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Publicado el 6 Diciembre, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ LA TV: dar en la diana

A la TV se le habla como si fuera un miembro más de la familia, con todas las implicaciones que esto conlleva. Los públicos piensan, eligen, discriminan y, finalmente, seleccionan, de acuerdo con sus expectativas
AQUÍ LA TV: dar en la diana.

La danza eterna y ¡Bravo!, ambos del Canal Educativo, son únicos en su perfil, y merecen un mayor destaque en el diseño de programación. (Foto: uneac.co.cu).

Por SAHILY TABARES

Todo nos interesa, aprendemos de lo bello y lo feo, lo dramático y lo jocoso; esta confesión viaja por el planeta, es un interés consustancial a los humanos. Las personas quieren conocerse y reconocerse, le piden a la televisión tradicional que informe, instruya, eduque, entretenga. No podría ser de otra manera, pues en el siglo XXI los imaginarios colectivos son productos de la representación mediática.

A la TV se le habla como si fuera un miembro más de la familia, con todas las implicaciones que esto conlleva. Los públicos piensan, eligen, discriminan y, finalmente, seleccionan, de acuerdo con sus expectativas.

El llamado planeta medios vive una conmoción sin precedentes. Tenemos necesidad de perfeccionar las maneras de intervenir sobre la información difundida por todas las vías.

Cada canal y cada programa deben ser diferentes, solo así surge lo rico y lo diverso, instaurar una mirada otra a recursos narrativos, los cuales utilizan textos verbales y visuales semejantes en contenidos y estéticas.

En Cuba no siempre se ubican en horarios estelares aquellos espacios que merecen la atención de las mayorías, por ejemplo: ¡Bravo! (lunes, 9:00 p.m.) y La danza eterna (miércoles, 9:00 p.m.), ambos del Canal Educativo. Son únicos en su perfil, merecen un mayor destaque en el diseño de programación. También el Ballet de la Televisión Cubana, integrado por jóvenes y consagrados, domina un amplio y complejo repertorio que podría verse con más frecuencia en la escena mediática.

Es preciso interrogar, mover la reflexión sobre una instancia que trasciende la base informativa: el conocimiento. Este se incorpora al acceder los televidentes a la cultura –en la más amplia acepción del concepto–, e influye en el crecimiento espiritual desde valores que las actitudes revelan, y con una praxis, esta última permite estar en contacto con todas las manifestaciones de la creación artística.

Lo valedero resplandece en cada emisión cuando un programa tiene el basamento y el respaldo del buen guion, el cual garantiza la organización del relato televisual, ya sea informativo, musical o de ficción. En ocasiones, la intencionalidad de lo educativo se suele interpretar con didactismo a ultranza, ¿acaso se olvida que una metáfora es tan valiosa como un concepto científico si suscita emociones en públicos diferentes?

De acuerdo con el periodista Ignacio Ramonet: “La TV está dejando de ser progresivamente una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación consumido de forma individual en diversas plataformas de forma personalizada”.

Un enfoque fundado en la cultura es, por antonomasia, incluyente, y su discurso plural. La percepción artística no es solo un acto de reproducción, sino de co-creación. El juego enunciativo de los medios de comunicación desemboca en lo que consideramos una cuestión ética: la responsabilidad de decir. Asimismo, en la visualidad actual, la estética forma parte del tejido de la vida cotidiana. Lo estético existe fuera del universo del arte, en el que ya la belleza no ocupa el lugar cimero.

Nuevos desafíos le plantea la comunicación a los sistemas educativo, cultural y social, dado el controvertido universo de temas, contenidos y soluciones formales que circula por las corrientes subterráneas.

La televisión legitima palabras, expresiones al uso, modas que, en ocasiones, lejos de nutrir el léxico, patentizan errores, limitaciones o empobrecimiento del lenguaje y el acto comunicativo. Rige la monotonía en emisiones parecidas, cambió el “aquí” por el “acá”, proliferan los llamados lugares “emblemáticos o espectaculares”, las “propuestas” de conciertos, los asuntos “medulares”, los sitios “paradigmáticos” y la “potenciación” de recursos.

El consumo cultural participativo es apropiación, recepción y uso. Como todo discurso, el icónico encierra asociaciones, que la televisión cubana tiene posibilidades de incorporar a sus diferentes espacios y así privilegiar la diferenciación estética individual, irrepetible. El objetivo de esta propuesta es dar en la diana, pensar nuevas ideas y proyectos, pues es cultural aquella TV que propicia acciones creativas desde sus propias posibilidades expresivas. La nuestra puede lograrlo.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares