2
Publicado el 29 Enero, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

BALLET NACIONAL DE CUBA: “Ser uno mismo”

Talento y profesionalismo distinguen a Adrián Sánchez, primer solista de la compañía declarada Patrimonio Cultural de la Nación
BALLET NACIONAL DE CUBA: “Ser uno mismo”.

“Quiero ser un artista completo, versátil”, asegura el primer solista Adrián Sánchez. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por SAHILY TABARES

Sudoroso, sin ápice de cansancio, disfruta en el escenario disímiles historias, estas lo cautivan desde la niñez. Cuando el sol apenas roza la mañana llega al salón de ensayo, donde fluye su inspiración, combina la gracia, el ritmo, la solidez conceptual que incorpora todos los días.

Giros, gestos, sutilezas, personajes complejos, nutren a Adrián Sánchez (La Habana, 1997), quien considera una gran responsabilidad representar a la escuela cubana de ballet en el mundo. No obstante su juventud, ha tenido ese privilegio ante públicos diversos. En especial, destaca el Festival Artes de Cuba, en el Centro Kennedy de Washington, donde el BNC presentó Giselle y Don Quijote.

Solícito, con proverbial modestia, asegura: “Mantengo el estudio sistemático, la disciplina, el trabajo diario, los oídos y la mirada prestos para escuchar consejos e indicaciones de profesionales que aportan su magisterio a la formación de los bailarines. Este proceso resulta esencial en la enseñanza artística y en el trabajo de la compañía, nada puede sustituirlo, pues contribuye al perfeccionamiento de los jóvenes”.

Este año comenzó para él “por la puerta ancha”, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. “Interpreté al príncipe Sigfrido en El lago de los cisnes, junto a Ginett Moncho, bailarina principal. “Es uno de mis ballets predilectos. En versión coreográfica de la prima ballerina assoluta llega a las mayorías, incluso cautiva a quienes desconocen la técnica. Alicia concibió para el cuarto acto que el amor triunfe sobre la maldad. No sucede así en otras puestas. Como ha manifestado en entrevistas, las grandes obras no mueren, duermen, siempre habrá artistas dispuestos a despertarlas”.

BALLET NACIONAL DE CUBA: “Ser uno mismo”.

Junto a la primera bailarina Sadaise Arencibia, en Carmen. (FOTO: NANCY REYES).

Durante el intercambio, revela que en la preparación del personaje fueron útiles filmes y videos, los cuales eliminan la fugacidad del trabajo de reconocidas figuras. “Son referentes, puntos de partida, pero lo principal es ser uno mismo, desarrollar la individualidad desde una perspectiva propia”.

Hace una breve pausa, prosigue: “Fotos y audiovisuales patentizan el genio de nuestra Alicia Alonso, y estilos diversos pertenecientes a cubanos y personalidades del ballet mundial; esos materiales son insustituibles”.

Reinos en su mundo

Para él ningún día es igual al otro. Escucha música, lee biografías, aprecia filmes. Forma parte de sus certezas que se interioriza mejor el conocimiento cuando se siguen los cauces de hallazgos propios.

Aprendió a conocer el valor de la música clásica, los aportes de compositores nacionales e internacionales, la legitimidad de formas raigales de las culturas y el reconocimiento de esas mismas raíces devueltas como formas de alta significación estética.

“El ritmo, las sonoridades, las melodías, enriquecen la idiosincrasia, son parte de nuestro ADN, los llevamos en la sangre. Nuestro pueblo es bailador, tanto la mujer como el hombre tienen facilidad para la danza, poseen un oído estupendo, sensualidad en los gestos. Todo eso nos enriquece en el escenario, influye en la manera de movernos”, advierte.

BALLET NACIONAL DE CUBA: “Ser uno mismo”.

En El lago…, con Ginett Moncho, bailarina principal. El príncipe Sigfrido constituyó un desafío interpretativo. (Foto: MERCEDES PIEDRA).

Prefiere los audiovisuales que destacan obras famosas compuestas siglos atrás. Según reconoce, existen casos memorables: el filme Amadeus, de Milos Forman, basado en la música de Wolfang Amadeus Mozart, y La Traviata, de Franco Zeffirelli, que incluye la de Giuseppe Verdi.

La savia aprehendida desde el inicio fructifica a diario. Recuerda los estudios en la Escuela Vocacional de Ballet Alejo Carpentier, y en la Escuela Nacional de Ballet, bajo la guía de la profesora Yuneisy Rodríguez. Durante el período escolar fue finalista en los Encuentros Internacionales de Academias para la Enseñanza de Ballet, y participó en los intercambios culturales con la Escuela Ruth Page, de Chicago, y en la Academia de Ballet de Sarasota, ambas en Estados Unidos.

Mientras conversamos, emerge el ser humano. “Me fascina transmitir emociones, no importa si soy el príncipe o el cazador”. En cada actuación compromete el alma al interiorizar conflictos, situaciones, de otras épocas.

Todo esto no llegó de improviso. Nunca olvida que con cinco años asistió a los talleres de la maestra Rosa Elena Álvarez. Intenta revisar paso a paso el camino recorrido. Se considera deudor de profesoras que le transmitieron, con mucho amor, mensajes, saberes, vivencias; entre ellas, Marina Villanueva, Bárbara García, Svetlana Ballester, María Elena Llorente, Consuelo Domínguez, y su querida tía Karelia Sánchez, exsolista del BNC.

“Estudio profundamente todo lo que hago”, dice. Muestra fotos de experiencias inolvidables, elije una mientras precisa: “Fui muy feliz interpretar el Don José de Carmen, es uno de los papeles principales del ballet creado por Alberto Alonso. De la primera bailarina Sadaise Arencibia recibí apoyo, confianza. La maitre Linet González me preparó para perfeccionar exigencias técnicas y artísticas de uno de los títulos más importantes de la coreografía cubana del siglo XX. Tampoco olvido la asesoría del crítico Ahmed Piñeiro, quien aportó su agudeza para que conociera el argumento, las particularidades del personaje y de la puesta”.

También La flauta mágica y La Cenicienta, en versión de Pedro Consuegra, constituyeron desafíos.

Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, destacó el talento de Adrián. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Para Adrián, “no ha sido fácil llegar a ser primer solista del BNC. El tránsito por el cuerpo de baile fue un complemento necesario en la carrera. El rigor, la dedicación, deben ser el pan de cada día”. Queda pensativo apenas unos segundos, agrega: “Los jóvenes necesitamos enfrentarnos a roles difíciles, puestas neoclásicas y contemporáneas, seguir preparándonos en la actuación, conocer sobre vestuario, maquillaje, peluquería; todas las disciplinas influyen en la cultura general para que la caracterización de los personajes sea verosímil y exprese su carga psicológica, dramática”.

La metodología de la escuela cubana de ballet es un cimiento valedero. “Barras, espejos, zapatillas, ensayos, forman parte de nuestra vida. Nos impulsa el trabajo incansable desde la mañana hasta la tarde en busca del perfeccionamiento de pasos técnicos y de adquirir cualidades. La precisión al momento del baile constituye una exigencia invariable. Prepararnos bien garantiza la calidad de los espectáculos, y el prestigio de la compañía, reconocida Patrimonio Cultural de la Nación con todo lo que forma parte de su historia”.

¿Aspiraciones?, indago.

“Llegar a ser primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba y aprender cada vez más dentro de ese colectivo grandioso”.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares