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Publicado el 12 Noviembre, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Reencuentro con Titón

Tomás Gutiérrez Alea.

Por SAHILY TABARES

Fotos: Cortesía de la CINEMATECA DE CUBA

Para él, toda creación, si se quiere perdurable, requiere el ejercicio permanente del pensamiento. Lo demostró mediante una vasta filmografía y como teórico agudo, lúcido ensayista. Reveló sugerencias, expresividad, metáforas, sensaciones, en puestas estremecedoras, diálogos, conflictos de personajes diversos, atmósferas visibles, ocultas.

Tomás Gutiérrez Alea, Titón, (La Habana, 1928-1996) descuella entre los más destacados directores cinematográficos en Cuba, Latinoamérica y el ámbito internacional. Estas imágenes ilustran parte de complejos procesos creativos, en los cuales dio rienda suelta a ideas novedosas que nutrieron su quehacer.

Hay que verlo en el set, seguir el gesto fruncido o sonriente, la mirada, el brío de las manos, del cuerpo inclinado o recto. Habla, dirige, interpreta hechos, imagina nuevas ubicaciones. De alguna manera, las fotos patentizan la vitalidad de memorias nunca olvidadas.

Titón vuelve, una, otra vez, desde el imaginario construido en el celuloide y las energías reconfortantes plenas de visualidades, sonidos, palabras.

A propósito del aniversario 90 de su natalicio, los organizadores del 40 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de La Habana, del 6 al 16 de diciembre, han organizado un evento teórico, en el que participarán expertos procedentes de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Sensible, culto, perseverante, Titón defiende criterios sustentados en convicciones, saberes, decía: “El cine sigue siendo un instrumento valiosísimo de penetración de la realidad, no es retratar la realidad simplemente”.

Reencuentro con Titón.

En el rodaje de Historias de la Revolución.

En 1960, realiza Historias de la Revolución, primer largometraje de ficción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), con el que inicia una obra trascendente en el mundo. En cortos, documentales, filmes, desarrolla aspectos formales y emotivos, estos generan reflexiones en los públicos. Desde el inicio es consciente del valor integral en la puesta, pues todos los elementos legitiman experiencias, búsquedas, indagaciones, hallazgos, en beneficio del crecimiento humanista.

Lo evidencian varios de sus títulos memorables: Muerte al invasor (1961), Las doce sillas (1962), Una pelea cubana contra los demonios (1971), La última cena (1976), Los sobrevivientes (1979), Fresa y chocolate (1993), codirigida junto a Juan Carlos Tabío.

Posibilidades infinitas

Múltiples voces, incluso la suya, conminan a seguir los pasos de Titón, apenas el flashback (plano muy breve que remite a una acción pretérita con relación al acontecimiento representado) trae al presente Memorias del subdesarrollo (1968), filme clásico de la cinematografía cubana y reconocida en Iberoamérica como la más notable del pasado siglo XX.

El guion fue escrito por Edmundo Desnoes, autor de la novela homónima, publicada en 1965, y el propio cineasta. Según la profesora Astrid Santana Fernández: “Resulta una plataforma donde se trazan los ejes de fuerza de la película, sus episodios, sus núcleos dramáticos y su carácter de tapiz dialógico, conectivo.

“En las notas de trabajo publicadas en 1968, Titón observa cómo las ejecuciones más llamativas del discurso cinematográfico se habían concebido previamente. La aportación de una visión objetiva y documental en diálogo con la visión subjetiva del personaje, la fotografía fija, el documento directo, los fragmentos de noticieros y discursos, las filmaciones en la calle, el estilo aparentemente desarticulado, cercano al collage, generarían la atmósfera necesaria para la comprensión del drama de un hombre que se ha quedado solo en medio de un momento de transformación histórica”.

La evidente provocación del cineasta se manifiesta en la necesidad de enriquecer la realidad. Como él reconoció en la revista Cine Cubano: “No queremos suavizar el desarrollo dialéctico mediante fórmulas e ideales representaciones, sino vitalizarlo agresivamente, construir una premisa del desarrollo mismo con todo lo que eso significa de perturbación de la tranquilidad”.

Esencias, razones

Reencuentro con Titón.

Jorge Perugorría (Diego) y Vladimir Cruz (David), personajes del filme Fresa y Chocolate.

Quizá poco se conoce el pensamiento de Titón o, por lo menos, no tanto como él lo merece. El volumen Dialéctica del espectador (Ediciones Eictv, 2012) nos devuelve reflexiones de un creador preocupado por la repercusión del séptimo arte en la sociedad.

En este sentido, el guionista y director, manifiesta: “El cine será más fecundo en la medida en que empuje al espectador hacia una más profunda comprensión de la realidad y, consecuentemente, en la medida que lo ayude a vivir más activamente, en la medida en que lo incite a dejar de ser un mero espectador ante la realidad”.

En otro momento, apunta: “El magnífico arsenal de recursos acumulados a través de la historia y de los que dispone el arte contemporáneo le permite ejercer sus funciones a cabalidad a todos los niveles de comprensión, sugestión y disfrute”.

Ver, escuchar, redescubrir, los aportes de Titón, propician estar más cerca del hombre, del creador, de una personalidad ilustre que revolucionó el universo cinematográfico de nuestra nación, contribuye a comprendernos mucho mejor en diferentes épocas y circunstancias.

 

“Cuando llegó en 1951, yo estaba solo. Le había exagerado las bondades de Italia y de la Escuela de Cine para que viniera… Enriqueció mi vida con su carácter franco y su sonrisa buena. En el Centro Experimental de Cinematografía de Roma, Titón y yo éramos los dos únicos cubanos. Por lo tanto, juntos comenzamos nuestro destino… Juntos leímos los mismos libros, vimos las mismas películas, soñamos los mismos sueños. Juntos descubrimos a Cuba y a la América Latina. Juntos hicimos una amistad que duraría toda la vida.

“Cada vez que recuerdo a Titón no puedo dejar de sentirlo cerca. Pero cada vez que lo recuerdo tampoco puedo impedir, no puedo evitar, que un nudo cruel alarme a mis ojos que no quieren llorar”.

Julio García Espinosa. (Publicado en Titón: Volver sobre mis pasos. Selección epistolar de Mirtha Ibarra. Ediciones Unión, 2008).

 


Sahily Tabares

 
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