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Publicado el 2 Noviembre, 2018 por ACN en Cultura
 
 

Remedios, donde las leyendas son parte de la identidad

San Juan de los Remedios, añejada como el buen vino.

Remedios destaca por el apego a sus tradiciones y costumbres. (Foto: ÁNGEL F. CABRERA/GRANMA).

Por LUZ MARÍA MARTÍNEZ ZELADA

En las vetustas calles de San Juan de los Remedios, con sus más de 500 años, cohabitan brujas, güijes y sapos inmortales, personajes que perviven en el imaginario popular, arropados por los pobladores de la localidad, quienes insuflan vida a las leyendas que pasan de una orgullosa generación a otra.

Entre las más curiosas de esas imaginativas historias figura una escenificación que se desarrolla en la víspera del aniversario de la ciudad.

La noche del 23 de junio, seis mozalbetes salen en un carro de madera tirado por bueyes en busca de un güije, especie de demonio travieso, feo, peludo y cabezón, que habitaba la poza de la bajada.

A la media noche, los jóvenes capturan al extraño ser y lo conducen encadenado dentro de un saco, de acuerdo con la tradición; y ante la cruz en manos del sacerdote que oficia la misa del alba el diablillo rompe las ataduras y huye.

La escena se repite cada año en las festividades iniciadas en 1772 y figuran entre las más antiguas de Cuba, concebidas para celebrar el día 24 del sexto mes del año.

De los mitos más conocidos se trata la existencia de dos templos católicos, uno frente al otro, la Parroquial Mayor y la iglesia del Buen Viaje, situación única en una urbe cubana.

Cuentan que en una tempestuosa tarde de octubre de 1600, un grupo de pescadores regresaban de sus labores y en medio del temporal divisaron una caja de madera, en medio del oleaje y decidieron rescatarla.

Al abrir el envase hallaron una imagen de la virgen María, tallada en madera con una sola inscripción: Barcelona, España.

Los hombres de mar nombraron a la estatuilla Nuestra Señora del Buen Viaje y tarde en la noche y bajo la lluvia, la trasladaron en mula pero el animal se echó al piso y no quiso caminar, entonces la dejaron en la choza de un anciano paralítico con el compromiso de que la hiciera llegar a la parroquial.

Al contrario de lo previsto, los vecinos cercanos le hicieron un altar y empezaron a adorar la virgen hasta que los pescadores regresaron para llevarla en procesión hasta la iglesia.

Cuenta el decir popular que a la mañana siguiente había aparecido nuevamente en casa del pobre enfermo, lo cual fue considerado por un empeño de la virgen por permanecer en ese lugar y los pobladores edificaron un local junto a la plaza central para colocarla.

Un relato del siglo XVII, con elementos de realidad y el resto puro mito, inspiró al destacado etnólogo e historiador Fernando Ortiz su libro Una pelea cubana contra los demonios, que estimuló al cineasta Tomás Gutiérrez Alea, para su película homónima.

En acta del juzgado eclesiástico se registra un acto de exorcismo, realizado allí a mitad de la diecisieteava centuria por “la presencia de Lucifer en el cuerpo de una esclava”.

La fantástica historia estaba justificada en motivos económicos porque la jurisdicción de San Juan de los Remedios abarcaba un perímetro desde Morón hasta la Bahía de Matanzas y algunos hacendados gestionaban el traslado del centro urbano a sus tierras, con lo cual crecería su valor.

Varios criterios acerca de la ubicación de la villa complicaba la situación, aunque existía una posición mayoritaria para mantenerla en el sitio que ocupa actualmente.
José González de la Cruz, quien tenía importantes posesiones, además de ser vicario, juez eclesiástico y censor del santo oficio de la inquisición, era un destacado exorcista y como no había decisiones del traslado, se supone que ingenió la historia.

El religioso informó de una conversación suya con Lucifer a través de una esclava, donde habitaban 35 legiones de demonios quien le juró evitar el hundimiento de la localidad en las calderas del infierno, si se cumplía el compromiso de transferirla de ubicación.

En aquellos momentos corsarios y piratas asediaban a Remedios y temores reforzados por “las palabras del Maligno” fueron argumentos que convencieron al Capitán General para ordenar la mudanza.

Con tan fuerte persuasión, un grupo de familias se adentró más al interior de la Isla para fundar en 1689, lo que es ahora la ciudad de Santa Clara.

No obstante, la mayoría de los colonos se quedaron en el sitio original y no quedó otra alternativa a las autoridades españolas que autorizar las dos villas, para terminar la pelea contra demonios y otros seres.

Muchas narraciones recorren las vías de la ciudad poblada de casas coloniales, grandes puertas de cedro, coloridos vitrales y un creciente movimiento turístico impulsado por la magia de un rincón, que a más de medio milenio de fundado mantiene su encanto original. (ACN).


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