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Publicado el 6 Diciembre, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Filmar la pasión insumisa

Diálogo con una joven cineasta sobre su debut en el largometraje de ficción
Filmar la pasión insumisa.

Disfruta escribir guiones y ya trabaja en un documental sobre la Tricontinental, y en un largometraje de ficción acerca de la dictadura de Batista. (Foto: ABEL ROJAS BARALLOBRE).

Por RAÚL MEDINA ORAMA y MARLEIDY MUÑOZ

El relato es extraordinario y se le aparecía en el camino de tanto en tanto. Enriqueta Faber, suiza que se travistió para estudiar medicina en París y sobrevivió al plomo y la sangre pródiga de las campañas napoleónicas, llegó a Baracoa –pequeñísima villa de Cuba– a inicios del siglo XIX. Como hombre ejerció la cirugía, se casó con una criolla, sufrió la ira y el desprecio de una sociedad colonial profundamente católica y esclavista. Pasto para el audiovisual, que se mantuvo, increíblemente, fresco y sin cortar durante más de cien años de historia del cine. Hasta ahora.

Laura Cazador (Ginebra, 1983) también llegó a la Mayor de las Antillas y “se aplatanó”. A esta Isla le debe haber creado familia y gran parte de su formación como realizadora audiovisual, cuyo punto más alto hasta el momento ha sido compartir la escritura y la dirección -junto al cubano Fernando Pérez- de Insumisas, largometraje de ficción estrenado en el 40º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (FINCL).

En su diálogo con BOHEMIA se muestra entusiasmada, feliz, como quien acaba de encontrar una joya antigua y todavía está descreída de su suerte.

De Ginebra a La Habana

El padre de Laura, cuyo apellido es Hunter (ella cambió el suyo para que la sintieran más cercana en esta tierra), distribuía películas cubanas en el circuito suizo y en parte de Francia. De niña, se acostumbró a ver diariamente una decena de filmes durante los festivales del Nuevo Cine Latinoamericano.

En 2003 se estableció aquí y al tiempo que perfeccionaba su español en la universidad capitalina, integró el grupo Espera Espera Bio Producciones, liderado por la escritora y cineasta italiana Anna Assenza con la colaboración de Fernando Pérez. Aprovecharon las nuevas posibilidades de filmar digitalmente para ofrecer herramientas a jóvenes interesados en la creación audiovisual. Como parte del proyecto, entre los pioneros del cine independiente de las grandes casas productoras, Laura Cazador participó en videoclips, documentales y el largometraje H2O (Leonardo Pérez, 2005).

“En ese rodaje, me atreví a tomar una cámara e hice el making off Anatomía de una peli cubana: el caso H2O (2007), que presenté en varias muestras y festivales, tanto en Cuba como en Europa”, recuerda.

Además de entrenarse como asesora del documental Ahora (Alejandro Moya, 2007), su formación continuó ampliándose con cursos de guion y dirección en Suiza, talleres en la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños y estudios de actuación en la Universidad de las Artes (La Habana). Luego coordinó durante tres años el festival suizo FILMAR en América Latina, adonde llevó todo el cine que pudo de la Mayor de las Antillas. “Ya mi destino con Cuba se había sellado”.

Una historia deseaba ser contada

Durante una muestra organizada en su país natal para homenajear los 50 años del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), Cazador entusiasmó al director Juan Carlos Tabío (Se permuta, Lista de espera) con la posibilidad de filmar sobre Enriqueta Faber.

¿Cómo la descubrió? Hilvana una serie acontecimientos, casi cábalas: un productor y profesor de cine de la Isla le comentó la historia del matrimonio entre dos féminas, luego ese amigo –llamado Enrique también- no sobrevivió a una agresión homofóbica. De visita en Cuba, apenas conoció la funesta noticia, ella volvió a escuchar en la radio sobre su coterránea.

“Me perseguía. En Suiza no se conoce a esta mujer, pero yo me dije que allí había una película. Según el productor Camilo Vives, varios habían querido hacerla, era un milagro que todavía no hubiera sucedido, porque hasta Tomás Gutiérrez Alea se interesó. También sabía que Patricia Ramos ya tenía un guion escrito al respecto”, rememora.

Filmar la pasión insumisa.

Héctor Noas y Yeni Soria en una escena del filme. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

Tabío no pudo continuar con el proyecto. Ella no poseía la experiencia que requiere dirigir sola un largometraje como el que soñaba. Fernando Pérez, una vez más, fue un punto de giro decisivo en su incipiente carrera.

Relatar la insumisión  

Por fin, en el verano de 2017, comenzaron a poner en imágenes la tragedia de Faber. La producción fue posible por la colaboración entre el Icaic y Bohemian Films, de Suiza, con la que Laura Cazador ya había realizado su mediometraje de ficción Lucía 21 (2013).

-Háblanos del proceso de investigación y escritura.

-En Cuba hay mucha documentación y literatura sobre el personaje, incluso desde el siglo XIX, porque conmovió mucho, fue un escándalo en aquella sociedad. Existen novelas de Andrés Clemente Vázquez y Antonio Benítez Rojo, la obra teatral de José Ramón Brene, la investigación de Julio César Pagés. Notamos que cada uno construyó su propia Enriqueta, y que la historia “real” tenía vacíos porque la misma acusada pudo falsearla para su defensa. Decidimos hacer una ficción inspirada en hechos reales, mostrar nuestra interpretación del personaje y la época con minimalismo, más allá de ofrecer una gran reconstrucción histórica.

“Nos apoyamos mucho en las actas del juicio conservadas, respetamos casi todos los alegatos del fiscal y la defensa. Por supuesto, no inventamos la historia con Juana de León, hay actas matrimoniales. Es cierto que en el proceso judicial Juana niega tener conocimiento del sexo de su cónyuge. ¿Pero quién puede saber la historia íntima de esas dos mujeres, si de verdad se quisieron o fue un arreglo desde el principio? Nosotros optamos por una historia de amor”.

-¿Cómo incluyeron a una actriz como Silvie Testud, premiada con dos César en Francia?

-Es una gran intérprete. Nosotros habíamos hecho un ideal de actrices con la que quisiéramos trabajar, y ella era una de las principales. El productor le envió el guion y le gustó.

“Queríamos que su interpretación del personaje tuviera cierta ‘frialdad’, y ella es bastante hermética. Actuar como hombre fue un reto importante, porque es menuda, pero se trabajó mucho con el maquillaje, el vestuario, la fotografía. En el guion hay varios momentos en los que los pobladores de Baracoa sospechan de la hombría de ‘Enrique’ Faber, un truco que utilizamos para anticiparnos a las dudas de los espectadores. Asimismo, cuidamos la elección la actriz cubana; Yeni Soria, quien encarna a Juana de León, es muy femenina, de rasgos finos”.

-¿Lograron la puesta audiovisual que soñaron?

-En general me complace mucho. El trabajo del director de fotografía, Raúl Pérez Ureta, fue muy lindo, enseguida captó lo que queríamos y lo tradujo en luz, colores, movimientos de cámara. Igualmente el director artístico Alexis Valdés supo entender nuestra visión, hizo una labor inmensa a pesar de las dificultades materiales. Como es una historia dura, queríamos que se reflejara en las locaciones y la gente, en sus ropas envejecidas, sucias.

Filmar la pasión insimusa.

La fotografía y la dirección de arte fueron fundamentales para representar la época. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

-¿Tu cercanía con Fernando Pérez, a quien conoces desde niña, influyó en tu libertad para crear?

-Más que amigo lo siento como un padre, esa complicidad ayudó. Fue muy bueno que escribiéramos juntos porque al dirigir ya teníamos muchos conceptos aclarados. No hubo grandes conflictos en el rodaje, aunque a veces no estábamos de acuerdo. Siempre respetó mi espacio para experimentar. Estoy feliz, porque además de que el proceso fue agradable, resultó una experiencia de aprendizaje muy grande, mi verdadera tesis: él es un maestro.

-El argumento se sitúa en Baracoa, pero filmaron cerca de La Habana… ¡Y con un huracán!

-Tener a la actriz francesa implicó ciertas limitantes. Como es muy solicitada, tenía libres solo dos meses, y ella aparece en casi todas las secuencias. Viajar con el equipo hasta Baracoa consumiría al menos tres días de los disponibles para filmar. Eso, y que aquel pueblo no estaba en las mejores condiciones, por el paso de un huracán reciente, provocó que rodáramos en Puerto Escondido -cuyo paisaje reúne mar y montaña, como el oriental– en Regla, Jaruco, las ruinas del cafetal Angerona y el Palacio de los Capitanes Generales.

“Nuestro guion comenzaba y terminaba con imágenes de un océano furioso, porque así representábamos el ánimo turbulento del personaje. Entonces, en la primera semana de septiembre llegó el ciclón Irma y salimos a su encuentro en Matanzas. Fue impresionante y peligroso”.

-¿Qué te aportó estudiar la figura de Enriqueta Faber?

-Me impresionó su voluntad de transgresión, luchó por su libertad y sus convicciones; no podemos decir que solo le interesaba ser médico, aunque eso ya sugiere a una mujer comprometida con su sociedad, con la vocación de sanar.

“El largometraje habla sobre la libertad individual dentro de un contexto sociopolítico muy hostil: la colonia española tan católica y esclavista. Me encantaría que formara parte del debate actual en Cuba, y permitiera a las mentes más conservadoras del mundo entero comprender que no siempre la transgresión es mala. Cuando uno decide seguir sus ideales puede que la sociedad no esté preparada y haya riesgos. Eso Enriqueta lo sufrió muchísimo, pero no cejó”.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama