0
Publicado el 25 Diciembre, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Testimonios de resistencia y superación

En un evento indispensable para conocernos
Testimonios de resistencia y superación

Emir Kusturica (detrás) contó su fascinación por el carácter de El Pepe. (Foto: eluniversal.com.mx).

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Las cicatrices se llevan sobre el cuerpo de la región, no se pueden esconder.  Se mantienen en la memoria de Latinoamérica el período de las dictaduras militares y las guerrillas, la violencia como arma de la política, recurso para acceder al poder y empotrar desigualdades o cambiarlas. ¿Cómo sobrevivir a la oscuridad? Hacia la experiencia y filosofía de la vida asumida a la vuelta de los años por un protagonista de tales acontecimientos, dirigió su mirada el director serbio Emir Kusturica.

El largometraje de no ficción El Pepe, una vida suprema (2018), sobre la extraordinaria personalidad de José Mujica –exguerrillero  y expresidente de Uruguay-  inauguró el 40 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (FINCL), de La Habana. En el gesto de sus organizadores se advierte una intención de honrar el género documental, de reconocida importancia en el surgimiento de las cinematografías autóctonas, y también de reafirmar su posición en el lado izquierdo de las fuerzas sociales del continente.

Kusturica rechaza desde construir cualquier ilusión de “objetividad”, y relatar pormenorizamente hechos de la biografía del sujeto documentado. Cuando el cineasta ganador de dos Palma de Oro en Cannes, se coloca en una escena donde atiende con fascinación a Mujica, quien prepara el tradicional mate con ritualidad, sabemos que estamos ante un punto de vista enfocado en el retrato íntimo de ese personaje, ubicado más allá de las normas comunes de ejercer la política o participar del consumo.

El resultado de una desencartonada aproximación a la historia y el carácter de Pepe Mujica, apresado en 1972, por pertenecer a la guerrilla de los Tupamaros, y liberado solo en 1985, período referido por las imágenes de Estado de sitio, gran filme de Costa Gavras.

El Pepe, una vida suprema deviene testimonio de resistencia y superación. En ese sentido, es un relato que se ajusta a la narrativa y el espíritu del Festival, cuyas cuatro décadas son ejemplo de diálogo dialéctico entre las culturas de Latinoamérica y el mundo, con vocación antihegemónica, pero abierta al intercambio.

Treinta deseos años han sido testigos de la estrecha cooperación con el Sundance Institute, fundado en Estados Unidos por Robert Redford. El relevante actor y director envió un mensaje de video, proyectado durante la gala de inauguración, a propósito de entregársele a su entidad un Coral de Honor, donde expresó su “gratitud a Cuba y a sus artistas pos su amistad y colaboración en todos estos años”. Además, dijo que si bien ambos países han estado con frecuencia separados por tensiones políticas, “el cine nos ha unido, este diálogo están importante hoy como hace 30 años, si no lo es más”.

También Berta Navarro mereció un galardón especial en reconocimiento a su carrera. Para la productora mexicana que tuvo a su cargo filmes dirigidos por Paul Leduc, Carlos Carrera y Guillermo del Toro, entre otros, el FINCL es “el más querido Festival y especialmente entrañable, aquí se inició el encontrarnos, conocernos, ver nuestro cine”.

Iván Giroud, presidente del FINCL, celebró que este “se ha consolidado como un espacio para revelar la verdadera identidad de los pueblos de la región; ha permitido descubrir a cientos de cineastas”.

Son motivos para regocijarse y examinar el legado de fundadores como Julio García Espinosa, Pastor Vega. Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea, intelectuales que fueron más universales, cuanto más latinoamericanos.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama