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Publicado el 2 Octubre, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Música: empatías desbordadas    

Santiago de Cuba fue sede del VII Encuentro Amigos del Jazz 

 

Entre los más aplaudidos, Carlos Miyares y Yasek Manzano (Foto: DANIEL HOUDAYE)

Entre los más aplaudidos, Carlos Miyares y Yasek Manzano (Foto: DANIEL HOUDAYE)

Por RAÚL MEDINA ORAMA

La Ciudad Héroe es un crisol de ritmos y sonoridades. Sus calles hierven en el espectáculo colectivo de la conga, que arrolla cualquier intimidad, con la cadencia del tambor. En las plazas y patios coloniales sobrevive la trova

entrañable, centenaria, y sus cauces derivados hacia el son tradicional.

Aunque es menos conocido como un género característico de la urbe, en el magma de Santiago de Cuba también se ha cocinado el buen jazz. “Los estudiantes de nuestras escuelas de música son intérpretes por naturaleza del género, sienten mucho amor por él”, dijo Rodulfo Vaillant, presidente del comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en conversación con BOHEMIA.

El compositor de música popular también lidera la organización del Encuentro Amigos del Jazz, cuya séptima edición se celebró del 20 al 23 de septiembre y convocó en la ciudad oriental a varios exponentes notables, sobre todo de Cuba y Estados Unidos. Es una prolongación de la madeja de influencias culturales y relaciones de fraternidad entre ambos pueblos, que no se ha roto a pesar de las tensiones políticas.

Rodulfo Vaillant, un defensor del jazz en Santiago de Cuba (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

Rodulfo Vaillant, un defensor del jazz en Santiago de Cuba (Foto: MARTHA VECINO ULLOA)

La raíz de ese estilo quizás esté en Santiago de Cuba, cuando por la región transitaron migraciones de esclavos africanos y sus colonos franceses, huyendo de la Revolución haitiana (1791-1804). Algunos terminarían asentados en Nueva Orleans, alimentando un proceso histórico y cultural que contribuyó al surgimiento del jazz en Lousiana.

Además, según varios investigadores –Vaillant comparte esta idea-, durante la intervención de Estados Unidos en la guerra cubana de independencia a finales del siglo XIX los buques norteamericanos anclados en la bahía tenían en su vientre a soldados negros que introdujeron en la ciudad el ritmo, nacido norteño, pero ya un patrimonio universal.

“Tomando en cuenta aquellos antecedentes y luego de varios intentos de productores cubanos y extranjeros por organizar un festival aquí, en 2011 la Uneac decidió crear el Encuentro”, explicó Vaillant sobre la génesis de la cita.

El maestro Bobby Carcassés y el trompetista Yasek Manzano fueron algunos de sus iniciadores, quienes han contribuido notablemente a su promoción y crecimiento, al punto de que Santiago de Cuba se ha convertido en subsede de otro evento fundamental: el habanero Jazz Plaza.

El  séptimo encuentro, también auspiciado por la Dirección Provincial de Cultura y la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos Miguel Matamoros, reunió a un variado elenco de músicos en el Teatro Martí, la Sala de Conciertos Dolores, el Patio La Jutía Conga (Uneac), el Patio Siboney (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales) y el Iris Jazz Club, entre otros escenarios.

Algunos de los convidados fueron los grupos Influencia, Ákana, Mestizaje (Matanzas), Rodrigo y Ceda el Paso (La Habana), el flautista Iván Acosta, las cantantes Zulema Iglesias y Giselle Lage, esta última también pianista y compositora. Además, hicieron honor a sus proverbiales calidades el flautista Orlando Valle Maraca, el saxofonista Carlos Miyares y el trompetista Yasek Manzano.

Miyares, aún joven pero ya con un recorrido notable por el mundo del jazz –mereció la tutela del sin par Chucho Valdés- elogió ante la prensa un evento que “mejora cada año” y le permite regresar a su ciudad para constatar como “la gente está más interesada en oír buena música en directo”.

Hubo espacio para promover la investigación y publicaciones sobre la música cubana (Fotocopia: Granma)

Hubo espacio para promover la investigación y publicaciones sobre la música cubana (Fotocopia: Granma)

En la Uneac también se presentó Chano Pozo, la vida (1915-1948), reciente publicación de la Editorial Oriente. Con este volumen la investigadora Rosa Marquetti se sumerge en el devenir del legendario percusionista cubano, quien fuera una conexión imprescindible entre el jazz moderno y los ritmos heredados de África.

En las postrimerías de la cita fue muy aclamada la orquesta ocasional de instrumentistas de Cuba y Estados Unidos. Bajo la dirección de los maestros Daniel Guzmán Loyzaga y Mike Davison –profesor de la Universidad de Richmond- asumieron el concierto Cuadros de una exposición, inspirado en el homenaje que el compositor ruso Modest Mussorgski (1839-1881) hiciera a su amigo prematuramente fallecido, el artista Viktor Hartmann (1834-1873).

El espectáculo del santiaguero Teatro Heredia fue una simbiosis musical con las artes visuales, pues mediante las composiciones –originales algunas, versiones de clásicos cubanos otras- los músicos aludieron a obras de los artistas plásticos Alberto Lescay, Carlos  René Aguilera, Lawrence Zúñiga, Gretel Arrate, Antonio Ferrer Cabello, Israel Tamayo y José Loreto Horruitiner.

Cuando cayeron las cortinas del 7º Encuentro Amigos del Jazz, en la ciudad reclamaban una permanencia del género en los medios de comunicación y en los centros culturales. Sobre la falta de espacios para acoger este movimiento me comentaron algunos músicos autóctonos, y lo reafirmó Rodulfo Vaillant: “El Iris Jazz Club, concebido para especializarse en estas propuestas, no tiene estabilidad en su programación, no ha aparecido un diseño final que la sistematice; se necesita una estrategia mejor de las autoridades provinciales que atienden el ámbito de la música”.

En el Oriente de la Isla hay ejecutantes virtuosos y una devoción creciente entre los públicos. Ojalá continúe prosperando esa sonoridad que es símbolo de libertad, puente de comunicación humana.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama