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Publicado el 6 Diciembre, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

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Festival de Cine: reencuentro a los 40

Ello propicia repasar ideas, pensamientos, argucias creativas, adversidades, dudas, que patentizan verdades convincentes: Latinoamérica tiene voz propia en imágenes, sonidos, personajes, conflictos y circunstancias dadas

Festival de Cine: reencuentro a los 40.Por SAHILY TABARES

¿El joven poeta obsesionado en busca de una mujer que sepa volar pertenece al mundo “real”? ¿Se puede construir el amor a cualquier precio? Ambas interrogantes emergen tras recordar filmes galardonados en emisiones pasadas del habanero Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano: El lado oscuro del corazón, del argentino Eliseo Subiela, y Profundo carmesí, dirigido por el mexicano Arturo Ripstein. Estas y otras películas transmitió la TV cubana en complicidad con el evento.

Indagar sobre “lo nuevo” en las cinematografías de nuestro continente remite a miradas plurales que promovieron energías liberadoras desde el arte; este abre horizontes, emancipa de antiguos lastres, motiva pensar la cultura propia para resignificar lo diverso, lo auténtico.

Reencontrarnos con el festival legendario, surgido hace 40 años, propicia repasar ideas, pensamientos, argucias creativas, adversidades, dudas, que patentizan verdades convincentes: Latinoamérica tiene voz propia en imágenes, sonidos, personajes, conflictos y circunstancias dadas.

Diferentes maneras de ver el mundo, relatar historias, compartir experiencias, lideran en la estética de directores como Víctor Gaviria, Adolfo Aristaraín, Matías Bize, Francisco Lombardi y tantos otros. Para ellos, tocar la fibra humana ha devenido fuerza y virtud. Acuden a la inteligencia de las personas que son portadoras de culturas. De ahí la importancia del aprendizaje, este exige lecturas creativas, no admite la pasividad del espectador.

Buena parte del mundo ha pasado a ser una sociedad mediática y multipantalla, en ella prevalecen la familiaridad con el mundo digital y las prácticas sociales, que no están ajenas al monopolio de la producción, distribución, exhibición, preconizado por Estados Unidos. Tal hegemonía impide que las producciones del continente latinoamericano lleguen a públicos diferentes. Incluso, resulta difícil sistematizar en la TV la presencia de filmes recientes, debido a normas, regulaciones, y transformaciones tecnológicas aceleradas del cine, que ha instalado la digitalización y sus procederes, lo cual exige utilizar novedosos equipamientos.

Nuevas narrativas circulan en el ciberspacio, las personas deben estar atentas, con su inteligencia y sagacidad, al interpretar los mensajes.

Como advirtiera Tomás Gutiérrez Alea, a quien se rindió homenaje en el 40º Festival, “el cine puede acercar al espectador a la realidad sin dejar de asumir su condición de irrealidad, ficción, realidad-otra, siempre que tienda un puente hacia ella para que el espectador regrese cargado de experiencia y estímulo”.

Según patentizó la muestra de filmes latinoamericanos transmitidos en fecha reciente en la TV, muchos guionistas y realizadores se inspiran en hechos reales, historias de vida, recreaciones biográficas; consideran que, con independencia de la selección del contenido, toda historia deviene una construcción significante.

Son conscientes de que el guion determina la estructura y la dinámica interna de la obra, que se nutre o empobrece en el proceso de promiscuidad creativa, a la cual aportan todos en el equipo: productores, fotógrafos, actores, actrices, sonidistas, editores, cada especialista participante en la puesta fílmica.

Satisfizo ver en la televisión películas como Los perros, de la directora chilena Marcela Said, y Alanis, de la argentina Anahí Berneri; ambas trasladan auténticas vidas ficcionales a la pantalla, lo cual requiere defender la ilusión de verdad con elencos profesionales, buceo en el mundo interior de los personajes, sin obviar procedimientos textuales, los cuales le otorgan consistencia al relato.

El siglo XXI no se puede desarrollar sin los públicos masivos. En su estatus institucional, la TV produce y reproduce sentimientos, diseña mundos posibles, que son aceptados o no por el destinatario, en dependencia de la descodificación más o menos inmediata de lo que se dice y cómo se dice.

En ocasiones suele olvidarse que comunicar es compartir información, escuchar al otro, interpretar el sentido de metáforas y elipsis, pues los límites son físicos, pero las limitaciones son mentales, de cada humano depende su creatividad.


Sahily Tabares

 
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