues los públicos son partícipes interactivos ante cada mensaje.

Desde otra perspectiva, se repiten las mismas fórmulas en los policiacos norteamericanos, por ejemplo en Chicago PD (Multivisión, lunes a viernes, 9:30 a.m.). De manera paulatina las tramas se tornan fatales y truculentas, sostenidas apenas por tonos humorísticos o melodramáticos.

Esta, entre otras historias, no solo tiene entre sus propósitos incomodar y alertar contra la violencia. Aunque la literatura y el arte se usan como instrumentos o blancos de la guerra cultural, el objetivo de la estrategia diseñada por el imperialismo contra otros países, se enfoca en los modos de vida, las conductas, las apreciaciones sobre la realidad y aquello que tiene una expresión en la vida cotidiana.

Tampoco perdamos de vista que lograr una homogeneización al estilo estadounidense siempre ha sido una variante dentro de las aspiraciones de la clase dominante en aquel país.

Recordemos, además, que las tecnologías digitales abren infinitas posibilidades a la creatividad y la imaginación, de tal manera que en el universo audiovisual -en el cual circulan productos comunicativos no trasmitidos por la TV tradicional- se hacen borrosas las fronteras entre la ficción y lo real con todas las consecuencias derivadas del hecho.

Los productos culturales y la información que se consumen requieren una selectiva labor personal y esta puede ser el inicio de un proceso de producción expresiva mediante la interactividad de las redes.

Por doquier se potencian la vida y la dignidad de los seres humanos. En las generaciones crece la conciencia sobre la urgencia de forjar una cultura de justicia de género, en beneficio del amor y el respeto a la diversidad. No obstante, las historias incómodas siguen inquietando, la red es, ante todo, humana, y no puede existir si no es mediante y por los sedimentos culturales que se concretan en los artefactos técnicos y la práctica de la multitud de usuarios productores de sentido. Es preciso estar alertas.

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Sahily Tabares

 
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