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Publicado el 13 Agosto, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

CINE

Los sentidos del límite

Acercamiento al filme Sergio y Serguéi, del director Ernesto Daranas
Los sentidos del límite.

Tomás Cao demuestra organicidad en su desempeño.

Por SAHILY TABARES

Fotos: Cortesía del Icaic

La memoria y sus múltiples significaciones ofrecen información sobre lo que fue y trasciende al espacio-tiempo del presente. De esto son conscientes quienes proponen reflexionar, mediante una trama audiovisual, acerca de lo ocurrido en 1991 durante los inicios del período especial; así, los protagonistas del relato sufren múltiples incertidumbres tras la desintegración de la antigua URSS y entrar Cuba en una gran crisis económica.

¿Cómo enfrentar obstáculos, silencios, angustias y otros sentimientos humanos? Esta interrogante acompaña las peripecias de Sergio (Tomás Cao), radioaficionado y profesor de Marxismo, quien no sabe qué hacer para reorientar su vida y sacar adelante a su familia. Mientras, Serguéi (Héctor Noas), el último cosmonauta soviético, se encuentra casi olvidado en la averiada estación orbital Mir. Sus equipos de radio les permiten comunicarse, y entre ellos surge una amistad que los ayudará a enfrentar los dramáticos cambios de sus países respectivos. Al mismo tiempo, el norteamericano Peter, vigilado por la CIA y el FBI, ofrece elementos para ilustrar su connotación anticomunista.

Los sentidos del límite.

Héctor Noas asume múltiples desafíos al interiorizar un soviético devenido ruso.

En su interés por “restaurar la autoestima nacional”, propósito reconocido por el director Ernesto Daranas, guionista junto a su hermana Marta, ambos arman una tragicomedia rica en peripecias; estas remiten a la construcción de lo real, al establecer relaciones con la textura de la vida.

El sujeto (voz en off) que cuenta la historia reviste un denso protagonismo dramático, pues sostiene la espesura del punto de vista en el relato. No por azar se trata de Mariana (Ailín de la Caridad Rodríguez la interpreta en la niñez), la hija adulta de Sergio, ella anticipa que el viaje llegará a puerto seguro, y los protagonistas lograrán su fin: vencer las dificultades.

Fiel a los preceptos del género dramático elegido -la tragicomedia-, el filme dice, recuerda, alerta.

Todas las emociones entran en juego, incluso los sentidos del límite, pues el arte no es un tratado sociológico, revela cualidades formales, conceptuales, actitudes, normas de conducta, las cuales suscitan preocupaciones y expectativas de los humanos.

Los sentidos del límite.

El Ramiro de Mario Guerra, un estereotipo extremo.

En más de una acción subordinada –mal llamadas subtramas-, la reiteración de obviedades, diseños caricaturescos -extremismos siempre oportunistas-, atentan contra el discurso dramatúrgico y, aunque aprendimos a reírnos ante las situaciones extremas, el tránsito por el túnel merecía una ficcionalización más productiva.

La vigilancia a la que es sometido el protagonista pierde fuerza por el énfasis exagerado en una situación que busca, al parecer, la risa pronta, el disfrute de una tensión sobrecargada. Tampoco debió olvidarse profundizar en otros conflictos de Sergio, los cuales quedan apenas en el esbozo, como el libro censurado o una mayor riqueza de diálogos con su alumna Paula (Camila Arteche).

Ciertamente, la trama facilita el paso de la dicha al infortunio, de la ignorancia al conocimiento, hasta llegar a la catarsis que devuelve instrucción y un sinfín de emociones.

Daranas nunca abandona su fidelidad a la documentalística, a las experiencias vividas por generaciones, y esta filiación enriquece la aseveración propositiva de colocar en la balanza lo racional y lo emotivo.

Los relatos ficcionales, aunque extremen sus rasgos particulares, deben tener verosimilitud, pues su textura es de temporalidad similar a la de la vida. Dicha esencia la asume el equipo de realización desde la visualidad fotográfica, que responde a las necesidades narrativas del relato; la cámara deviene un personaje con miradas cenitales, devuelve una luz amarilla, tenue.

Los sentidos del límite.

Ana Gloria Buduén y Ailín de la Caridad Rodríguez son convincentes en sus personajes.

Son notables los desempeños de Tomás Cao y Héctor Noas, no solo por asumir textos en español, ruso e inglés, méritos indudables, sino debido a la interacción orgánica de los distintos niveles de organización respecto a estados de ánimo, ideas, pensamientos. Desde la actuación, ambos protagonistas patentizan, de acuerdo con Stanislavski que una acción real produce un cambio de las tensiones en todo el cuerpo y un cambio en la percepción del espectador.

Lo que el actor puede reconstruir es la complejidad de la emoción. En este sentido es elocuente la interpretación de Ana Gloria Buduén, en el rol de Caridad, la madre de Sergio.

Una película es todo: visualidad, caracterización de los personajes, sonido, maquillaje, peluquería, dirección de arte, relaciones dialógicas de proyecciones audiovisuales y palabras. Cada elemento responde a una lectura inclusiva de mixturas que hacen meditar o repensar lo visto con una amplia perspectiva, Sergio y Serguéi incitan a ello.


Sahily Tabares

 
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