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Publicado el 15 Octubre, 2018 por ACN en Cultura
 
 

Curiosos y necesarios abanicos

El nacimiento del abanico se ubica en el siglo VII en Asia, inspirado en el mecanismo del ala de los murciélagos y se cree que su introducción en Europa corresponde a la orden católica de los Jesuitas

Uno de los abanicos de la colección de la Loynaz pintado por el paisajista cubano Tomás Sánchez. Foto: Granma/Cubahora

Luz María Martínez Zelada

Santa Clara, 14 oct (ACN) Un bello abanico, adornado en nácar y oro, elaborado en España a mediados del siglo XIX y que perteneció a la poetisa cubana Dulce María Loynaz, forma parte de la colección del museo de Artes Decorativas de Villa Clara.

Jesús Llorens, especialista del centro cultural, declaró a la ACN que la institución atesora un centenar abanicos, creados para mover el aire y refrescar el ambiente, realizados en la nación Ibérica, Japón, China y Cuba.

El nacimiento del abanico se ubica en el siglo VII en Asia, inspirado en el mecanismo del ala de los murciélagos y se cree que su introducción en Europa corresponde a la orden católica de los Jesuitas.

Además de objetos de moda y con carácter utilitario, en muchos de los cuales se emplean diseños artísticos y materiales de calidad, el abánico sirvió como una forma femenina de comunicación para burlar las restricciones a que eran sometidas las mujeres en los siglos XIX y principios del XX.

Por ejemplo, sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro significaba sígame, con la izquierda frente a la cara, busco conocimiento, mantenerlo en la oreja izquierda, quiero que me dejes en paz y dejarlo deslizar sobre la mejilla, te quiero.

Son algunas de las muchas señales que se trasmitían con esos instrumentos, que formaron parte obligada de la vestimenta de las damas, como sucedió en Cuba en la centuria decimonónica, con el auge de la burguesía criolla, según informa Ecured.

La primera fábrica de esos accesorios en Cuba fue fundada por el veneciano Bonifacio Calvet y Rodríguez, por la década de 1830 y se ubicó en la calle Cuba, número 98, de La Habana.

Se dice que además del lenguaje amoroso, los abanicos sirvieron para enviar mensajes de un lugar a otro, escondidos entre los graciosos gestos de una cubana, durante las guerras de independencia contra el colonialismo español.

En la Isla, esos instrumentos usados para ventilar mantienen su actualidad de manera imprescindible, se observan de las más variadas formas y se confeccionan en disímiles materiales, pero con el interés común de refrescar las altas temperaturas del clima tropical.


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