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Publicado el 13 Noviembre, 2018 por Randy Cabrera-Díaz en Cultura
 
 

LITERATURA

Hecho a mano

A 27 años de su fundación Ediciones Loynaz, en la ciudad de Pinar del Río, continúa en la vanguardia productiva y promocional del libro
Hecho a mano.

El libro manufacturado asemeja el proceso de creación artesanal de siglos pasados.

Por RANDY CABRERA-DÍAZ

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Una impresora RisoGraff con una década de explotación arroja pliego tras pliego, humeantes, sobre una bandeja; huele a tinta en un caserón antiguo de la calle Maceo, número 211, donde dos mujeres emulan las audacias de Gutenberg.

La sala de imprenta no mide más de 5×10 metros. Sobre una mesa larga, torres de papel. Ellas hojean, revisan las planas sueltas de un libro que será, y continúan la impresión. Y se siente otra vez el grillar de los rodillos –muerden las hojas, las deslizan–; esas mismas piezas cuyas ligas rotas por el uso, alguna vez fueron sustituidas con otras de preservativos. “Hace un año esperamos un equipo nuevo, dicen viene de China” –revela Luis Enrique Rodríguez, director de la Editorial.

Dos premios nacionales de arte del libro acreditan la especialización de editores y diseñadores de la Editorial.

Ediciones Loynaz imprime entre dos y cuatro libros al mes, cuando la Riso no renguea. Esto permite cumplir el plan de publicaciones para la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, en 2019.

“Hace cinco años sacábamos solo 12 títulos; en el próximo febrero presentaremos casi 50, según el programa concebido hasta el momento. Además, tendremos mayor presencia comercial en los espacios promocionales capitalinos. Ya contamos con un stand fijo en el Pabellón Cuba, lugar de mucha asistencia de público, pero donde nunca antes habíamos accedido” –explica Rodríguez.

Cada año la editorial crece, en cantidad y calidad de los libros. Y vende, en Pinar del Río, en La Habana. En la Cabaña ofertan las novedades, pero también los títulos de lento movimiento. Esta forma de gestión comercial amplía ingresos, pues se trata de una búsqueda del público lector, en donde esté.

En el Pabellón Cuba se presentarán principalmente textos sobre temática deportiva, tal es el caso de El niño Linares, reedición (antes publicado por Editora Abril) que incluirá nuevos datos y estadísticas de Omar Linares, pelotero estrella del país nacido en la provincia más occidental de la Isla. También, Dioses paralelos, de Michel Contreras, libro de crónicas sobre grandes figuras del deporte cubano.

La línea oscura. Poesía escogida, de Pedro Juan Gutiérrez, y Poemas náufragos, de Dulce María, serán comentados desde la Cabaña. Igualmente, libros de narrativa como Uno para nadie, colección de cuentos de Luis Hugo Valín, importante escritor vueltabajero. Y para los niños, Papaloteando, de la Premio Nacional de Literatura, Nersys Felipe, y el cuaderno ilustrado Voy a perder la cabeza por tu amor, de Nelson Simón; entre otros.

Hecho a mano.

El Centro cuenta con la más amplia colección de documentos y objetos personales de la escritora Dulce María Loynaz.

Todas las colecciones estarán presentes en la Feria: Laurel, de poesía; El Fausto, de narrativa; Brujita y Chicuelo, de literatura infantil; Sofia, de Ensayo, y Raíces, de Ciencias Sociales e Historia. Con varios volúmenes en cada género.

La Editorial asume por primera vez una traducción; en este caso, del francés al español. Es un libro del escritor argelino El Yasid Dib, El muelle de las incertidumbres. Y es un reto, pues Argelia es el país invitado en la venidera cita del libro, en La Habana.

Itinerario sobre la hoja blanca

Con tinta monocolor, recortado y encuadernado a mano, de pocas páginas, se publicó en junio de 1990 Un dulce olor de azahares, de Aurora Martínez. Ese fue el inicio de Ediciones Loynaz, una de las editoriales (por territorio) más antiguas del país.

Diez años después recibieron la impresora RisoGraff, una presilladora, la guillotina… “Fue una iniciativa de Fidel. Al finalizar la Feria del 2000 nos prometió esa ayuda, y en agosto ya circulaban nuestros primeros cuadernos manufacturados”.

La posibilidad de confeccionar libros ofrece mayor libertad para destacar textos y autores. La autonomía editorial ha beneficiado a los escritores del territorio pinareño, pero también a los de otras regiones del país. Narradores, poetas, ensayistas hoy reconocidos en Cuba y en el mundo publicaron su primer librillo –escueto, frágil, hecho a mano–, en esta editorial vueltabajera.

“Tenemos la particularidad de tener el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Hermanos Loynaz, y en el mismo núcleo, la editorial; todo bajo la misma dirección, con estrategias de desarrollo comunes. De esta forma los especialistas (de promoción, de arte del libro) están en el mismo entorno, trabajan con la misma materia prima desde el inicio”.

Hecho a mano.

En apenas un lustro Luis Enrique Rodríguez y su equipo han aumentado en tres veces la producción de títulos de la casa editorial. (Foto: guerrillero.cu)

Todos los años la entidad organiza coloquios y certámenes literarios; convoca al Concurso Hermanos Loynaz (ya lanzó la trigésima edición), en diferentes géneros, y al premio de poesía José A. Baragaño. En cada caso, los textos ganadores integran el plan de publicaciones.

En la Feria del Libro de Barcelona, en octubre, participaron dos títulos publicados bajo este sello: Todavía la mitad del día y otros relatos, de Alfredo Galiano Rodríguez y Todo era azul, escrito por Teresa Gómez Vallejo –volúmenes impresos, cortados, encuadernados en la sala de una casa colonial pinareña.

“Es un logro para nosotros que esas obras estén presentes en uno de los grandes escenarios de la literatura en lengua española. Pero no nos sorprende; hace años el Centro realiza una fortísima labor de promoción, y cada vez más buscamos el contacto con escritores e instituciones de otros países”.

La Riso sobrevive con una sola computadora para todo el trabajo; a veces sin transporte; con las cajas de libros en los hombros hasta las librerías, los puntos de venta… Pese a todo, no lo he oído quejarse ni una vez.

Luis Enrique sonríe, acaricia un tabaco; caen briznas de picadura sobre la losa gris…

Problemas hay… Pero, a la larga, ninguno que la voluntad del hombre no resuelva. Eso espero.


Randy Cabrera-Díaz

 
Randy Cabrera-Díaz