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Publicado el 22 Septiembre, 2018 por Liset García Rodríguez en Cultura
 
 

Cuba y Estados Unidos, frente a frente (+Video)

Con su mirada escrutadora, el periodista canadiense Arnold August analiza la actualidad de las relaciones entre los dos países en su libro Relaciones Cuba-Estados Unidos ¿Qué ha cambiado?, ya en librerías, y tendrá varias presentaciones en universidades y otros espacios, tras su debut en el Sábado del Libro este 22 de septiembre. En exclusiva aquí el Prólogo de Keith Ellis
Nancy Hernández, vicepresidenta del Instituto Cubano del Libro y el escritor Luis Toledo Sande presentaron el texto en La Habana vieja

Nancy Hernández, vicepresidenta del Instituto Cubano del Libro y el escritor Luis Toledo Sande presentaron el texto en La Habana vieja

Por LISET GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Desde mi primera visita en 1991 a Cuba como turista, me impresionó el pueblo, su manera de pensar, su dignidad y su patriotismo, por eso he vuelto tantas veces, dijo Arnold August en la presentación.

Desde mi primera visita en 1991 a Cuba como turista, me impresionó el pueblo, su manera de pensar, su dignidad y su patriotismo, por eso he vuelto tantas veces, dijo Arnold August en la presentación.

Qué ha cambiado en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, es la pregunta que se hizo el periodista y profesor canadiense Arnold August, para llegar a conclusiones, o tal vez, a aproximaciones acerca de ese complejo asunto, por demás, de larga data. Las respuestas podrán hallarse en su más reciente texto, Relaciones Cuba-Estados Unidos ¿Qué ha cambiado?, presentado en el espacio del Sábado del Libro, este 22 de septiembre, en la calle de madera de La Habana Vieja.

Como aseguró su presentador, el ensayista Luis Toledo Sande, este libro aporta luz sobre la permanencia esencial del imperialismo como sistema afanado en dominar al mundo, ya acuda –no solo si de Cuba se trata– a rejuegos engañosos, como la línea representada por Barack Obama, o a la desfachatez con que Donald Trump encarna la vertiente más groseramente agresiva.

Este texto, con prólogo del Profesor Emérito de la Universidad de Toronto, Keith Ellis, es uno de los que el acucioso escudriñador de la realidad cubana –ha pasado los últimos veinte años de su vida viajando frecuentemente a Cuba–, ha publicado en la Isla y fuera de ella. Otros como Cuba y sus vecinos: democracia en movimiento (Editorial Ciencias Sociales, 2014), y Democracy in Cuba and the 1997-98 Elections (Editorial José Martí, La Habana, 1999), forman parte de su copiosa obra, que incluye numerosos artículos, fruto de sus investigaciones. El reseñado aquí fue publicado por la Editorial Oriente, y fue traducido por la escritora Aida Bahr.

Entre otros capítulos, el lector tendrá a su alcance Desafíos para Cuba en 2017 y después, Entrevistas con cinco de los principales expertos en Relaciones Cuba-Estados Unidos, El bloqueo: de Obama a Trump, Fidel y la guerra cultural relámpago encabezada contra la “dictadura”, cuyo alcance habla del riesgo que asumió Arnold August al desafiar la opinión hegemónica sobre tales escabrosos asuntos.

Relaciones Cuba-Estados Unidos… será presentado también el viernes 26 en el Museo Memorial de la Denuncia, a las 3 pm, por Ricardo Alarcón, profundo conocedor de este tema.

Por su constante labor a favor de dar a conocer al mundo  interioridades de la realidad cubana, a Arnold August le fue otorgada por el Consejo de Estado de la República a propuesta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en julio pasado, la Medalla de la Amistad.

Próximas presentaciones del libro:

Miércoles 26 de septiembre de 2018

Hora: 3 pm

Lugar: Memorial de la Denuncia

5ta. avenida y 14, Playa.

Jueves 27 de septiembre de 2018

Hora: 10:30 am

Lugar: Universidad de La Habana, Facultad de Comunicación
(al lado del edificio de la Revista Bohemia)


Prólogo a Relaciones Cuba-Estados Unidos ¿Qué ha cambiado?, serio y esclarecedor libro del ensayista canadiense Arnold August

Demasiado interconectada para ser deshecha

Por KEITH ELLIS1

Keith Ellis/ Foto: Portal José Martí¿Qué hace un intelectual progresista canadiense cuando una revolución, la del pueblo de Cuba, se gana, a fuerza de espíritu y logros, su admiración y su lealtad? Y cuando esta revolución, que es la culminación legítima, como él demuestra, de un proceso abarcador de todas las etapas sobresalientes de la historia de Cuba y de sus luchas, se encuentra, como ahora, en un momento de complejidad sin precedentes y de nuevas dificultades, debidas en parte a sus propios éxitos, ¿qué hace este intelectual? Arnold August aplica todo su talento, sus extraordinarias dotes de periodista –vale decir, el hábito de evaluar diferentes aspectos y representaciones de la realidad–, a la tarea de ofrecer una visión esencialmente imparcial al lector racional y humano. A esto hay que añadir un valor agregado que Arnold exhibe en todo el texto: su impresionante poder de análisis. Ambos aspectos se combinan para convertir su lectura en una experiencia enriquecedora. Su investigación para este libro, tal como en otros sobre temas afines, lo llevó a vivir en Cuba durante considerables períodos; vivió entre los cubanos y apreció: 1) cómo el extraordinario poder de análisis de Fidel ha influido en la población cubana y 2) el impacto que ha tenido la difusión de esos análisis en toda la sociedad para producir la serena disposición que ha sostenido la estabilidad de Cuba en épocas que podrían haber sido tormentosas. El pueblo sabe pensar, y August posee la elevada capacidad –derivada de su inclinación de Mérito de la Universidad de La Habana. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre la poesía latinoamericana, y su propia poesía ha sido publicada y reconocida en Cuba, el Caribe, Norteamérica y otras áreas. a decir la verdad– de presentar un panorama convincente de la complejidad con que ese pueblo reacciona cuando se intenta engañarlo.

Fidel apuntaba que la trayectoria futura sería compleja y peligrosa: los Estados Unidos no abandonarían su proyección dominante y hegemónica hacia los países latinoamericanos

Justo después del triunfo militar de 1959, Fidel Castro planteó a Celia Sánchez –la destacada combatiente revolucionaria, de tan múltiples dotes patrióticas– la paradoja de que en ese momento comenzaría el gran enfrentamiento para la Revolución, un enfrentamiento en el cual Estados Unidos demostraría ser el adversario principal y más persistente, pues aunque el 1ro. de enero de 1959 marcó la derrota de la dictadura de Fulgencio Batista, toda la historia de Cuba, de sus luchas contra el colonialismo y la esclavitud, y por la soberanía y la independencia, apuntaba a que la trayectoria futura sería compleja y peligrosa: los Estados Unidos no abandonarían su proyección dominante y hegemónica hacia los países latinoamericanos. Este es el conflicto, todavía en curso, que August estudia en sus numerosas dimensiones, con la clara conciencia de que la predicción de Fidel Castro en 1959 está vinculada a un problema latinoamericano de carácter histórico, ya planteado por José Martí en su ensayo Congreso Internacional de Washington: Su historia, sus elementos y sus tendencias: “Urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”.2

El cuidado de la prosa caracteriza este libro. En primer lugar, August escribe con una claridad que se agradece, con precisión semántica y fluidez sintáctica. Esta claridad parte de su conciencia, como sujeto trilingüe que es, de que el tema involucra íntimamente a dos grupos idiomáticos, y que aunque está escribiendo en inglés, debe procurar que sus conceptos puedan ser fácilmente trasmitidos a los lectores cubanos. Además, su escritura busca mostrar y contrarrestar un hábito concreto, que es una táctica de la política colonizadora e imperialista: la utilización engañosa del lenguaje.

De modo que para Cuba el aligeramiento del bloqueo sigue siendo en esencia una ilusión, mientras que para Estados Unidos se convierte en un beneficio tanto económico como propagandístico

En este caso August revela un doble propósito: se presenta a Cuba como la posible beneficiaria de ofertas que, en caso de ser rechazadas, probarían el empecinamiento del país, o su secreta satisfacción con su situación actual. La táctica es incluso más efectiva puesto que está siendo aplicada al público estadounidense que, durante más de medio siglo, ha sido inducido por su gobierno y sus medios a creer que ellos están en “el bando de los buenos”. Los debates entre Cuba y Estados Unidos sobre el bloqueo impuesto a la Isla por los últimos están repletos de ejemplos del uso de dicha táctica. Por poner uno, August señala cómo Estados Unidos se refiere con astuta ambigüedad a un relajamiento de las condiciones en las cuales se podría usar el dólar en las transacciones financieras que involucran a Cuba; y este aparente relajamiento no es más que una trampa, ya que los bancos y empresas (incluidas las estatales cubanas), así como organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, e incluso individuos, han sido luego multados en cantidades desmesuradas, o han visto incautadas sus propiedades y hasta perdido la libertad personal. De modo que para Cuba el aligeramiento del bloqueo sigue siendo en esencia una ilusión, mientras que para Estados Unidos se convierte en un beneficio tanto económico como propagandístico.

August identifica que el núcleo de la estrategia de Obama para el período iniciado el 17 de diciembre de 2014 es librar una guerra cultural contra el sistema político y social de Cuba, el socialismo. Muestra las tácticas de esta guerra, en algunas de las cuales el mandatario de Estados Unidos tuvo un activo protagonismo, todo con miras a garantizar su legado: ser el presidente que encontró el modo de hacer regresar a Cuba al rebaño de países leales al imperio estadounidense. En la medida en que avanzaban los meses de 2016, Obama debe haber sentido que se le acababa el tiempo para sacar ventaja de la simpatía ganada entre los cubanos con sus acciones del 17 de diciembre de 2014: 1) permitir el regreso de los tres cubanos antiterroristas que habían sido cruelmente encarcelados con sentencias largas o perpetuas y 2) su promesa de normalizar las relaciones entre los dos países.

El intento de Obama de desarrollar tácticas que fueran efectivas, tanto en el pueblo cubano como en el estadounidense, demostró ser un desafío inalcanzable … Tomemos por ejemplo la música, evaluada por August de manera muy aguda en el contexto de la guerra cultural desatada por Obama hacia Cuba, enfocada a la juventud con armas tan poderosas como los Rolling Stones.

El intento de Obama de desarrollar tácticas que fueran efectivas, tanto en el pueblo cubano como en el estadounidense, demostró ser un desafío inalcanzable. No estaba preparado para evaluar correctamente la situación en Cuba debido a su convencimiento de que, en todos los ámbitos sociales, Estados Unidos refleja los verdaderos valores democráticos; por ello, a pesar de la considerable atención con que siguió algunos proyectos culturales, estos no están obteniendo los efectos deseados. Tomemos por ejemplo la música, evaluada por August de manera muy aguda en el contexto de la guerra cultural desatada por Obama hacia Cuba, enfocada a la juventud con armas tan poderosas como los Rolling Stones.

El énfasis puesto por Obama en el rock, evidenciado en el concierto gratuito de los Rolling Stones en La Habana el 25 de marzo de 2016, apenas tres días después de su histórica visita a la Isla, puede dar la medida de la desesperada importancia que se da a esta guerra cultural. A partir del análisis de August conocemos cómo se explota económicamente el atractivo internacional de Cuba como locación de moda, una percepción que han aprovechado Rihanna y otras estrellas. Conocemos también de la aspiración de Obama de desarrollar entre los cubanos, en especial los jóvenes, el gusto por esta música supuestamente nueva –hasta perder interés por la música cubana tradicional– y esto los haga receptivos a influencias políticas e ideológicas de la misma fuente. Sería una importante victoria para Occidente en la guerra cultural hacia Cuba. Con tal fin, se enfilan los cañones de más potencia para extraer el máximo resultado de la visita a la Isla: el encanto del propio Obama, reforzado en esta ocasión por el acompañamiento de la generación más joven y la más vieja de su familia, prontamente seguido por el espectáculo de los Rolling Stones con Mick Jagger a la cabeza. Se trata de una táctica de promoción generalmente efectiva: resaltar la celebridad. La primera celebridad es Barack Obama, el presidente de Estados Unidos, la mayor potencia del mundo, quien durante su visita asumió en cada oportunidad el rol de empresario del venidero concierto del grupo de rock. A esto se suma la autopromoción de Jagger, el cual trajo a la palestra a otra potencia occidental, al asegurar que tiene influencia sobre Su Majestad la Reina de Gran Bretaña, sin que surgieran quejas ni fuera desmentido por los celosos guardianes del protocolo y la dignidad de la soberana. Cuba parece ser un premio muy codiciado cuando gastan tantas municiones para obtenerlo. Desgraciadamente, las municiones incluyen la desinformación, una contribución casi obligatoria a una práctica tan predominante en el periodismo occidental, que los propios periodistas hablan de un mundo post-fáctico o post-verdad, terminología incluida hoy en los diccionarios de inglés.

Obama había dado a entender que la llegada de los Stones con su música marcaba una nueva apertura de Cuba a la cultura occidental, y en el curso de la presentación, destaca August, Jagger proclamó cómo, con su visita, el rock había roto el hielo en la Isla. Pero aunque Jagger y Obama coinciden con la idea generalmente difundida entre el público norteamericano de la falta de libertad en Cuba, a los ojos de los cubanos su planteamiento resulta poco creíble y esto desvirtúa la posición moral de Obama y resta validez a su táctica. Grupos extranjeros de rock han visitado la Isla a lo largo de décadas y las bandas de rock nacionales vienen actuando en numerosos escenarios, incluida la televisión.

Los Beatles alcanzaron una enorme popularidad en Cuba entre los jóvenes, aunque nunca estuvieron en el país. Su música fue estudiada e interpretada por un destacado compositor cubano, reconocido a nivel mundial, el guitarrista y director de orquesta Leo Brouwer. El clima de admiración por los Beatles llegó a su punto más alto en 2000, cuando el renombrado escultor José Villa Soberón realizó una estatua de John Lennon, que aparece sentado en amistosa actitud en un banco del parque bautizado con su nombre –Parque John Theodore Lennon–3 en el centro del Vedado en La Habana. Cuando Fidel Castro declaró en una entrevista televisiva que le gustaba el rock, probablemente pensaba, además de los grupos cubanos, en los Beatles, quizás específicamente en canciones como Imagine o Give Peace a Chance; tal vez pensaba en el asesinato de Lennon –un destino que han corrido tantos otros en Estados Unidos– el 8 de diciembre de 1980, en la entrada del Dakota, el mismo edificio donde otra cantante extraordinaria, Roberta Flack, había sufrido el acoso de sus vecinos a causa del color de su piel.

Cuando Fidel Castro declaró en una entrevista televisiva que le gustaba el rock, probablemente pensaba, además de los grupos cubanos, en los Beatles, quizás específicamente en canciones como Imagine o Give Peace a Chance

Ha habido una lamentable tendencia a no decir estrictamente la verdad por parte de algunos músicos cubanos después de abandonar el país. Jazzistas de primer nivel como el saxofonista y director de orquesta Paquito de Rivera y el trompetista Arturo Sandoval contribuyeron a sedimentar la idea de la falta de libertad para ejecutar su música en Cuba a principios de la última década del siglo XX. Alegaban que el jazz no estaba permitido. Yo asistí, junto con cientos de cubanos que escuchaban y aplaudían con fervor, a conciertos de jazz en la Isla en los años 1970 y 1980. Pude ver el entusiasmo que el público mostraba por la música de Sandoval, al mismo tiempo que demostraban su adhesión a la Revolución.

Las tradiciones de la música popular en Cuba se fortalecieron desde el inicio del proceso revolucionario por los altos niveles de educación alcanzados por intérpretes y promotores dentro de este campo, y por la creciente sofisticación de los públicos para apreciar todos los géneros; esto deja muy pocas posibilidades de éxito para que fuerzas externas puedan utilizar la música como instrumento de subversión. Los puntos vulnerables en este sector son esencialmente los mismos de la economía cubana en general, sometida a los efectos del bloqueo, que ha significado más de 55 años de crueles sufrimientos para los cubanos. Pero al mismo tiempo el bloqueo ha desarrollado ciertos aspectos medulares de la resistencia entre los habitantes de la Isla, reforzando principios éticos y morales, para contribuir de esta forma al objetivo de la Revolución de estrechar la unidad del pueblo. Los debates en pleno ejercicio democrático que tuvieron lugar en 2016 –descritos por August en el libro– en torno a los planes de desarrollo de la nación hasta una fecha tan lejana como 2030, indican la percepción del gobierno cubano de la necesidad de mantener una sociedad donde no haya sectores marginados. Todo esto conspira contra la efectividad de las medidas de la administración Obama en los planes de lo considerado como normalización de relaciones con Cuba. August presenta estos planes de forma tal que los lectores podrán distinguir con facilidad sus virtudes y defectos. Veamos solamente dos instrumentos empleados por Obama: 1) promover agresivamente las nociones de democracia estadounidense y 2) popularizar la idea de desarrollar negocios entre los jóvenes.

Parecería que Obama, al intentar aleccionar a los cubanos dentro y fuera de Cuba sobre lo inadecuada que resulta su democracia, subestima en gran medida la adecuación del sistema de democracia cubana a las necesidades y objetivos de su pueblo. Se beneficiaría mucho si lee los textos de August. A la vez que sobrestima ampliamente los méritos de su modelo de democracia, Obama subestima la capacidad de los cubanos, desde los líderes hasta los escolares, para juzgar con exactitud lo que se les dice. En respuesta al discurso pronunciado en el Gran Teatro Alicia Alonso en marzo de 2016, durante su visita a Cuba –del cual extrajo aspectos para su directiva presidencial del 14 de octubre de 2016–, no solo Fidel Castro lo refutó de manera contundente, sino que mujeres y estudiantes se pronunciaron en su contra con una marcha por las calles de La Habana. Las contradicciones acerca de la democracia eran demasiado flagrantes para ser toleradas en silencio por personas que han sido instruidas en, o poseen por naturaleza propia, una ética y una moral, y que han aprendido a conocer “la historia de América de los incas acá”, como les recomendó Martí.4

Parecería que Obama, al intentar aleccionar a los cubanos dentro y fuera de Cuba sobre lo inadecuada que resulta su democracia, subestima en gran medida la adecuación del sistema de democracia cubana a las necesidades y objetivos de su pueblo

El pueblo cubano sabe mejor que cualquier otro en el mundo –excepto el venezolano mismo– que Estados Unidos intentó llevar a cabo un golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez en 2002, cuando se encontraba George W. Bush en la presidencia. Además de conocer el hecho de manera académica, miles de cubanos vivieron en Venezuela los tensos días en que el golpe pareció tener éxito. Saben que Barack Obama también llevó a cabo un golpe de Estado al apoyar a los militares hondureños en 2009, y tras haber hecho esto, desplegó su talento particular para obviar sus contradicciones al pronunciarse con elocuencia contra la idea de los golpes de Estado. Los cubanos saben bien esto porque muchos miles más están trabajando en misiones de cooperación en Venezuela y enfrentan ahora mismo las vicisitudes de un prolongado intento de llegar al golpe de Estado que ha costado ya demasiadas vidas. Saben del “golpe parlamentario” de 2012 contra el presidente Fernando Lugo de Paraguay, quien denunció su origen en los círculos de poder estadounidenses, y ellos apenas criticaron el proceso de impugnación, demasiado rápido para parecer realmente democrático. El golpe llevó a la eliminación del programa de reforma agraria de Lugo y a la supresión de la protección extendida a los campesinos contra los pesticidas que estaban dañando gravemente su salud.5

El modelo de golpe paraguayo se convirtió en el favorito de la administración Obama. La palabra “parlamentario” lo hacía parecer legítimo, y es mucho más fácil controlar a un grupo relativamente pequeño de representantes electos que enfrentarse a conseguir un nuevo parlamento más proclive a los designios de Estados Unidos. Además, el candidato preferido de Obama para encabezar la CIA en 2008 había sido John O. Brennan, quien necesitaba el tipo de camuflaje terminológico que involucraba la palabra “parlamentario” para encubrir notorios defectos, tales como su afición a la idea del empleo de la tortura, algo que conllevó a que fuera rechazado por el Comité de Inteligencia del Senado como director de la Agencia. Cuando Obama volvió a presentarlo en 2013, ganó el puesto. De una forma u otra, los servicios de inteligencia estadounidenses han estado sacando provecho de lo que August identifica como el estilo de democracia de Estados Unidos, un sistema en el cual el mantenimiento de un gobierno en países como Brasil puede depender del voto de un reducido número de parlamentarios. El sistema insiste en que estos votantes son accesibles a cualquiera, sea ciudadano del país o no, para tratar cualquier tema, sin importar cuán profunda, amplia o íntimamente este afecte a la población nacional. De Honduras a Ucrania, estos golpes de Estado han resultado para la administración Obama un método efectivo en la sustitución de gobiernos hostiles por otros más sumisos a los designios imperialistas. Los golpes y el consiguiente agradecimiento de quienes son sus beneficiarios pueden contribuir a la perpetración de nuevos golpes. Es natural que esperen que Honduras, Brasil, Paraguay y Ucrania se alíen al imperio para hacerle la vida imposible a Venezuela. Deben hacer lo que esté a su alcance; si no lograr que se expulse a Venezuela de acuerdos como el Mercosur, al menos minimizar los beneficios que la República Bolivariana obtiene de su membresía, a fin de acelerar la realización de un golpe exitoso al estilo estadounidense.

Ante tales perspectivas, ¿qué haría el pueblo cubano? La imagen esencial que tienen de los venezolanos es que son los continuadores de la tradición Bolívar-Chávez, un reflejo de su propia tradición Martí-Maceo-Fidel, lo que convierte a ambos pueblos en “dos alas del mismo pájaro” de verdad. Se conocen entre sí tanto como se conocen a sí mismos. Sus dirigentes, Chávez y Fidel, Maduro y Raúl, han demostrado su profunda solidaridad recíproca y juntos han llevado a cabo actos de generosidad sin precedentes con sus vecinos en América Latina y el Caribe. Los jóvenes de ambos países han estrechado sus lazos en el aglutinante contexto de la realización de tales actos de generosidad. ¿Aceptarán una derrota? ¿Logrará el estilo de democracia estadounidense prevalecer?

¿Conseguirán los estímulos a los negocios por parte de Estados Unidos apartar a los jóvenes cubanos de la Revolución?

¿Conseguirán los estímulos a los negocios por parte de Estados Unidos apartar a los jóvenes cubanos de la Revolución? August describe cómo algunos jóvenes seleccionados han obtenido becas para viajar a Estados Unidos para aprender a ser buenos empresarios. Algunos han regresado a Cuba a buscar las oportunidades para establecer pequeñas empresas dentro del marco legal de la Revolución. Otros han encontrado ejemplos de personas que evaden ese marco legal y son empresarios exitosos en el sentido norteamericano. Esto ha alertado a otros sobre el conflicto entre el instinto de ganancia empresarial y los valores revolucionarios inculcados en ellos y en su sociedad. No hay duda de que quienes viven dentro de la Revolución son la gran mayoría.

¿Cómo se manifiestan estos valores? En esencia en colocar a las personas en primer lugar, en mostrar el mismo amor a la gente que llevó a Martí y a Fidel a pelear por las necesidades de su pueblo. Martí expresó esta idea en sus reflexiones sobre la educación científica escritas en 1884: “En resumen, se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros”.6 Nicolás Guillén escribió más tarde: “Te lo prometió Martí y Fidel te lo cumplió”.7

La idea de Martí sobre la necesidad de combinar la ternura y la ciencia, que los versos de Guillén muestran y fue cumplida por Fidel, simboliza todo el proceso revolucionario. El pueblo está presente en este concepto a la vez como participante y como beneficiario. En el campo de la medicina, por ejemplo, vemos la ejecución de esta idea en la siguiente forma: pocos médicos en Cuba poseen autos; si un médico que trabaja en un policlínico tiene un paciente necesitado de ir al hospital, el médico sale a la acera frente al policlínico vestido con su bata blanca para indicar a los vehículos que solicita transportación, y uno, dos o tres de ellos pueden responder a este llamado sin esperar pago alguno. El médico decide cuál es el transporte más adecuado si más de uno se detiene. Los servicios de ambulancia se reservan para casos críticos o contagiosos. Puedo poner otro ejemplo: voy en un taxi y el chofer se detiene ante la luz roja; la luz cambia pero el chofer no avanza, está observando a una mujer al otro lado de la calle que también mira hacia él. El chofer se baja y conversa brevemente con la mujer, tras lo cual vuelve al taxi y me dice: “Esa señora se siente mal, ¿le molestaría si la llevamos a un policlínico aquí cerca?” Digo que estoy de acuerdo y lo hacemos, después de haber detenido el taxímetro. Tanto el chofer como yo nos sentimos complacidos por participar de este gesto; él no parece haber hecho nada fuera de lo corriente, pero obviamente se ha cumplido un deber ético y moral en ambos ejemplos superior a los criterios de eficiencia empresarial. Estos últimos podrían igualmente haber dictado que un acuerdo en el cual un país trabaja para eliminar el analfabetismo en la población de otro se restringiera estrictamente al campo de la educación, y no se convirtiera luego en un proyecto médico, con lo cual ese regalo a la humanidad que es la Operación Milagro, programa iniciado por Cuba y Venezuela para curar, sin pago alguno, a personas pobres de muchos países con limitaciones de visión, no habría sido nunca esa preciada realidad que es hoy para más de tres millones de personas.

Aceptar las ofertas de Obama significaría tomar un camino que, si no se recorre con cuidado, conduciría a Chicago, donde el presidente fue a hacer una intensiva campaña para lograr la relección de un alcalde y de una administración a cargo de una ciudad aquejada por una guerra entre bandas gangsteriles, asesinatos a diario, tortura policial, escuelas en deterioro y muchos otros problemas; en suma, un ambiente en concordancia con el pensamiento económico de Milton Friedman. Las leyes empresariales cubanas están cuidadosamente pensadas para evitar estos males

Si la economía de mercado al estilo estadounidense llega a prevalecer en Cuba, y da paso a que el objetivo primario sea entonces la eficiencia en los negocios, se tratará de un sistema de valores que no tendrá en cuenta las recompensas morales del servicio humanitario, y no pondrá a la gente en primer lugar; en otras palabras comenzaría un proceso de desintegración. Aceptar las ofertas de Obama significaría tomar un camino que, si no se recorre con cuidado, conduciría a Chicago, donde el presidente fue a hacer una intensiva campaña para lograr la relección de un alcalde y de una administración a cargo de una ciudad aquejada por una guerra entre bandas gangsteriles, asesinatos a diario, tortura policial, escuelas en deterioro y muchos otros problemas; en suma, un ambiente en concordancia con el pensamiento económico de Milton Friedman. Las leyes empresariales cubanas están cuidadosamente pensadas para evitar estos males, pero los fervientes defensores del neoliberalismo, los enemigos de las regulaciones, estarán siempre enarbolando la palabra “libertad”, y llegan a argumentar que incluye el derecho humano a la propiedad para insistir en la necesidad de un cambio. Cuba debe responder a estas presiones con aquellos rasgos de su cultura que han reforzado su humana cubanía, algo que tanto ha contribuido a su estabilidad.

Porque al considerar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba hay un problema de inestabilidad en el lado del primero que no es costumbre reconocer, porque se le ha visto generalmente como una característica de países pequeños y mal gobernados, pero que se hace cada vez más obvio cuando se examina con objetividad el funcionamiento de ambas sociedades y sus sistemas sociales, y a la luz de las protestas ocasionadas por los resultados de las últimas elecciones en la gran potencia. Estos elementos están restando confianza a los acuerdos que pudieran ser alcanzados en cualquier negociación entre los dos partidos, además de la inclinación a la violencia demostrada en Estados Unidos, tanto interna como externamente, con incitaciones que se vuelven recíprocas. La militarización como respuesta a las protestas contra la violencia policial, crea un círculo vicioso que la perpetúa y origina igualmente una disposición a recurrir a medidas coercitivas en el nivel internacional. Este fenómeno es tan endémico en Estados Unidos que cuando el candidato electo habló de mantener la paz con Rusia, el antagonista por excelencia, fue visto como una amenaza incluso por quienes han sido tradicionalmente las víctimas de la violencia interna institucionalizada.

¿Cuánta fe puede tener entonces Cuba en negociaciones racionales con un país así, en asuntos como la devolución del territorio ocupado en la bahía de Guantánamo a su legítimo dueño? El enfoque militar decidió este tema desde su mismo inicio, pues la Enmienda Platt, que según Estados Unidos les asigna legalmente el control perpetuo de la zona, era en sí misma una iniciativa militar con un disfraz civil. La Enmienda contra la cual se manifestaron numerosos patriotas cubanos como Juan Gualberto Gómez, quien lo hizo con pasión e inteligencia y tuvo que soportar terribles invectivas racistas por ello, era de hecho una fachada civil para una operación militar. La lectura del documento presentado por Estados Unidos al gobierno de ocupación en Cuba y a los representantes cubanos revela cómo los términos de la Enmienda provenían del Ministerio de la Guerra de Estados Unidos, en la persona de su secretario, Elihu Root, y solo en apariencia habían sido redactados por el senador por Connecticut, Orville Platt.8

¿Cómo se enfrenta Cuba a un adversario tan permeado por su identidad bélica que su presidente, distinguido con el Premio Nobel de la Paz, alardeó en un momento dado que estaba desarrollando una guerra en siete países? Es cierto que hay defensores de la paz y del diálogo en ese país que pueden participar del debate (escribo esto el 15 de enero de 2017, aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr.); si Cuba puede acercarse a los mejores instintos del pueblo norteamericano, estos podrían llegar a conocer cómo Cuba ha logrado una sociedad estable y pacífica, cómo desde el 1ro. de enero de 1959, las únicas agresiones a la paz han provenido del terrorismo apoyado o dirigido desde el exterior, incluyendo la invasión militar de la Isla en 1961. Sabrían que desde entonces no han ocurrido muertes extrajudiciales y hay una baja tasa de asesinatos; cómo se prioriza la educación, la cultura y la salud pública, las cuales, en conjunción con otras áreas esenciales de actividad popular, se han convertido en una fuerza centrípeta que une y engrandece al pueblo. La policía tiene mucho que ver en este proceso, pues ya todos han tenido los beneficios culturales de vivir en la sociedad revolucionaria.

Cuando se dice que la salud pública en Cuba es buena, la gente no siempre puede entender, en esta frase tan breve, cuán amplia es la integración de elementos positivos de la atención de salud en la sociedad cubana. Doy otro ejemplo: Estoy de visita en casa de un amigo en un barrio habanero. Él trabaja en el campo de la biotecnología y su esposa es médico de la familia del barrio. Poco después de mi llegada a la casa, a las 8:15 pm de una noche de domingo, un hombre se presenta en el consultorio. La esposa de mi amigo baja a atenderlo y a las 9:30 pm todavía no ha regresado; yo comienzo a preocuparme, pero el esposo permanece tranquilo. A su regreso ella nos explica que el paciente estaba atravesando una crisis de peligroso estrés debido a problemas en su matrimonio y tuvo que ayudarlo a racionalizar la situación. Fue entonces que entendí el alcance de la atención de salud del pueblo cubano, y cómo este contribuye a la tranquilidad de la sociedad cubana, así como las numerosas conexiones importantes que la salud pública tiene para conseguir ese clima de tranquilidad.

En su discurso de despedida a la nación, Obama se veía triste y preocupado; de hecho expresó su inquietud acerca de las divisiones en la sociedad estadounidense y la corrosión que se evidenciaba en su discurso civil. Un paso para remediar esto podría ser estimular un tipo de relaciones entre Estados Unidos y Cuba en el cual los periodistas pudieran desempeñar un papel constructivo y prestigiar así su legado, aunque ya haya dejado la presidencia. Los cinco intelectuales cubanos entrevistados por August en este libro realizan un análisis agudo y profundo de la situación actual entre Cuba y Estados Unidos y se inclinan por naturaleza a proteger o a defender a Cuba de la empecinada soberbia de su poderoso vecino del norte. Ellos podrían en el futuro matizar su posición defensiva con una mayor asertividad, ofrecer sus logros sociales como objetivos por emular, e invitar a sus colegas estadounidenses más progresistas a visitar Cuba; podrían mostrarles cómo se construye una sociedad sin divisiones, sin un discurso corrosivo, donde prevalece la tranquilidad.

Arnold August, el investigador valiente y cuidadoso, el escritor transparente, el periodista sensible, muestra su preocupación, en especial tras la muerte de Fidel. Pero podemos decirle: No te preocupes, el impenetrable protector, con su pensamiento y acciones, nos ha dejado una estructura demasiado interconectada para ser deshecha.

NOTAS

1 Keith Ellis (Jamaica, 1935) es profesor emérito de la Universidad de Toronto y profesor de Mérito de la Universidad de La Habana. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre la poesía latinoamericana, y su propia poesía ha sido publicada y reconocida en Cuba, el Caribe, Norteamérica y otras áreas.

2 José Martí: “Congreso Internacional de Washington: Su historia, sus elementos y sus tendencias”, en Obras escogidas en tres tomos, I, p. 476.

3 Anteriormente el parque llevaba el nombre de Mario García Menocal, dirigente del Partido Conservador y presidente de Cuba de 1912 a 1916. Después de las elecciones de 1916, en las que sus opositores consideraban haber ganado, se negó a abandonar la presidencia y esto trajo como resultado un breve enfrentamiento militar.

4 José Martí: Op. cit., p. 522.

5 Reed Lindsay: “Paraguay’s Forgotten Coup”.

6 José Martí: Op. cit.

7 Nicolás Guillén: “Se acabó”, en Tengo, Obra póetica.

8 Hortensia Pichardo: Documentos para la historia de Cuba, pp. 102-105.

 

 

 


Liset García Rodríguez

 
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